Autor: Amorós, Luis. 
 Hoy llegan a Legazpi medio millón de kilos diarios de fruta menos que el año pasado. 
 La fruta, prohibida  :   
 Quinientas fruterías cerrarán antes del otoño en Madrid. 
 Ya.    07/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

HOY LLEGAN A LEGAZPI MEDIO MILON DE KILOS DIARIOS DE FRUTA MENOSQUE EL AÑO PASADO

LA FRUTA, PROHIBIDA

Quinientas fruterías cerrarán antes del otoño en Madrid

QUINIENTAS fruterías van a cerrar antes del otoño en Madrid. Cuando el precio de las frutas es

incontrolable, cuando un año de continuos desastres meteorológicos han puesto al campo al borde de la

desesperación, cuando el Gobierno no ha podido impedir la especulación, quinientos fruteros van a

arrojar la toalla. Queda todavía un plazo - agosto - para esperar la ayuda de la Administración y una

voluntad de lucha, planteada en la decisión de ir a la huelga para conseguir la mínima protección oficial

que les permita subsistir. Pero quinientas fruterías van a cerrar de antemano. Dos problemas básicos ha

colocado a pequeños comercios de frutas en las cuerdas, al borde del abandono: la anarquía en la

concesión de licencias - hay cinco mil ochocientas fruterías en Madrid - por la política de la

Administración y el desastroso año climatológico, que obliga a comercializar los productos a precios

elevadisimos, imposibles de sostener. Precios como el de las cerezas - ciento veinte pesetas kilo al

detallista - están por encima de las posibilidades del ama de casa y del propio comerciante. Por eso en el

mercado central de Legazpi se vende este año medio millón de kilos de frutas menos que el anterior al

día. Por una media de cuatrocientos camiones diarios en Legazpi el pasado año, ahora sólo llegan ciento

ochenta. Y pierden, como siempre, los pequeños comerciantes, aparte de las amas de casa. La política de

la Administración "puede arruinar al comerciante", denuncia el presidente de la Asociación de

Empresarios Detallistas de Frutas y Productos Hortícolas de Madrid, Alfonso García de Haro.

Los fruteros, como siempre, paciencia

Los fruteros, como siempre, resisten la crisis con paciencia. El negocio tiene unas características

peculiares, casi ancestrales. Viven generalmente de un "pacto familiar", en el que todos sus miembros

ayudan al negocio y "tapan" sus grietas con segundos trabajos para enderezar la economía. Mantienen la

tienda en cuanto no tienen cargas de empleados ni inversiones. Desde el amanecer, en Legazpi, la subasta

y el acarreo de la fruta, hasta la atención en el mostrador mañana y tarde, el lema "todos para todo" les

concede unas posibilidades de supervivencia casi ilimitadas. Pero han pasado esa raya. Aunque piensan

en volver "cuando pase esto".

Han pedido repetidamente ayuda a la Administración. Piden al Ministerio de Comercio la importación de

un volumen de fruta que corte la sabida disparatada de precios, "sin ir en contra del agricultor". Piden la

detención de la exportación, o al menos su control, en función del mercado interior (porque siempre la

mejor fruta ha salido de España, y nosotros comemos "los restos"). Piden una mayor vigilancia contra la

especulación frente a los intermediarios y un control de las cámaras frigoríficas y topes a las industrias

conserveras para evitar acaparaciones. Hay en su denuncia una llamada al consumidor y una información:

la escalada de precios no supone su lucro, sino al contrario. Vendedor y consumidor están en el mismo

bando, aunque sólo el vendedor recibe las broncas del ama de casa; los últimos beneficiarios están

parapetados tras sus negocios y sus despachos.

Entienden las futuras relaciones comerciales basadas en tres pilares: el movimiento ciudadano, la

confederación de pequeños y medianos comerciantes y las tenencias de alcaldía.

La denuncia básica frente a la Administración tiene una palabra: corrupción. "Ha sido totalmente anti-

democrática, ha apoyado siempre a los grandes monstruos (hipermercados, monopolios).

Sistemáticamente ha ido en perjuicio del pequeño y mediano comerciante; de los únicos que han creado

riqueza nacional e invertido en el país. La política verticalista ha querido atacar durante cuarenta años el

sentido unitario de la defensa profesional. En el sindicato han sido "nuestra voz" los altos empresarios,

que nunca se han acordado de nosotros; ahora todavía quieren manipularnos." Las palabras de Alfonso

García están avaladas por el apoyo masivo de los fruteros, pero todos reconocen que aún carecen de

medios de defensa. "Vamos hacia una confederación del pequeño y mediano empresario, hecha por

nosotros."

Golpear más al más pequeño

Las medidas oficiales contra el fraude parecen querer golpear más al más pequeño. Al tendero, por tener

caído un cartel de los precios le pueden multar con tres mil pesetas, cuando su "caja" diaria no suele

sobrepasar las quince mil pesetas. Al asentador, que cada día mueve un millón de pesetas en Legazpi, por

un fraude en la báscula - si se logra comprobar - , le multan con diez mil pesetas. La ironía, por emplear

algún calificativo, ha exigido la réplica de los propios comerciantes. A cada asentador que comete un

fraude en la báscula se le somete a un boicot en la compra de dos semanas a dos meses. Desde el inicio de

la medida, hace pocas semanas, cuatro asentadores han sufrido la justicia popular: Ignacio Santamaría,

Juan José Rodríguez, los hermanos Santaella y Pedro Martín. Ante la proliferación de los vendedores

ambulantes piratas (sin control sanitario, sin control de peso), los fruteros han concedido a las autoridades

un ultimátum para controlarles: el 5 de septiembre irán a la huelga si no hay medidas oficiales antes.

Frente a los hipermercados, sin embargo, están totalmente indefensos.

Mientras, hablan poco de su trabajo y de sus condiciones de vida, aunque a veces estallan - "trabajar aquí,

en Legazpi, es inhumano" - y claman por mejoras mil veces anunciadas: "Es imprescindible la creación

de Mercamadrid, pero no hecho para una minoría." Confiesan mantenerse por pura capacidad de

sacrificio y comprueban, día a día, que algo muy importante ha cambiado para bien: ellos. Porque de

nadie más pueden esperar - a la vista de los hechos - soluciones.

Luis Amorós

(Fotos Ángel de la Rica)

 

< Volver