El celo de los controladores aéreos. 
 Diario de un piloto     
 
 Diario 16.    13/11/1976.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Diario de un piloto

la maniobra de aproximación de un avión a su aeropuerto de destino, es la fase más crítica de todo el vuelo, y precede al aterrizaje. Básicamente, el avión llega sobre un radiofaro a velocidad reducida, y allí inicia una maniobra que suele ser un tramo de alejamiento descendiendo, durante un determinado tiempo, un viraje a velocidad cronometrada, y un tramo de acercamiento.

En esta maniobra, el avión va descendiendo» extiende el tren de aterrizaje y los flaps, y está en todo momento muy cerca del suelo. En él tramo de acercamiento, tiene casi siempre la pista enfilada, y la última fase de la maniobra hasta el aterrizaje, se realiza según las indicaciones del sistema de aterrizaje instrumental, o ILS, que le guía hasta el suelo, manteniéndolo centrado a la pista.

Estos radiofaros "de recalada", y estos ILS, son delicadas instalaciones electrónicas que precisan un constante mantenimiento y una constante vigilancia.

Sin embargo, aeropuertos como Madrid, pierden toda capacidad en cuanto llueve. Las ayudas desaparecen por influencia de la humedad, que al parecer interfiere en sus delicados circuitos. Precisamente cuan-do son más necesarias, porque en general la lluvia significa nubes bajas y mala visibilidad, las instalaciones más vitales se pierden en Barajas. Otros aeropuertos, como Sevilla, disponen de instalaciones que apenas son capaces de servir a ningún avión. La recepción de los radiofaros es muy débil, muy poco fiable, y se complica extraordinariamente en condiciones de mal tiempo. Aeropuertos de primer orden como Barcelona, Las Palmas o Málaga, y otros tan peligrosos como Tenerife, han permanecido durante largos meses, con estos equipos inoperativos total o parcialmente.

El caso Canarias es verdaderamente inquietante: las islas registran un tremendo tráfico aéreo durante todo el año. Para ir desde la península hasta Canarias, los aviones abandonan la costa a la altura de Cádiz, sin ninguna clase de vigilancia radar. Sin la más mínima ayuda a la navegación durante casi dos horas de vuelo, sin más control que sus propios informes que se dan de avión a avión, con la única información de un centro en Casablanca, cru-zan el Atlántico hasta Lanzarote.

 

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