Autor: Urbano, Pilar. 
   El arte de estar en La Moncloa     
 
 ABC.    05/08/1979.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

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EL ARTE DE ESTAR EN LA MONCLOA

La serpiente de la tentación se me enrosca en la cintura, asciende por mi cuello

hasta el oído y allí

deposita una suave perla venenosa: «¡ Habla mal de Suárez, ahora que está

ausente!» Mi elegante

conciencia la despide con desdén: «Sólo hablaré mal del "jefe" si tengo la

seguridad de que va a enterarse

en seguida.» Hoy mismo, un escritor político le acusa de «tenebroso y ambiguo»,

de «hacer más cosas por

bajo que por alto». Ayer, un hombre de su partido me criticaba sin pudor que

«Suárez cercene todo atisbo

de liderazgo que, de veras, pueda hacerle sombra». ¥ quizá todo ello sea cierto.

¥ quizá el balance de este

Gobierno cuatrimesino sólo sea un «impasse»..., y la factura, al futuro. ¥ quizá

los clamorosos problemas

españoles sigan ahí, como troncos secos que ni reverdecen ni se talan. Y quizá

«la dolorosa»

independentista, soterrada en el Estatuto vasco, se pase al cobro un «después»

no muy lejano. ¥ quizá el

«Estatut de Sau» se ventile a la desesperada en las alucinantes duermevelas de

este fin de semana en

Moncloavillage... con el «jefe» ausente, sí, pero con el contencioso de los

«dineros públicos» bien

presente. ¥ quizá don Manuel Fraga haya hecho bien dando portazo al paripé

parlamentario. ¥ quizá...

• Los genes peligrosos, los pecados originales del «Guernica» y del «Sau» se

llamaban,

respectivamente, «separatismo» y «marxismo». Así, llanamente, me lo

declaró un factótum de la

Moncloa, cierta tarde de junio, cuando se estudiaban los «motivos de

desacuerdo». ¿Cabe hoy la

sospecha de que aquellos peligrosos genes no hayan perdido su potencia

de «hacer casta»? Mañana

veremos.

• Yo no creo tanto en el periodismo como en los periodistas. Por

eso, me jugaría los dedos de

teclear en favor del colega Markham, del «New York Times», cuando interpreta

así las palabras de

Garaicoechea: «He means an amnisty for ETA´s killers, if...» («El

quiere decir una amnistía

para los asesinos de ETA, sí...»). Casualmente estaba yo en el

pabellón de «Inteligencia» de la

Moncloa, cuando el estupor siguió el teletipo con la transcripción literal

de las declaraciones del

«lendakari». De inmediato, se produjo la «operación mentis». Maquillaje cara

a la galería. ¥

Garaicoechea, donde dijo «digo», dijo «diego». ¥ pasó la nube. Claro, que

muy pocas horas después, en

rocambolesca rueda de Prensa, los encapuchados etarras «pm» volvían a

demandar el traslado de

presos vascos y afirmaban y documentaban «contactos y negociaciones con el

Gobierno... que llegaron

hasta la persona de Suárez». Fuentes solventísimas —supongo— del Ministerio

del Interior me

argüían: «Bueno, directamente el Gobierno no ha negociado con ETA. Pero un

Garaicoechea, un

Bandrés, un Arzallus, un Vizcaya... son, si quieren serlo,

hombrespuente validísimos, porque ¡

ellos sí que hablan con ETA... y con el Gobierno!» Pero también

la «Inteligencia» monclovita

clavó el asta del mentís rotundamente. Y otra vez pasó la nube. ¥ suma y

sigue...

* Con la mayor desfachatez, los acólitos del ministro de la Presidencia nos

regatean información puntual

contante y sonante sobre las conversaciones Gobierno-catalanes, pretextando que

«hay un pacto de

silencio». La cosa es seria, señores. Porque, o en una democracia se gobierna

para el pueblo, con el

pueblo y cara al pueblo, o estamos en el tenebrismo, en la ocultación de «la

política por bajo». En el

oficio de tinieblas. ¥ dejar pasar el tiempo y el silencio sobre las ascuas

crepitantes puede ser más que el

noble «arte de gobernar el hábil «arte de estar en la Moncloa. Pilar URBANO.

 

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