Autor: Ramírez, Pedro J.. 
   La hora de la fortaleza     
 
 ABC.    05/08/1979.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 21. 

LA HORA DE IA FORTALEZA

CREO, sinceramente, que el Estado democrático ha comenzado a ganarle la par-tida al terrorismo

etarra, Inviniendo asi la tendencia negativa de los últimos tiempos. Esta afirmación puede parecer

un tanto extraña: ningún activista ha sido capturado o muerto recientemente en suelo español y aun está

fresca, en cambio, en nuestra memoria colectiva, la sangre de las víctimas de las bombas de Atocha,

Chamartin y Barajas y de los agentes del orden asesinados ese mismo fin de semana. ,- Los

acontecimientos subsiguientes están, sin embargo, demostrando que en el nuevo marco politico creado a

raíz de la aprobación del Estatuto, a la ETA le va a ser muy difícil protagonizar ningún atentado sin que

su propia credibilidad ante el pueblo vasco «alga seriamente dañada.

Gracias al efecto balsámico del .pacto Garaicoechea-Suárez, la «patata caliente» de las «contradicciones

internas» ha cam-biado de campo. Al estilo de esas secuen-cias del cine cómico en las que la dina-mita

siempre termina en el bolsillo tra-sero del pantalón del truhán que preten-día atacar a otro, la ETA debe

ahora afrontar la misma crisis de identidad, el mismo debate interno, la misma crispación anuladora que

durante toda la transición ha tratado de provocar en la sociedad es-pañola.

Desde hace unas semanas el panorama se ha ensombrecido drásticamente para los apóstoles de la lucha

armada. En el frente internacional los cabos de occidente están quedando bien atados. Que no esperen,

por ejemplo, los terroristas el menor gesto no ya de simpatía, sino tan siquiera de com-prensión por parte

de los senadores Frank Church y Paul Laxalt, amigos tradiciona-les de la causa vasca. Tras sus entrevistas

con los ucedistas Rupérez y Alvarez de Miranda, ambos esperan la visita que Ar-zallus y compañía les

harán en el otoño con la conciencia de que lo mejor que pueden hacer por el País Vasco es contri-buir a su

reconstrucción económica, alen-tando a unos cuantos inversores nortea-mericanos, cuando el «Herald

Tribune» propugna en un editorial la intensificación de la cooperación entre los servicios se-cretos del

mundo atlántico y el Gobierno de Madrid no lo hace, por otra parte, a humo de pajas. El incremento de

esta colaboración es ya una realidad tangible dia a día.

D CASTELLS Y LOS «HARKIS»: «MIS-TER X» HA TOMADO NOTA

•En el frente interior la ETA empieza a notar el desmoronamiento de su tinglado de apoyo. Las

estructuras del «conglome-rado» persisten intactas pero cada vez es menor el número de ciudadanos que

circu-lan a través de. ellas. Dentro del juego de Ias_ fuerzas políticas, Herri Batasuna, em-peñada en

suscitar en cada Ayuntamiento cuestiones tan peregrinas como el apoyo a la causa nicaragüense,

ignorando, en cam-bio, si funciona o no el servicio de alcan-tarillado, se halla envuelta en una densa nube

de desprestigio. Euskadiko Esquerra ha comprendido la necesidad de distan-ciarse de ETA, emplazando a

los «poli-milis» ante el bochornoso muro de la au-tocrítica con una contundencia que ni si-quiera se había

atrevido a usar el PNV. La UCD ya no es el enemigo común de todos los partides vascos: buena prueba

de cómo han cambiado las´cosas es el he-cho de que el Consistorio de Bilbao avalara el pasado jueves por

21 votos contra 5 una moción del partido del Gobierno en contra de la violencia.

Incluso en el plano de la acción policial las cosas son distintas. A falta de deten-ciones espectaculares —

en Soria apenas si hay ningún dirigente destacado—, el Go-bierno cada vez tiene más información so-bre

la estructura y los movimientos de ETA. El número de acciones abortadas me-diante la adopción de

precauciones disua-sorias ha sido en los últimos meses muy grande. Aunque la hostilidad de una parte del

pueblo vasco hacia las FOP no puede desvanecerse de la noche a la mañana, en algunos ambientes

nacionalistas empieza ya a abrirse camino la tesis según la cual la Guardia Civil y la Policía Armada no

defiende otra cosa sino el «statu QUO», el «orden establecido» y, como el marco jurídico que al menos

potencialmente aho-ra lo define es el Estatuto de Guernica, hay que pensar que cada agente muerto es, de

alguna manera, un caído al servicio de la autonomía vasca. Las cosas estarán defi-nitivamente claras para

el resto de la po-blación ei día en que deba ser enterrado, envuelto en la «ikurriña», el primer policía

autóctono víctima del terrorismo. En al-gún lugar de Euskalherría el jefe de los «ertzainak» peneuvistas,

un misterioso per-sonaje al que todos llaman «Mister X», ha tomado, por cierto, buena nota de la

insultante comparación del senador Cas-tells, asimilando el futuro Cuerpo de se-guridad del Consejo

General Vasco a los «harkis» argelinos que colaboraban con los franceses.

O GARAICOECHEA, UN «LENDAKARI» INTEGRADOR

Buena parte del mérito de este progresi-vo aislamiento de ETA, palpable a todos los niveles, lo tiene el

«lendakarl» Garai-coeehea. Desde el mismo día que lo co-nocí, hace ya años, embutido en su «kaiku»

verdinegro en un decadente «pub* de Pamplona, comprendí que era un gran intuitivo. Creo que la

mayoría de los ob-servadores han minusvalorado la persona-lidad de Garaieoechea en el espectacular

pulso que fueron las,negociaciones de la Moncloa. Esta semana su comportamiento ha_ sido

admirablemente integrador. Ga-raicoechea no podía presentarse en el País Vasco, codo con codo con el

Gobierno de Madrid, como el exterminador de ningún sector ciudadano. Ni tan siquiera de aquel que

apoya la lucha armada. Garaicoechea tenía que llegar, como ha llegado, con la mano tendida y la palabra

«reconciliación» en los labios. Estoy seguro de que muchos votantes de Herri Batasuna van a apreciar

este gesto de buena voluntad y a rectificar consecuentemente su rumbo político.

Reconciliación no es sinónimo de amnis-tía. Para Garaicoechea lo más cómodo hubiera sido dejar correr

el equívoco pro-vocado por la difusión de una sinopsis precipitada de sus declaraciones a «New York.

Times. El y su partido podrían haber puesto así en marcha de nuevo la dinámica del doble juego y del

frente co-mún contra la «bota opresora». Su reac-ción Inmediata fue, sin embargo, lanzarse a los medios

de comunicación y clarificar su posición, precisando además que sus buenos deseos estaban en ese

momento empañados por la indignación y el dolor secretario de Estado Josep Mèlia terminó de poner

anteayer las cosas en su sitio, que le causaban los últimos atentados. El descartando una nueva amnistía,

entre otras razones porque «sería una transgre-sión del contenido formal de los textos constitucionales».

La mejor prueba de que ETA está con-tra las cuerdas la constituye la peregrina teoría urdida a modo de

disculpa tras la triple explosión del domingo. Se trata de una argumentación tan endeble que la discusión

que querían suscitar en la opi-nión pública española sobre sí el Gobierno pudo o no pudo impedir los

atentados ha quedado trasladada con enorme virulencia a su propio campo, hasta el punto de que, según

algunas versiones, la rama «polí-tico-militar» está ya prácticamente di-suelta.

La versión más explícita del meollo de la trama desplegada ante los Informadores en la rocambolesca

rueda de Prensa del jueves puede encontrarse en unas decla-raciones previas de varios dirigentes eta-rras

al rotativo parisiense «Liberation». «Hemos olvidado un aspecto político capital —explican—, la división

profunda que so-bre este tema (el Estatuto de Guernica) reina en el partido gubernamental. Algu-nos

elementos cercanos a Suárez lo consi-deran indispensable para la permanencia de su partido en el Poder.

Otro bloque mi-noritario en UCD lo rechaza, entre ellos Martín Villa, Cisneros y Rosón, Este últi-mo ha

querido-aprovechar la ocasión D ara matar dos pájaros de un tiro: desacreditar al mismo tiempo la

autoridad de Suárez, demostrando que los estatutos no erradican el terrorismo, y la de ETA, probando

ante la opinión pública que sus acciones evolu-cionarán hacia un terrorismo ciego. El si-lencio de Rosón

durante la fatídica hora del pasado domingo se explica con este

ABC D O M IN G O; 5 DE AGOSTO DE 1979.

La versión coincidente de media docena de testigos oculares prueba de forma categórica e irrefutable el

carácter acciden-tal del incendio del hotel Corona de Aragón

Innoble doble cálculo. Nuestro error ha sido creer en la unidad del partido en el Poder respecto al

problema vasco y al Estatuto.»

En las declaraciones no se precisa si la aportación de Gaby Cisneros a esta cons-piración contra Suárez

consistió en recibir un tiro en el estómago o en resistirse a morir a consecuencia del mismo.

Q LOS PROBLEMAS DEL «ADIÓS A LAS ARMAS»

Toda desmovilización es siempre complí. cada y penosa. El «adiós: a las armas»

significa en este caso cambiar una vida de francachelas y dinero facil por un puesto de trabajo en el taller

o en la oficina. Puede que haya llegado el principio del fin de los etarras como apunta Jim Mar-kham en

«The New York Times», pero la suya va a ser una agonía lenta, plagada sin duda de zarpazos peligrosos.

Más que la fotografía de la situación importa, sin embargo, la tendencia de la curva, y cuanto más analizo

todos los elementos en juego, más convencido estoy de que la demo-cracia española ha empezado a ganar

esta terrible guerra. Pienso, por eso, que ha lle-gado la hora de la fortaleza, cimentada en la esperanza,

Todos, cada uno en nuestro puesto, debemos realizar un esfuerzo se-rio y responsable para que el Estado

con-solide su posición ganadora.

Esta llamada a la fortaleza va dirigida a un Gobierno que debe asumir el riesgo que conlleva combatir el

terrorismo con medios no convencionales, a unos jueces que tienen que tener el coraje de actuar según los

dictados de su conciencia y no según los humanos dictados del temor, a unos empresarios que deben ser

conscientes de cuál es el destino de ese Impuesto re-volucionarlo tan generalizado y dócilmente abonado,

a unos periodistas en la obliga-ción moral de ejercer un sereno autocon-trol sobre los centímetros de papel

Impreso que dedicamos a la difusión de los argu-mentos terroristas. Es una llamada dirigi-da, en suma, a

esos treinta y cinco millo-nes de conciencias individuales, verdaderos objetivos militares de la guerra

psicológica desplegada por la ETA. Que nadie olvide algo tan simple como el recordatorio del «Herald

Tribune» de que el terrorismo no tiene otro propósito sino el de aterrorizar. Sólo de nuestra ofuscación y

de nuestro pánico puede brotar su victoria. La hora de la fortaleza es por- eso la hora de la respuesta fría,

sistemática, científica, racio-nal, eficaz y solidarla.

£] LA ÚNICA VERDAD SOBRE EL IN-CENDIO DEL HOTEL

Buena parte del mal está dentro de no-sotros mismos. .-», preciso que erradique-mos ese viento de

oscurantismo y de en-fermiza sospecha que parece haber prendido en algunos sectores conservadores de

la sociedad. ¿Cómo es posible que a estas al-turas todavía haya numerosas personas que. contra toda

evidencia, se declaren convencidas de que lo ocurrido en el hotel Corona de Aragón no fue un accidente

sino un atentado, y cómo es cosible que órganos periodísticos de cierta difusión alienten casi diariamente

esa teoría? Es terrible pensar que a las víctimas del in-cendio haya que sumar muchas almas car-

bonizadas por la duda. Tras las declara-ciones de la señora de Meirás he tratado, por eso. de reconstruir

con el máximo de-talle lo que ocurrió en el hotel aquel jueves 12 de julio.

Poco después de las cinco de la mañana e1 ayudante de repostería del Corona de Aragón. Carlos Ladrero

Canales, se incor-poró a su trabajo. Como de costumbre fue él quien abrió la llave del gas correspon-

diente a la cocina, situada en un armarlo empotrado en la misma habitación utili-zada por los empleados

como vestuario. Al cabo de cierto tiempo fue también él quien encendió las cocinas del obrador de repos-

tería y la cafetería Formigal. En el caso concreto de la freidora de la cafetería re-guló el gas a la máxima

potencia, pues notó que salía con poca presión, tal y como venía ocurriendo en algunas ocasiones. Como

el aceite tarda en calentarse entre media hora y tres cuartos de hora, siguió su costumbre de trasladarse al

piso de arriba con el propósito de coger la masa para fabricar los churros y realizar en el intervalo algunos

trabajos de repostería. Normalmente son los camareros de la ca-fetería Formigal quienes le avisan del mo-

mento en que el aceite empieza a crepitar. Aquel día no le avisó nadie y fue su jefe quien le ordenó al

cabo del rato que bajara. Cuando se dirigía a la cafetería, un boto-nes le explicó que la freidora se había

in-cendiado.

Sobre las ocho y cuarto el camarero Pas-cual Martín Pellicero vio con sus propios ojos cómo de la sartén

brotaba una primera llamarada. Casi simultáneamente observé cómo su compañero en el servicio de

barra, Fernando García, intentaba apagar el fuo-go con un extintor de mano. La gober-nanta del hotel.

María Emilia Gallego Fan. lo, que a la sazón pasaba por la zona di servicio, fue igualmente testigo

presencial de cómo la sartén se ponía al rolo vivo y comenzaba a arder y de cómo los ca-mareros trataban

de sofocar el fuego.

Q TRES LITROS DE BAYGON, CUA-TRO HORAS ANTES

A ellos se sumaron Carlos Ladrero y el bo-tones. Carlos Ladrero contempló cómo las llamas subían hacia

el techo, desaparecien-do por el interior de la campana extracta-ra. Pudo ver cómo algo ardía también en

el suelo, presumiendo que serían mancha» de grasa o de pintura. Súbitamente vio cómo las llamas se

extendían a gran velo-cidad por las paredes, ganando el techo del local. Tratando de ayudar a Fernando

García y Pascual Martín Pellicero. se au-sentó unos Instantes en busca de otro ex-tintor. Cuando regresó

con él en la mano», pudo apreciar cómo el fuego se había ex-tendido notablemente y cómo las botellas y

bombillas de la zona del mostrador em-pezaban a romperse y a incendiarse. Al darse cuenta de que no

podían dominar el fuego, avisaron a conserjería para que llamaran a los bomberos. El grupo de em-

pleados allí reunidos salieron a la calle. siendo testigos de cómo los cristales de la cafetería Piccadilli.

situada Inmedlatamen-.te encima del lugar donde había comenza-do el incendio, se abombaban y caían

rotos a la calle.

Ocho horas antes de que todo esto ocu-rriera, el empleado de la empresa de desin-sectación CIAPE. don

Ramón Muñoz Arro. yo, había llegado al hotel con objeto de cumplir una de las cláusulas del contrato

firmado dos años atrás por la dirección dal Corona v el representante mercantil de CIAPE. don Máximo

Mainar Luño. De acuerdo con el compromiso de desinsectar mensualmente algunas dependencias del

hotel, el señor Muñoz Arroyo pidió las lla-ves pertinentes en conserjería y se entrego a su trabajo hasta

POCO antes de las cua-tro de la madrugada. Aunque habitualmen-te utilizaba el producto Insecon. aquel

dia empleó Baygón —mucho más fuerte y efec-tivo— por haberle indicado la gobernanta eme

últimamente había muchos Insectos. El señor Muñoz Arroyo utilizó also menos de tres litros de este

producto. Entre la media docena de dependencias desinfectadas estu-vieron las cafeterías Picadilli y

Formigal. Con todo respeto hacia las opiniones ajenas, pienso que a partir de estos datos quienes sigan

insistiendo en la teoría del atentado estarán acusando de falso testi-monio a media docena de personas con

nombres y apellides, o sugiriendo que en el hotel Corona de Aragón tuvieron lu-gar dos Incendios el

mismo día y a la mis-ma hora: uno accidental y otro provocada. En el primer caso es posible que tengan

que vérselas con el juez; en el segundo habrán de enfrentarse sin duda con el cálculo de probabilidades.—

Pedro J. RA-MÍREZ.

LA FRASE DE LA SEMANA

RAMÓN RUBIAL:

«Hay. una manera de liquidar a ETA: lo que hizo Francia con la OAS»

 

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