Autor: Urbano, Pilar. 
   ¿Qué le pasa a Suárez?     
 
 ABC.    19/12/1978.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

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¿QUE LE PASA A SUAREZ?

Y O no veo a Suárez últimamente. Veo a quienes le ven. ¥ después de tres amplias conversaciones, en las

últimas setenta y dos horas, con personajes de acceso directísimo a la Moncloa, «veo, veo...» un profundo

síndrome de desencanto. Digo más: pesimismo y cansancio que ya no se disimula, «Suárez está raro —

me dice uno de los asiduos visitantes—, irritable, nervioso, cuando se le plantean ciertos temas... A veces

pienso que no sabe qué rumbo tomar. Otras, en cambio, me parece bien decidido por las elecciones... Pero

noto a Suárez extraño, y aislado en su desconfianza. Lo malo es que el partido y el Gobierno necesitan

ahora, como nunca, el aliento, el optimismo que Adolfo nos transmitía antes. Uno iba a verle... y salía de

su despacho "oxigenado", politicamente crecido, con canas de lanzarse a la más ardua empresa, con

coraje para comerse medio mundo... Últimamente, no es asi. ¿Por qué?»

• Otro próximo al «patrón» se lamentaba de que Suárez estuviese elaborando decisiones, en solitario,

en su «torris ebúrnea» (la «lucecita de El Pardo», que dicen quienes ven en la conducta y reacciones del

jefe de Gobierno, un parecido atávico, una herencia del «taller» político del general Franco), «Yo estoy

persuadido —me decía— de que vamos a elecciones generales y municipales, con un breve lapso de

quizá ocho días, entre unos y otros sufragios, para evitar el doble "trance" de dos campañas y para

disminuir la importancia de los comicios municipales, en previsión de que los resultados, en las grandes

ciudades, sean de victoria marxista. Pero ya es hora, ¿no? que el presidente pulse la opinión de su equipo

de Gobierno, hombre por hombre; y convoque a la ejecutiva, no digo ya al Consejo político, de la U. C.

D. Claro que tener una ejecutiva «monstruo», de cuarenta cabezas, es como no tener ejecutiva...»

• Para mi tercer interlocutor, Adolfo Suárez «esta bloqueado». «Habla, sí, pero sólo con Abril y Arias.

Y ni Fernando Abril recapitula en sí a todo el Gobierno, ni Rafael Arias, a todo el partido. En este

momento observo tres cosas. Una: que las corrientes y tendencias en la U. C. D. están acentuándose

desde sí mismas: los Iiberales, los socialdemócratas, los democristianos retoman sus perfiles. Dos:

que nuestro electorado, Quiérase o no, es de centroderecha y habría que potenciar las alas liberal y

democristiana de la U. C. D., aun cuando el presidente prefiera absorber todo el espectro de

centroizquierda y jugar a la baza socialdemócrata. Ahí tal vez se equivoque, por influjo de Rafael Arias, o

por presión de Paco Ordóñez. La socialdemocracia que Suárez quiere atraer es la misma que Felipe

González trata de conquistar para el P.S.O.E. Y tres: por un empeño de "causar sorpresa", se está

oficiando una "ceremonia de confusión". Suárez, Abril y Arias están en el mismo "quid" de la decisión

final, pero "juegan" a decir cosas distintas. Si algún allegado a la Moncloa filtra indicios de que se

producirán elecciones generales, a las pocas horas Arias declara "quien diga que sabe lo que piensa el

presidente es un "caradura"... o corrige el rumor afirmando "vamos a la investidura", para desmentirlo una

hora después... ¿Es esto serio? Si se ha decidido agotar el plazo constitucional y guardar silencio,

callemos todos. Pero todos.»—Pilar URBANO.

 

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