Autor: Barrenechea, Eduardo. 
   ETA y el declive económico vasco     
 
 El País.    24/05/1982.  Página: 54. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

54/ECONOMÍA

EL PAÍS, lunes 24 de mayo de 1982

ETA y el declive económico vasco

EDUARDO BARRENECHEA

El retraso y paralización de la puesta en funcionamiento de la central nuclear de Lemóniz (Euskadi) y la reciente presentación a los medios de comunicación del libroestudio que sobre la Renta nacional de España y su distribución provincial viene, con sumo acierto y máxima fiabilidad, publicando anualmente el Banco de Bilbao, en el que se muestra —entre otras cosas— el descenso que ha sufrido el País Vasco tanto en su renta por cabeza como en su productividad, ha llevado a cierta Prensa (y no sólo de ultraderecha, sino de alguna intitulada progresista) a atribuir todos los males socioeconómicos que pesan sobre Euskal Herria a las acciones terroristas de ETA. Y esto es peor que una mentira: es un grave error. Un error que alentará aún más presuntas justificaciones golpistas, al unir al norte de sangre en que ETA está sumiendo a su propio país la negativa imagen de que su descenso económico es debido a los asesinatos y atentados de los etarras.

No se puede decir —porque es mentira— que Euskadi ocupará en breve un puesto entre las zonas más pobres de España. No se puede decir que las acciones etarras son culpables del paro en las Vascongadas. No se puede decir que la productividad del País Vasco es hoy la más baja de España. No se puede decir que, si Lemóniz no se pone en funcionamiento, Euskadi se quedará a oscuras. No se puede decir que el País Vasco sólo se autoabastece hoy en un 2% en sus necesidades eléctricas. Y no se pueden decir estas y más cosas porque, sencillamente, son falsedades.

Quienes tales cosas propalan tan sólo revelan un desconocimiento total de la realidad socioeconómica y estructural de Euskadi y una manipulación tan evidente como falaz de las estadísticas, que están al alcance de cualquier interesado en consultarlas con un mínimo de buena fe y afán de objetividad o, al menos, de no parcialidad.

La influencia que ETA haya tenido y pueda tener en la economía vasca es imposible de evaluar (salvo el monto del impuesto revolucionario, el coste de los atentados contra subestaciones eléctricas y las pérdidas que la no puesta en marcha de Lemóniz suponen de retraso en que Euskadi logre su pleno autoabastecimiento energético eléctrico. Todo ello es, sin duda, tan negativo como importante (aunque mucho más lo sean las pérdidas de vidas humanas).

No se puede decir que Euskadi ocupará en breve un puesto entre las zonas más pobres de España porque, pese a su descenso económico, es hoy la tercera por su renta per cápita (tras Cataluña y Madrid). No se puede decir que su productividad es la más baja de España porque es la tercera (tras Madrid y Cataluña). No se puede decir que las acciones etarras han generado el desempleo en el País Vasco cuando ya en 1977 las previsiones del INE y de las cámaras de comercio vaticinaban que el paro en Euskadi podría situarse en el primer puesto de España, y ello debido a su industria, en buena parte obsoleta, y al excesivo monocultivo industrial (en metálicas básicas y transformados metálicos), paralización de la actividad constructora (al haberse ultimado las autopistas, el superpuerto, etcétera) y crisis generalizada de la industria. Pese a ello, su tasa de paro es inferior a la madrileña, a la extremeña, a la andaluza, a la canaria y casi igual a la murciana y la catalana.

No se puede decir que, si Lemóniz no entra en funcionamiento, Euskadi quedará a oscuras y que el País Vasco sólo se autoabastece en un 2% de su consumo eléctrico, porque se autoabastece en un 50%, aproximadamente, en la actualidad. ("El País Vasco depende hoy en un 50% de la energía eléctrica producida en otras regiones", según declaraciones de J. M. Barandiarán, mano derecha del asesinado ingeniero de Iberduero Ryan.) No se puede decir que los empresarios vascos han huido y huyen en desbandada de su tierra para instalarse en otras regiones, y qué Neguri está vacío, porque es falso. Que se diga dónde se han instalado esos grandes empresarios vascos, dónde han ido a invertir sus capitales, quiénes son. José María Vizcaíno, presidente de la patronal guipuzcoana Adegui, que fue nombrado el año pasado "empresario del año", decía en mayo de 1981: "No creo en absoluto que haya huidas de personas y capital vasco. De mejorar un poco la situación económica, el empresario vasco seguirá invirtiendo aquí".

Un punto no decisorio

Con ETA o sin ETA, el País Vasco —desde un punto de vista estrictamente económico— estaría atravesando hoy una situación muy parecida a la que tiene. (Y eso no quita el que, indudablemente, las acciones de ETA hayan representado y sigan haciéndolo un punto negro, un punto negativo en su desenvolvimiento económico; pero un punto no decisorio, porque —para cualquier persona más o menos enterada de la marcha económica de España y sus nacionalidades y/o regiones— es más que conocido el hecho de que el declive de Euskadi se inició mediada la década de los años sesenta.)

Sé que parecerá feo, por inmodesto, autocitarme; pero hace ya trece años, en 1969, cuando realicé para Informaciones la denominada "Crónica de España", dediqué cinco de los diez capítulos que abordaban el tema del País Vasco al "declive económico vascongado". Era cosa cantada, y así se desprendía de largos estudios llevados a cabo sobre Vizcaya por la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Bilbao (Análisis de la economía vizcaína, 1968, en dos tomos); de Álava, por otros dos tomos elaborados por el Instituto de Investigaciones Sociales (ISPA), bajo el patrocinio de la Caja de Ahorros Municipal de Vitoria y la Institución Sancho el Sabio, y de Guipúzcoa, por los cuatro volúmenes realizados por Dioxiadis Ibérica, SA (empresa de con-sulting), por encargo de la Diputación Provincial donostiarra. Y se añadía a ello el estudio del desaparecido Consejo Económico Sindical Interprovincial del Norte (CESIN). Ya entonces, otro capítulo de esa serie de la "Crónica de España" referida a Euskadi se titulaba "La renta per cápita, frenada". Bastaría un repaso a la revista mensual Información, de la Cámara bilbaína, para seguir paso a paso el declive vasco y saber sus causas. O referirnos al número dedicado por la revista oficial Información Comercial Española (agosto 1972) a la región vasco navarro riojana, etcétera.

Por otra parte, habría que matizar cuidadosamente que el declive o retroceso de Euskadi sólo se ha dado de forma acentuada en Vizcaya, pero no en Guipúzcoa (su territorio etarra por excelencia) ni en Álava. Las causas ya estaban cantadas en los años sesenta, y eran y son de carácter estructural: monocultivo y absoluta preponderancia de la siderúr-

gica básica y transformadora, la construcción naval, los bienes de equipo, la industria auxiliar del automóvil, papel, etcétera.

Y así, cuando llegó la crisis económica mundial —que en España se inició, con algo de retraso, en 1974—, todos los sectores de máxima especialización en Vizcaya hicieron agua... El sector siderúrgico fue el más afectado —con una caída en vertical—, muy por encima de los demás sectores. Por tanto, la velocidad en el deterioro de su situación socioeconómica general de la provincia vizcaína ha sido superior desde entonces a la media nacional. Como decía en 1975 Jesús Dorao Lanzagorta, hoy secretario de la Cámara bilbaína, y por los años sesenta y setenta jefe de su servicio de estudios: "Ni siquiera hemos tocado fondo en esta crisis", refiriéndose al "fuerte peso específico que ejerce en la provincia de Vizcaya el sector siderúrgico, la construcción naval y los bienes de inversión, cuyo derrumbamiento ha resultado espectacular.

Ayudas nefastas

Para terminar de arreglar la situación, el Gobierno se dedicó a poner parches, a remendar industrias sin salvación, a conceder a sus dueños cuantiosos créditos, desgravaciones y ayudas, lo que impidió a la industria vizcaína su renovación. Es decir, se intentó su reconversión (cosa que nadie entiende, porque no se puede reconvertir lo que ha quedado obsoleto y sin futuro: es como querer resucitar a un muerto); pero sí se pueden y deben apoyar los caminos de la renovación, de la innovación, de la búsqueda de nuevos sectores o subsectores con capacidad agresiva y exportadora. ¡Ah!..., pero la oligarquía de Neguri pesaba, y pesa, en exceso.

Y de ahí los miles y miles de millones que se come o se comieron Altos Hornos, Babcock Wilcox, Nervacero, Aceros Echeverría, etcétera, y el nulo o escaso apoyo para potenciar sectores —sobre todo, guipuzcoanos— de gran potencial agresivo cara al exterior.

Otro ejemplo nada anecdótico que nos muestra fehacientemente cómo la crisis vasca en general y la vizcaína en particular, y más notoriamente se venía pergeñando desde los últimos años de los sesenta, nos lo da el hecho migratorio.

En el estudio del Banco de Bilbao al que hacía referencia al inicio de este artículo se ve cómo las regiones más industrializadas son las que han llevado la peor parte en la crisis, junto a las regiones latifundistas. Madrid se ha derrumbado industrialmente y sólo le ha salvado contar con una amplia burocracia centralizadora y ser una sociedad ya más volcada a los servicios. Cataluña, con parecida crisis industrial, cuenta con una gran gama de actividades comerciales, de servicios, turística, etcétera, amén de con un centralismo regional muy acentuado. De ahí que son muy reveladoras las cifras que se obtienen examinando el comportamiento de nuestras migraciones interiores desde 1970 a 1975 (es decir, desde poco antes de la crisis hasta su presencia viva). ¿Adonde se dirigieron nuestros emigrantes? Por primera vez en la historia, el País Valenciano recibió en ese período, 1970-1975, 275.000 emigrantes más que el País Vasco, 110.000 más que Cataluña y 17.000 más que Madrid.

Han sido desde entonces los años en que el País Valenciano deshancó a Euskadi de su tercer puesto en aportación al producto nacional.

Sobran razones para condenar a ETA —humanas, políticas y sociales—, pero, desde luego, si la economía vascongada está en declive, no se debe de forma ni principal, ni única, ni en exceso relevante, a las acciones etarras. Sin ellas, qué duda cabe, podría marchar la economía de Euskadi mejor; pero, si los empresarios no invierten en el Pais Vasco, tampoco lo hacen en parte alguna de la nación española. Hace muchos años que padecemos huelga de inversiones en todas y cada una de las regiones y/o nacionalidades de España.

Eduardo Barrenechea es periodista especializado en temas de socioeconomía y política regionales.

 

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