Autor: Fusi, Juan Pablo. 
   La responsabilidad de los vascos     
 
 Diario 16.    16/03/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

JUAN P. FUSTAIZPURUA

Historiador, experto en cuestiones vascas

La responsabilidad de los vascos

Partiendo dé la base de que la responsabilidad moral, y las raíces últimas, del golpe del 23-F la tiene el terrorismo etarra, Fusi propone una reconversión de actitudes y comportamientos políticos para consolidar la autonomía vasca como elemento directamente vinculado a la solidificación de la democracia en España, rompiendo con los juegos de obcecaciones y medidas de fuerza llevadas a cabo entre Madrid y los dirigentes vascos.

«ETA —ha dicho recientemente Raymond Carr— es moralmente responsable del frustrado golpe militar.» Creo que la casi totalidad del país comparte ese juicio. Existe la convicción de que sin el terrorismo de ETA, Tejero no habría existido; persiste la convicción de que si la democracia no acaba con ETA, ETA acabará con la democracia.

La evidencia de lo que ETA —ETA militar— vaya a hacer ya está ahí: ETA va a continuar golpeando, va a continuar desestabilizando y provocando a la Policía y al Ejército; ETA va a continuar machacando al pueblo vasco y atentando contra sus libertades; va a continuar asfixiando los estrechos márgenes en que se mueve la libertad en España. Que no haya dudas. ETA va a continuar como hasta ahora.

Incapaz el terrorismo por su propia naturaleza (acciones aisladas que no se transforman en insurrección ni en ofensiva armada general) de lograr la victoria militar, ETA no ha servido desde 1975 más que para una sola cosa: para la justificación del golpismo militar. Y lo trágico es que todos creemos que va a seguir sirviendo para eso y para nada más.

Tres Alternativas

Tal vez convencido de ello, Francisco Letamendía planteó no hace mucho tiempo que la salida a la cuestión vasca era la negociación de un plan de paz entre Madrid y las fuerzas

abertzales englobadas en la alternativa KAS. Letamendía dijo entonces que a Madrid le quedaban únicamente tres alternativas: seguir como hasta ahora, intentar destruir de un solo golpe a la izquierda abertzale, negociar un programa táctico con ella.

Tal vez piense Letamendía que los hechos le han dado, la razón, que por no haberse negociado la salida que él sugería se ha llegado al 23 de febrero, y tal vez piense que su propuesta es hoy más apremiante que nunca.

Es un formidable error. Letamendía no decía que Madrid —la democracia española— había optado ya por su propia alternativa: ir a la creación de un País Vasco autónomo, dotado de una amplia capacidad de autogobierno (un grado de autogobierno inimaginable en 1975, impensable en 1936 y ni intuible siquiera antes de ,1839). Qué los Gobiernos responsables hayan cometido inmensos errores en la construcción

de la autonomía es una cosa. Pero la autonomía está ahí y ahí. están los primeros Gobierno y Parlamento democráticos propios en la historia vasca.

Un dilema

Madrid estaba —y sigue estando— ante un dilema: o continuar como hasta ahora o asumir la realidad del proceso autónomo. Continuar como hasta ahora no va a llevar a Madrid a negociar la alternativa KAS: va a llevar al golpe de Estado militar, a la destrucción de la democracia en España y en el País Vasco. Sólo la otra vía —asumir la realidad autonómica— podría llevar a la consolidación de la democracia en nuestro país.

Y he escrito «podría» deliberadamente. Porque el terrorismo de ETA es sólo en parte moralmente responsable del frustrado golpe militar. Otra parte de esa responsabilidad corresponde a las autonomías. Es un hecho que el Ejército español ha visto siempre negativamente los nacionalismos periféricos y las autonomías regionales. Antes fue Cataluña; ahora, el hecho vasco y ese incomprensible, complicadísimo y artificial Estado de las autonomías.

Mi idea, además, es que ese descontento se ha visto acentuado por las múltiples e irritantes complicaciones que ha planteado la autonomía vasca, la que por las circunstancias se había convertido en la piedra de toque de todo el proceso autonómico. Hubiera la autonomía vasca discurrido

por cauces de entendimiento y solidaridad, y el proceso autonómico no habría suscitado tantos recelos y desconfianzas.

Pero es un hecho que la autonomía vasca ha sido problemática. Y no sólo por ETA. Ha sido problemática porque la colaboración y el diálogo han cedido su sitio demasiadas veces a la obcecación y a los pulsos de fuerza. A Madrid le ha sobrado cicatería, incomprensión, dilaciones, resortes mesetarios y recelos burocráticos; al País Vasco, a los negociadores vascos, les han sobrado ambigüedades, asperezas, tozudeces y exigencias.

Que el PNV no votase la Constitución, que se retirase del Parlamento, que paralizase los Ayuntamientos cuando llegó Suárez, que jamás use la palabra España, que siempre añada alguna coletilla inesperada a las condenas y acciones contra el terrorismo, todo ello ha irritado, ha crispado, ha hartado a amplísimos sectores de la opinión fuera del País Vasco. Y ha dado munición a quienes recelaban de las autonomías, a quienes se empeñan en negar el derecho que vascos, catalanes y gallegos tienen a afirmar su identidad.

Por eso que tras el 23 de febrero se haya redoblado la responsabilidad vasca. Del País Vasco depende, en gran medida, el futuro de la democracia en España; depende de que aquí se logre erradicar el terrorismo y encauzar el proceso autonómico.

Gobierno amplio

Yo creo que para ambos objetivos se requiere un Gobierno vasco de amplia base, que cuente con el respaldo de la opinión vasca y que tenga verdadera legitimidad moral ante ella. Un Gobierno que disponga de todos los medios coercitivos modernos para hacer frente a la lucha terrorista, y un Gobierno, además, que cultive y logre la confianza de Madrid (Corona, Gobierno, Ejército, etcétera) construyendo una autonomía plena, todo lo amplia que se quiera, pero en la que no se olviden las dimensiones españolas de la realidad vasca. Otra autonomía no la van a consentir y en política no vale engañarse.

No ignoro que un Gobierno así es harto improbable. Pero venga, al menos, un radical cambio de conducta.

 

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