Autor: Burgo Tajadura, Jaime Ignacio del. 
   La nación vasca     
 
 ABC.    29/04/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

La nación vasca .

Por Jaime Ignacio DEL BURGO

Los dirigentes del nacionalismo vasco —incluido el presidente del Gobierno de la Comunidad autónoma vasca— no ocultan que su proposito es tratar de despertar en él pueblo vasco el sentimiento de su pertenencia a una comunidad nacional distinta de la francesa y española. A caballo de los Pirineos, afirman, hay una nación vasca que tiene derecho a la autodeterminación y, en su caso, a la independencia.

A establecer los fundamentos culturales de esa supuesta nación vasca, -cuya construcción no ha sido posible hasta ahora por la repercusión del alma nacional del pueblo vasco por los Estados francés y español, se afana el Gobierno vasco, qué considera a la lengua —el euskera— como factor clave para la identificación como nación.

Fiel a la doctrina de Sabino Arana, el nacionalismo vasco ha matizado tas teorías sabinianas, sin que por ello deje de considerarlo como fundador, restaurador o patriarca de la Patria vasca. La matización, inevitable a la vista de la realidad sociológica de las provincias vascongadas, consiste en sustituir él concepto racista que proclamaba la existencia de una raza vasca superior, por la consideración de la lengua como factor esencial de diferenciación del pueblo vasco. El tila que los naturales o residentes en Euskadi hablen y, sobre todo, piensen en vascuence, ese día el pueblo vasco habrá recuperado su conciencia nacional y, por tanto, podrá reivindicar hasta sus últimas consecuencias el derecho a la autodeterminación.

Este planteamiento es común a las diferentes corrientes políticas inspiradas en el nacionalismo sabiniano. La diferencia entre el PNV y los demás movimientos «abertzales» —desde HB hasta ETA— consiste fundamentalmente en el método a emplear y en el modelo de sociedad que tras la independencia nacional tratarían de implantar. Entre el aquí y ahora del independentismo propugnado por ETA mediante lo que denominan «lucha armada» está el sentido pragmático y realista del nacionalismo peneuvista que considera que, aunque el Estatuto es insuficiente, constituye un gran paso hacia adelante.

Con frecuencia suele acusarse al PNV de ambigüedad. Lo es cuando trata de justificar en el País Vasco ciertas actuaciones —como el acatamiento de sus diputados a la Constitución española— que pugnan con el sentimiento de una gran parte de sus militantes.. O cuando la respuesta a los requerimientos que desde Madrid se le formulan para que exprese de forma inequívoca el respeto a la españolidad del País Vasco es insuficiente o irritante.

Mas no existe ambigüedad a la hora de concretar los objetivos finales y los medios para su consecución. Garaicoechea aparece a los ojos de muchos militantes peneuvistas como una especie de Moisés reencarnado capaz de conducir a su pueblo a la tierra prometida de (a soberanía nacional.

Desde el planteamiento nacionalista todo es susceptible de manipulación. Se rechaza la Constitución —por española-, aunque en aras del objetivo final se acepte un Estatuto que permite un amplísimo autogobierno que puede ser utilizado para la concienciación nacional. Se acata a la Corona, pero no en cuanto símbolo de la unidad nacional española, sino en cuanto es susceptible de ser invocada para reivindicar unos pactos federativos de integración al margen de la nación española que invalidaría la soberanía del pueblo español para su sustitución por una relación directa y soberana del pueblo vasco con el Rey. Se condena el terrorismo —aunque haya tenido que derramarse ríos de sangre antes de ello—-, pero porque se rechaza la violencia «venga de donde venga» y porque la lucha armada ya no es necesaria y además conduce al País Vasco a la bancarrota moral y económica. Lo dijo Garaicoechea con toda claridad: «No tenemos más que una Patria y una bandera» (la que, por cierto, ondea en solitario en la Academia de Policía de Arcaute donde se trata de inculcar a los futuros policías vascos la idea de servicio a ese proyecto nacional vasco).

La rivalidad creciente entre el PNV y los movimientos de la izquierda radical «abertzale» tiene, pues, su razón de ser no en los objetivos finales (la liberación nacional), sino en los métodos y en el modelo de sociedad. Para la izquierda vasca radical el Estatuto es una claudicación porque, según ella, se deriva de la soberanía española, consagra la «separación» de Navarra del conjunto institucional vasco y configura, al estar en e) marco de la Constitución, un modelo de sociedad capitalista e incompatible con tos intereses del pueblo trabajador vasco. Desde esta perspectiva doctrinal, ese tipo de izquierda vasca sirve de cobertura política al terrorismo de ETA que lleva a cabo una guerra de liberación nacional donde resulta legítimo asesinar a las Fuerzas de Seguridad del Estado, que constituyen el Ejército de ocupación, y a los «colaboracionistas» que son reos, del delito de tesa patria.

No es de extrañar que la acción terrorista haya debilitado profundamente la resistencia de un importante sector de la población vasca que se siente absolutamente española y que se ha visto precisada a claudicar ante el PNV, considerado por algunos como el «mal menor». En estas condiciones, levantar la bandera de una opción nacional española es un acto de heroísmo. Hombres como Oreja, Viana, Mayor, Quimón, Tabar, Rubial, Benegas, Damborenea, por poner algún ejemplo a sabiendas de la omisión de otros, son dignos de la admiración y homenaje de todos los españoles que deseamos un futuro de paz, libertad y solidaridad entre todos los pueblos de España.

¿Soluciones? En mi opinión, además de la abnegada y cada vez más eficaz labor de las Fuerzas de Segundad del Estado, es imprescindible una intensa labor cultural para contrarrestar e) lavado de cerebro a que está sometida la población vasca, especialmente la escolar, a la que se trata de hacer ver que ser vasco no es una de las maneras de ser español, sino pertenecer a un pueblo secularmente dominado politica, económica y culturalmerrte por España contra la que debe luchar para sobrevivir como comunidad.

De no ser así será difícil de evitar que algunos jóvenes que apenas llegan a los dieciocho años no se conformen con esperar pacientemente a que Garaicoechea conduzca a la tierra prometida al pueblo vasco y decidan.. metralleta en mano,, luchar por la «liberación», de la «nación vasca», es decir, por lo mismo que mediante la utilización de medios pacíficos propugna el «lendakari».

 

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