Autor: Azaola, José Miguel de. 
   La trampa     
 
 Diario 16.    28/04/1981.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

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OPINIÓN

JOSÉ MIGUEL AZAOLA

La trampa

Para Azaola, >la inutilidad —o si se prefiere, la insuficiente eficacia— déla actuación del Gobierno legal en su lucha contra el terrorismo, y muy especial contra ETA, figura, como es notorio, entre los motivos que explican el tejerazo del 23 de febrero».

Independientemente del hecho de que, ese día, hubiera una sola conspiración, o dos o tres conspiraciones (coordinadas entre sí .improvisadamente, o que no llegaron a coordinarse), la entrada a punta de metralleta en el Congreso y el secuestro de los diputados y del Gobierno obedecían a la creencia de los golpistas de que su acción iba a producir una situación nueva, en la cual el terrorismo sería combatido con eficacia, y, muy probablemente, eliminado al cabo de poco tiempo, gracias a medidas enérgicas adoptadas por la autoridad militar.

Y también es notorio que la primera parte del plan de los dirigentes del golpe consistía en que el poder legal se quedase sin titulares, y entregar entonces este poder mostrenco, sin dueño, abandonado —como. quien dice— en la calzada de la carrera madrileña de San Jerónimo, entre las melenas de. los leones del Congreso y las libreas de los conserjes del Hotel Palace, a una junta militar, o a un Gobierno formado por militares o dominado por ellos.

Coincide con ETA

Lo interesante del caso es que hasta aquí —e incluso hasta bastante más lejos— este plan coincide en lo esencial (es decir: entrega del poder a los militares) con el plan de ETA. Porque, para realizar su «misión salvadora», ETA necesita la colaboración del Ejército español: necesita que el Ejército español entre en acción y haga justamente lo contrario de lo que crea estar haciendo. Se trata, por supuesto, de una colaboración involuntaria.

Pero involuntaria, sola-

mente porque el Ejército querrá hacer, y creerá estar haciendo, lo contrario de lo que ETA desea que haga; no porque el Ejército entre en acción involuntariamente I bien sea contra su propia voluntad, o bien sin darse cuenta). Lo que ETA pretende, es que lo haga decididamente, queriéndolo con toda su alma, convencido de que su intervención es necesaria y con la esperanza de que será eficaz. Y en la creencia de que, cuanto más firme y —si hace falta violenta sea esta intervención, dará más abundantes y más prontos frutos.

ETA ha confiado siempre en el buen funcionamiento de la llamada «espiral acción-represión», cuya teoría fue elaborada en su IV Asamblea (verano de 1965], aunque no fue llevada a la práctica hasta unos años más tarde. A medida que la acción terrorista se intensifica, la represión tiende a acentuarse; lo cual provoca una mayor intensificación de la acción; lo cual —a su vez— provoca una represión "más dura,

En este caso, el paso de la mera represión policiaca a la represión militar habría constituido un salto cualitativo de la mayor importancia. Si ETA hostigaba al Ejército con sus atentados contra las vidas de jefes y oficiales, y si aún sigue haciéndolo, es porque deseaba y desea provocar ese salto, a partir del cual el conflicto se agravará y llegará a adquirir un carácter nuevo, sin dejar de mantenerse en la línea prevista por la teoría de la espiral.

Independencia

«No podemos confiar en que ni Franco ni la Monarquía o la República española estén dispuestos a otorgarnos la independencia que exigimos», decía ETA "Zutik», abril de 1962). Por eso, «nuestro objetivo es (...) nuestro autogobierno, y no el logro de un régimen más o menos democrático en Madrid» («Zutik», núm. 17). Partiendo de ahí, hay que empezar por hacer ((que Euskadi, colonia española desde 1839, sea ingobernable por los españoles» U962I.

Cuando un territorio es ingobernable por las buenas, la reacción natural (a veces ingenua y equivocada) es gobernarlo por las malas; si su control se les escapa de las manos a los civiles, se le pone en las de los militares. Y si para hacer esto o por hacer esto en el País Vasco se hunde la democracia española, el hundimiento le trae a ETA enteramente sin cuidado. Para que nadie se llame a engaño, está diciéndolo —como vemos— desde hace casi veinte años.

A principios de 1964 apareció el «Cuaderno» de ETA titulado,«La insurrección en Euskadi», en el cual se sientan los principios de la «guerra revolucionaria», una «guerra» que no empezaría a causar muertes hasta varios años después, pero que se basó desde sus comienzos en esos principios y no ha dejado de basarse en ellos.

Cometer torpezas

Leemos en esta publicación: «El enemigo, como un coloso aguijoneado por muchas abejas, pierde el control de sí mismo, se enfurece hasta el paroxismo y golpea ciegamente a diestro y siniestro. Hemos conseguido uno de nuestros mayores objetivos: el obligarle a cometer mil torpezas y barbaries. La mayoría de sus víctimas son inocentes. Entonces, el pueblo, hasta entonces más o menos pasivo y a la expectativa, se vuelca por entero hacia nosotros.»

ETA habla en pasado, como si eso hubiera ya ocurrido; es una licencia de estilo, porque en 1964 no había ocurrido aún absolutamente nada. Está anunciando lo que ocurrirá si sus supuestos se cumplen.

Y fijémonos bien. La represión policiaca engendro, por la torpeza indiscriminada (inevitablemente a veces) • con que se ejerció frecuentemente, un movimiento de simpatía hacia ETA. Más tarde, los asesinatos repetidos (sobre todo el de Ryan) han causado el efecto contrario. Si mediante un golpe militar la represión hubiese adquirido ahora más altos vuelos, habrían aumentado los riesgos de indiscriminaciones y de torpezas, habría vuelto a, haber víctimas inocentes, y, a partir de cierto punto, ETA habría recobrado con creces las simpatías perdidas. Entrando en acción mediante un golpe así, el Ejército habría caído en una trampa.

Esto, por fortuna, se ha evitado. Se trata de evitar hoy que caiga en la misma trampa el poder civil.

 

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