Autor: Azaola, José Miguel de. 
 Tomas de posición. 
 El problema de la policía autónoma     
 
 ABC.    29/04/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Tomas de posición -

El oroblema de la Policía autónoma

Por José Miguel de AZAOLA

ANTE la sobrecogedoraserie de atentados que ha acompañado el comunicado de ETA militar anunciando una nueva ofensiva (pero ¿otra o la continuación de ésta?) si las Fuerzas de Orden Público no abandonan el suelo vasco en el plazo de un mes, muchos pensarán que ponerse a escribir ahora sobre si la represión policial —armada o de otra índole— de las actividades terroristas debe realizarse a las órdenes del Gobierno central o a las de uno o varios Gobiernos autónomos, es entregarse a un juego de ingenio desocupado que entraña un irrealismo comparable al de la consabida disputa sobre el sexo de los ángeles. Y, sin embargo...

No sólo en el País Vasco, sino en España entera, hay actualmente un número considerable de personas que, empleando argumentos muy diversos, llegan a la conclusión de que el abandono de las provincias vascas por las Fuerzas del Orden Público es deseable e, incluso, necesario y hasta urgente.

Por una parte, el conocido «Que se vayan!»; por otro, el doloroso «¡Que dejen de morir nuestros hombres y mueran los de ellos!» Y, con menos prisas, pensando en el futuro, opiniones autorizadas sostienen que ETA no se atrevería, a atacar a una Policía vasca porque, si lo hiciese, perdería el apoyo del sector de la población que todavía respalda sus acciones.

Pero diga lo que diga la pasión desde un sitio o desde otro, la salida de las Fuerzas de Orden Público del territorio vasco es, en estos momentos, inimaginable. El Cuerpo de Policía que está actualmente adiestrándose bajo las órdenes del Gobierno de Vitoria, además de no haber completado todavía su adiestramiento, comprende un número muy corto de individuos. También es muy escasa la fuerza que depende de la Diputación Foral de Navarra. Y tanto aquél como ésta se hallan destinados a cumplir unas funciones muy restringidas. No quedaría, pues, en el País Vasco quien pudiera reprimir el terrorismo, ni sofocar posibles desórdenes callejeros, ni perseguir a los delincuentes de toda laya, ni prestar tantos otros servicios que, hoy por hoy, están encomendados a la Policía —uniformada o rio— y a la Guardia Civil dependientes del poder central. La tesis del abandono inmediato no puede, por consiguiente, ser tomada en consideración.

Ahora bien: si los Cuerpos de Seguridad del Estado han de quedarse donde están, al menos por ahora, ¿no es posible que dependan de un Gobierno autónomo en vez de depender de) Gobierno de Madrid? Esto nos devuelve a la propuesta que el presidente Garaicoechea hizo en este sentido hace justamente un año (abril de 1981) y que algunos,, con razón o sin ella, tildaron de maniobra realizada sabiendo de antemano que iba a estrellarse contra una negativa rotunda, como así fue.

La delegación al Gobierno de una comunidad autónoma, del mando de los Cuerpos de Seguridad del Estado, no está prohibida (creo haberlo demostrado en aquella ocasión) ni por la Constitución ni por el Estatuto de autonomía y tendría, si se realizase, entre otras consecuencias la de que ya no cabría decir que el mantenimiento del orden público se halla encomendado, en el interior de la comunidad autónoma, a fuerzas dependientes de una autoridad exterior al País Vasco. Además, al asumir el mando de dichos Cuerpos, el Gobierno autónomo pasaría a desempeñar en la lucha antiterrorista un papel mucho más activo, más destacado y más comprometedor que el que ha representado hasta estas fechas, lo cual produciría —tanto entre los gobernantes como entre los gobernados efectos psicológicos cuyo alcance político sería, probablemente, considerable.

Junto a ventajas tales, la propuesta presentaba inconvenientes no pequeños. Pero no se midieron despacio, comparándolos unos y otros. La iniciativa fue rechazada a las pocas horas de haber sido tornada; enterrada quedó y enterrada sigue, aunque nadie puede asegurar que rio se la desenterrará algún día. Por su parte, la Diputación Foral navarra nunca mostró el menor deseo de asumir la dirección de la acción antiterrorista de la Policía, no menos necesaria en el territorio sometido a su jurisdicción que en el de sus vecinas. Pues incluso haciendo caso omiso, ejercicio muy poco realista como los hechos están demostrando de las importantes y nada esporádicas actividades de ETA (fuera del País Vasco), no se puede olvidar que el escenario principal y favorito del terrorismo etarra comprende Navarra lo mismo que las Vascongadas.

Bueno es tener esto en cuenta pensando en lo que podrá ocurrir el día en que una Policía autónoma este por su formación, en´ condiciones de enfrentarse con el terrorismo» en el territorio de estas últimas provincias. El párrafo 1 del artículo 17 del Estatuto de autonomía dé las mismas dice (al tratar de las funciones policiales) qué quedan «reservados en todo caso a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado los servicios policiales de carácter extracomunitario y supracomunitario». Y aunque (a represión del terrorismo no figura entre las actividades que enumera a continuación el texto estatutario, es preciso reconocer , que, por ir precedida del adverbio «cómo», la enumeración se hace a título de ejemplo, por lo que no puede considerarse exhaustiva o limitativa. Por otro lado, ¿no se dificultaría esa represión si el encargo de realizarla se encomendase de modo disperso a Cuerpos policiales cuyos mandos no estén unificados o, al menos, muy estrechamente coordinados entre sí, lo que restaría a la Policía una eficacia, de la que—estamos viéndolo— no anda, precisamente, sobrada? En cambio, esta ineficacia material, ¿no quedaría compensada con creces por la eficacia moral al entrar en acción los Cuerpos de la Policía Autónoma, los cuales obtendrían de la población una colaboración probablemente muchísimo mayor que la que reciben los Cuerpos dependientes del Poder central? Si se llega a la conclusión (antes o después de que la Policía Autónoma esté apercibida para la tarea) de que, por las razones que sean, los Cuerpos de Seguridad del

Estado, y no otros, son los que deben seguir combatiendo el terrorismo, la propuesta que Garaicoechea formulo hace un año podría ser desenterrada en el futuro, aunque la historia nos enseña que la lógica política está muy tejos de ser rectilínea. El que, si esta propuesta se desentierra, prospere o no dentro de sus masas, o dentro de uno, o dos, o tres años, dependerá no sólo de cuándo y cómo se formule, sino, además, de en qué circunstancias, por quién y a quién. Pero sólo Dios sabe cuáles serán entonces las circunstancias y cuáles serán la composición (y el color o los colores) del Gobierno de Madrid y del de Vitoria. Hacer hoy una afirmación o una negación tajante sería enormemente prematuro y, por arriesgado, desde el punto de vista político, ridiculamente pretencioso.

 

< Volver