Autor: Garayalde, Javier. 
   Ni están todos los que son     
 
 Diario 16.    17/06/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

17-junio - 82 / DIARIO 16

JAVIER GARAYALDE

Dirigente de Euskadiko Ezkerra-Izquierda para el Socialismo

Ni están todos los que son...

Sin identificarse con su contenido ni con sus puntos de vista, Diario 16 considera de gran interés informativo reproducir el análisis de uno de los máximos dirigentes de la izquierda «abertzale» acerca de la creciente violencia entre los diversos partidos nacionalistas.

Los incidentes ocurridos en la basílica de Begoña son una nueva demostración de que en Euskadi se están deteriorando peligrosamente muchas cosas. Se me ocurre que sí alguien hubiera entrado en la concentración conmemorativa del aniversario de la muerte de Telesforo de Monzón gritando frases increpatorias contra su memoria o del estilo de «ETA, asesina», no hubiera sido muy bien recibido por los asistentes. Y me parece lógico. El que se reúne para celebrar un acto, para conmemorar un acontecimiento, para expresar unas ideas en definitiva, tiene derecho a que nadie le moleste y la libertad de expresión, al igual que todas las demás, pasa por el respeto a la libertad de expresión de los otros. Por eso me parecen tan mal las multas que se le pusieron a HB por aquel acto como el que una serie de individuos irrumpan en la celebración por la paz que los obispos de Bilbao habían convocado en Begoña, intentando reventarla y boicotearla.

Fanatismo

En cualquier caso, resulta preocupante contemplar cómo la irracionalidad y el fanatismo están extendiéndose progresivamente, como una marea negra, en el seno de la sociedad vasca. Y no me valen las explicaciones simplistas. Estoy convencido de que la mesa nacional de HB no ha organizado esta provocación, como estoy convencido de qué a muchos simpatizantes y votantes de HB les ha parecido mal, por más que los gritos y slogans se correspondieran con lo que esta coalición proclama. El problema es que hay dinámica entre nosotros que se ha convertido en una bola de nieve que va a necesitar del esfuerzo de muchos paonaindia, cabeza visible de Euskadiko Ezkerra.

ra ser detenida. Y los que están fomentando la crispación social, los que hacen caldo gordo de las frustraciones colectivas de este pueblo, se pueden encontrar desbordados por las dinámicas que ellos mismos han contribuido a crear. Y así nacen los enfrentamientos civiles. Yo, desde luego, rompo una lanza a favor de los que en la basílica respondieron a esa provocación, simplemente, diciendo y cantando para lo que se habían reunido. Y hacer esto no es ser «chivatos de Rosón».

Pero constatar esto, darse cuenta de las situaciones de intolerancia y de violencia que estamos viviendo, exige huir de todo reduccionismo al explicarlas y al combatirlas. El lenguaje oficial sobre las bandas armadas es un perfecto ejemplo de este simplismo y la actitud del Gobierno central y de casi todos los partidos estatales su consecuencia inevitable. Lo que pasa en Euskadi ni tiene su origen en minorías radicalizadas, ni su mantenimiento y agudización se explica sólo por ellas. Aquí lo que hay es una quiebra profunda en la sociedad vasca, una crisis de sus´ formas de organización, de convivencia social y de representación ideológica y de subvalores éticos.

En primer lugar, en lo que se refiere a la violencia seamos serios, la violencia en Euskadi no se explica con las claves del terrorismo subversivo minoritario, sino con las claves, sobre todo con las claves ideológicas y sociales, de la guerra. Al fin y al cabo, si argentinos y británicos están muriendo a cientos por una tierra de pingüinos y las multitudes aplauden enfervorecidas a los muchachos que van al brutal sorteo de la muerte, ¿de qué vamos a echarnos las manos a la cabeza porque en un país que después de ciento cincuenta años de crisis y cambios sociales, económicos y políticos no termina de encontrar su identidad, mil veces negada por la fuerza, y de articular sus relaciones con sus vecinos, haya quien piense que la solución a todo esto es la guerra?

Evidentemente, el nacionalismo hispano no lo entiende así, no lo puede entender así y aquí está una de las dimensiones trágicas que hacen de la guerra un absurdo real y muchas de sus consecuencias, desde la política de orden público hasta la LOAPA, pasando por el demencial tratamiento que se le están dando a la situación navarra están ahí como ascuas ardientes que contribuyen a que -la herida no se termine de cerrar nunca. Sin embargo, desde Euskadi, los que pensarnos que los contenciosos políticos pendientes pueden resolverse por cauces democráticos, tenemos la obligación de sensibilizar y de movilizar a la, opinión contra la guerra. Contra la guerra en el Oriente Medio, en las Malvinas, en Euskadi. Y contra las ganas de ir a la guerra y de aplaudir a los que van a morir a la guerra. Una obligación que no es solamente ética y moral, sino de supervivencia de la sociedad vasca y de avance hacia la libertad de

Mientras tanto, creo que también vale la pena derramar algo de aceite tras las ascuas que otros siguen poniendo y que cualquier gesto, cualquier medida, cualquier iniciativa que pueda resolver cualquier pequeño problema de los que conforman esa herida abierta, es positivo. Por eso ha pagado Euskadiko Ezkerra las fianzas de los electos de HB. Soy consciente de que ese acto ha sido interpretado de muy diversas maneras, aunque resulta curioso comprobar que ha sido tanto bien como mal recibido — y con diferentes argumentos dentro de cada una de esas reacciones- entre gente de todos los partidos políticos, incluso el nuestro, lo que hace más patente que nunca la profunda verdad del viejo dicho que encabeza este artículo.

Hubiera comprendido y aplaudido el gesto de los electos de HB si el entrar ellos en la cárcel hubiera podido ser a cambio de que salieran otros presos que están en condiciones "mucho más penosas que ellos, pero dejarse llevar a la cárcel casi gratuitamente -la libertad de cualquier preso vale. mucho más de cincuenta mil pesetas—, ¿sirve realmente para mejorar en algo la situación de los presos, para solucionar alguno de los graves problemas que aquejan a nuestro pueblo?

Y al referirme a todo esto no puedo pasar por alto las manifestaciones que uno de mis compañeros de partido, Iñaki Múgica Arregui, ha hecho sobre dicha iniciativa. El esfuerzo que Euskadiko Ezkerra está haciendo por resolver él problema de la violencia y de los presos, por conseguir que los que quieren ir a la guerra lleguen a convencerse de que el arma más eficaz para alcanzar la libertad es la palabra, no merece los calificativos que él le ha dedicado. Pienso sinceramente que se equivoca cuando considera que es un derecho de los electos de HB el manipular los sentimientos antirrepresivos de la población vasca dejándose llevar a la cárcel, y que interpreta mal la política del partido cuando asegura que es una maniobra desestabilizadora sacar a gente de las prisiones. Y pienso también, y me causa una gran tristeza que esto suceda, que cuando afirma que todo ello «puede suponer un aval a la política represiva de UCD», esté diciendo algo que no es otra cosa que una enorme y desgraciada mentira.

 

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