Autor: Borbón Parma, María Teresa de. 
   ¿Euskadi en dos bloques?     
 
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¿Euskadi en dos bloques?

Hace ciento cincuenta años que defendemos el principio de autonomía de los pueblos como base de una unidad foral originaria y responsable. Entonces lo hacíamos dentro de un contexto determinado, cuya expresión imperfecta eran nuestros Fueros. Con el aplastamiento de las fuerzas populares carlistas, los Fueros se vieron no solamente suprimidos, sino condenados como expresión de un arcaísmo superado, ignorándose su contenido real de responsabilidad.

Los acontecimientos que vivimos hoy no dejan de tener un claro sentido histórico. A fuerza de ignorar o negar el principio de autonomía, a fuerza de querer imponer la unidad sobre la base de la uniformidad, se ha logrado antes y, por supuesto, mucho más durante la era franquista, dividir profundamente a Euskadi: "Euskadi de los vascos", "Euskadi de los españoles", y ese maniqueísmo simplista puede hoy dar al traste con el diálogo democrático, con la construcción democrática de un Estado, en el que deben de participar todos los pueblos.

La cuestión de la reintegración foral ha encendido la mecha. No se ha adarado del todo, ni mucho menos, su significado y alcance. Todo el mundo se lanza a la batalla pensando "en vasco" o "en español"..., actuando en nombre de "tos vascos" o de "tos españoles".

Autonomía y convivencia

Sólo un partido, el Partido Carlista, ha expresado por su actitud y opción política que es posible aunar la autonomía con la convivencia. En efecto, desde el primer momento hemos apoyado la reintegración foral como principio de libertad negado por el centralismo. Como principio de autonomía de los pueblos. Y, al tiempo, hemos afirmado nuestro apoyo a la Constitución, no haciendo condición de este apoyo el que prosperase o no la enmienda.

Para nosotros se trata, en efecto, de empezar ya desde ahora esta construcción democrática que, para serlo, debe no sólo remitirse a un esquema coherente, el esquema que preside al sistema parlamentario europeo, sino arrancar las concretas circunstancias que tipifican la situación actual de los pueblos de España. Parte esencial de estas "circunstancias" es la voluntad autonómica, frustrada tanto tiempo, frustrada tras guerras populares, y que ahora se da como condición necesaria de una soberanía popular ejercida dentro del cuadro democrático.

Ahora bien, la autonomía y su proyección, la reintegración foral, deben ceñirse a dos condiciones: en primer lugar, estar en consonancia con los ejes ideológicos de los partidos que las proponen y, en segundo lugar, evidentemente, acoplarse a los tiempos que vivimos y no pretender retrotraernos a un pasado superado.No al privilegio

Para nosotros, como para todo partido con firme propósito ideológico, esta reintegración no ha de vulnerar al proyecto socialista, la convivencia social enfocada desde el ángulo socialista. Para esto hemos dicho que no debe suponer un privilegio del que gozaría Euskadi, discriminando a otras nacionalidades (máxime cuando estas otras nacionalidades ven rebajadas de momento sus posibilidades de desarrollo cultural y económico); no debe suponer evadir contribuciones, sino organizarías desde dentro. Ni tampoco inhibirse ante servicios que se deben prestar a la comunidad.

En este caso se trataría de una actitud egoísta con la que no podíamos estar de acuerdo. Se trata realmente de una mayor capacidad para el pueblo de Euskadi, en este caso- de regir sus propios asuntos, es decir, principalmente, de controlar los enormes poderíos económicos que suponen su desarrollo industrial. El control de las transnacionales lo lograremos de abajo a arriba, a medida que los entes territoriales, junto a los sindicatos y partidos, tomen carta en el asunto.

Autonomía para el futuro

De esta mayor capacidad deben gozar seguidamente otros pueblos a medida que vayan adquiriendo conciencia de su identidad y desarrollándose en este sentido. Asi, Euskadi, en vez de no querer saber nada del resto de España, serviría de pauta a la estructuración de otras nacionalidades, se comprometerla incluso con su desarrollo. Así la autonomía, lejos de resucitar al pasado, nos introduce al futuro.

Sus partidarios y sus adversarios, la vez de luchar frontalmente y desesperadamente, debían de empelar a concretar qué es lo que significa y cómo se puede estructurar de manera que la Constitución sea de todos, de manera que cobre ana estructura más real.

Es no sólo condición de paz, sino cauce para la capacidad creativa de tos pueblos. Más allá del consenso, el debate político y público serie, en torno a este problema, permitirá aclarar las perspectivas de futuro y las exigencias que plantean de cara al presente.

María Teresa de Borbón Parma

 

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