Autor: Vizcaya, Marcos. 
   Ahí va nuestra mano     
 
 El País.    24/03/1979.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

OPINIÓN

TRIBUNA LIBRE

Ahí va nuestra mano

MARCOS VIZCAYA Diputado del partido Nacionalista Vasco

Vamos a discutir una parte pequeña de nuestras aspiraciones contenida en el Estatuto; una parte pequeña pero apreciabilísina, en cuya; defensa pondremos todos nuestro corazón, ya que también en las cosas pequeñas ístá la patria entera contenida. Seguimos adelante sin titubear. Pero si la incomprensión de quienes han de oírnos es tanta que aquel Estatuto se nos negara, sabed, compatriotas/en este momento solemne, que vuestros diputados están conjurados para pedir en pleno Parlamento, arrostrando hasta la muerte, si preciso fuera, la independencia plena de Euskadi.»

Estas emocionantes palabras las pronunció el tan añorado Lendakari vasco don José Antonio de Aguirre con motivo del Aberri Eguna celebrado en Bilbao el año 1932. Este discurso tiene hoy plena vigencia.

En diversas ocasiones he hecho mías estas frases, sobre cuyo contenido y alcance, en los momentos que estamos viviendo, he meditado a fondo, dadas las negras tinieblas que sobre el proyecto de Estatuto de autonomía parecen acechar en Madrid.

Las circunstancias en las que nuestro lendakari las dijo no son las mismas, pero sí muy semejantes. Hoy y ayer, su mensaje produce un escalofrío por todo el cuerpo; hoy, como ayer, su impacto es grande y provoca rasgaduras de vestiduras y escándalos malévolos. ¿Por qué?

Me pregunto, ante tanto fariseísmo, qué caminos le quedan a un partido como el Nacionalista Vasco, que con la paz y el diálogo por toda arma va a las más diversas instancias de poder a plantear soluciones conciliadoras, solidarias, políticas y justas para levantar a Euskadi, para asegurar su supervivencia como pueblo, y no recibe como respuesta más que vejaciones, incomprensiones, ataques fulminantes y negativas rotundas.

No hay que recordar a nadie el calvario que padeció el Partido Nacionalista Vasco en los debates constitucionales, en los que UCD rompió, por cinco veces consecutivas, sus compromisos. A nadie se le oculta que la vía foral que planteó el Partido Nacionalista Vasco en sus enmiendas a la Constitución (disposición adicional) fue rechazada aun cuando era una oportunidad histórica para empezar a curar las heridas abiertas que aún tiene el pueblo vasco.

Todo el mundo sabe que no sólo no devuelven a Guipúzcoa y Vizcaya sus conciertos económicos, sino que existe el peligro inminente de que los arrebaten a Álava y Navarra.

Nadie desconoce la cicatería de UCD para con el Decreto de

bilingüismo, o su racanería a la hora de traspasar facultades al Consejo General Vasco, o su incalificable torpeza al intentar solucionar los problemas de nuestro pueblo con medidas policiales, no generando otra cosa más que radicalismo y exacerbando aún más los ánimos, como se ha comprobado en las pasadas elecciones.

Pues bien, el Partido Nacionalista Vasco, en medio de este contexto, a pesar de todo y de todos, contra viento y marea, y sin cambiar sus objetivos y estrategias, aunque a su alrededor surja la violencia revolucionaria o la incomprensión más cruel para con los derechos de un pueblo, vuelve a plantear soluciones políticas, dialogantes y pacíficas, a través del Estatuto de autonomía. Se nos cerró una vía, la foral; vamos, entonces, por otra, la estatutaria.

El proyecto de Estatuto de autonomía, presentado el 29-12-78 en el Congreso, es un proyecto constitucional. Precisamente el Partido Nacionalista Vasco no quiso, aunque fuera más fácil,

hacer un Estatuto testimonial ni demagógico porque sus recortes o rechazo en Madrid podrían generar aún más frustraciones en Euskadi, y Euskadi no está para más frustraciones. Esto lo saben hasta en el más recóndito lugar del mundo.

El Partido Nacionalista Vasco ha trabajado y defiende un proyecto de estatuto realista y posibilista. El Partido Nacionalista Vasco ha sabido contener una gran parte de sus aspiraciones en aras de la concordia y el entendimiento.

Muy pocos saben de lo ingrata que es la tarea asumida por el Partido Nacionalista Vasco, del coste que genera, del esfuerzo que supone en el contexto de la Euskadi de la República y de la Euskadi actual. Cuánto más fáciles son otras tácticas y otros métodos mucho más espectaculares e incluso hasta más populares. Pero el Partido Nacionalista Vasco, en su lucha por una mayor libertad, justicia, solidaridad y paz, no va a regatear esfuerzos, como no los ha regateado nunca.

Pero la paciencia del pueblo, la paciencia del Partido Nacionalista Vasco, tiene unos límites. No puede ya nadie provocar más a nuestro pueblo sin que se agote nuestra paciencia.

Y «tura eso, para logar que se acabe de una vez tanta incompresión, tanta marginación tanto desoír las reivindicaciones de nuestro pueblo, el Partido Nacionalista Vasco, junto con otros partidos, tiende una mano de paz y reconciliación: el proyecto de Estatuto de autonomía, la última esperanza, el ultimo vagón del último tren de paz que pasa por Euskadi. ¡Que nadie lo vacíe de contenido, que nadie lo rebaje en su esencial

Si, a pesar de todo nuestro esfuerzo y sacrificio, se nos rechaza rotundamente la mano que tendemos, «sabed, compatriotas, que nuestros diputados están conjurados para pedir en pleno Parlamento, arrostrando hasta la muerte, si preciso fuera, la independencia plena de Euskadi». (José A. de Aguirre, 1932.)

¿Qué otra salida le puede quedar al Partido Nacionalista Vasco, con las vías foral y estatutaria cerradas, con los ánimos exasperados y rotos, con la paciencia colmada y con los derechos vascos ignorados?

¡Que no llegue este momento, que no sea necesario, porque la razón y la comprensión se imponen por encima de partidismos y personalismos! Este es el deseo del Partido Nacionalista Vasco y su responsabilidad. Que cada uno asuma la que le corresponde, y que no se cumplan los negros presagios que sobre el proyecto de estatuto parecen cernirse en medios políticos poderosos.

 

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