Cuarenta meses de impunidad     
 
 Diario 16.    01/08/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Cuarenta meses de impunidad

Desde el mismo día de su aparición, DIARIO 16 ha venido distinguiéndose por su denuncia del terrorismo de ultraderecha, posición coherente por otra parte con nuestro indesmayable combate dialéctico contra la ETA y todos cuantos la apoyan.

En numerosas ocasiones hemos advertido la presencia de una siniestra mano negra tras crímenes, atentados y otras violencias que quedaban sin esclarecer. Ello nos ha hecho acreedores de todo tipo de insultos y calumnias por parte de los órganos de la reacción y también de severas críticas por parte de otros colegas que recubren con el envoltorio de la serenidad su indecisión a la hora de comprometerse de verdad con el sistema.

Pues bien, ahora, con el desmantelamiento de la primera banda terrorista organizada de carácter ultra descubierta en Madrid durante la transición, queda claro que ni exhibíamos fantasmas ni contemplábamos visiones. La teoría de que el fanatismo de derechas sólo conduce a actos de gamberrismo esporádicos o a obnubilaciones pasajeras muy concretas —así pretenden explicar algunos la matanza de Atocha- es en cambio la que queda desautorizada para siempre. Muy pocos de entre los más sanguinarios terroristas de otro signo pueden exhibir, de hecho, mayor número de crímenes a sus espaldas de los que se le atribuyen a alguno de los detenidos.

Más habría valido, sin embargo, que la razón no hubiera caído de nuestro lado de esta forma, pues junto a la satisfacción que produce ver entre rejas a estos presuntos asesinos, no puede por menos que brotar una gran perplejidad ante el hecho de que hayan transcurrido más de tres años y medio entre el inicio de sus «hazañas» —enero del 78— y el momento de su detención.

Máxime cuando las señas de identidad de tales interfectos estaban bien claras: algunos de ellos eran miembros del tristemente célebre Frente de la Juventud -cuya sede continúa abierta como la de cualquier «pacífica» organización legal—; otros aparecían a menudo junto al «caudillo» Blas Pinar y aún estaba el caso de Jiménez Caravaca, quien, a lo que se ve, apenas cumplió su exigua condena por el «caso Atocha» ya comenzó a trabajar al servicio de montajes similares.

Estos cuarenta meses de impunidad tampoco se explican ni por su alta cualificacíón para el delito, ni mucho menos por su especial discreción. Pocas horas antes del atentado de la discoteca Aleko´s el mismo «Jota Jota» Blanco, que descerrajaría su pistola contra la mandíbula de un africano, contaba a cuantos quisieron escucharle sus motivaciones racistas, a la vez que reivindicaba el alto honor de haber sido novio de una de las hijas de Blas Pinar.

Pese a esta dimensión de ópera bufa, nos resulta imposible tomarnos el asunto a broma, porque si esta banda hubiera sido desarticulada al filo de su «bautismo de fuego», es decir , en el primer semestre del 78, nuestro compañero, el trabajador del diario «El País» Andrés Fraguas y otras tres personas más aun estarían vivos.

Esperemos que esta triste conclusión termine de desperezar a políticos y policías para que si no se logra atajar por completo el terrorismo de ultraderecha, si que se impida cuando menos la reiteración de tantos actos criminales por un mismo grupo atrabiliario y chapucero.

 

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