¿De qué lado está Giscard?     
 
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¿De qué lado está Giscard?

El presidente Suárez inicia hoy su visita a París precedido por dos declaraciones que son como un síntoma de las dificultades del viaje: una, la del presidente Giscard, en un reciente viaje al sudoeste francés, señalando, en términos muy duros, que si el Gobierno español no es capaz de resolver sus problemas con el terrorismo, no será Francia quien le ayude. Es decir, que nada de colaboración en la lucha contra ETA.

La segunda declaración, hecha ex profeso por el primer ministro galo, Barre, a la agencia Efe, incide en el otro tema primordial que será abordado por Suárez: el ingreso español en el Mercado Común Europeo. Y Barre dijo que Francia es partidaria de aplicar plazos muy largos, «alrededor de diez años», en nuestra entrada en la CEE.

Resulta sorprendente que Giscard d Estaing olvide, al argumentar en materia de terrorismo que debe ser el Gobierno español quien, única y exclusivamente, solucione sus problemas, el asiento que estos «problemas» gozan en territorio francés. El propio corresponsal en Madrid de la- agencia France Presse desmintió públicamente al abogado de Herri Batasuna Miguel Castells cuando éste dijo que no había bases de entrenamiento de ETA en Francia. «Yo mismo he visitado esas bases hace poco», dijo el periodista al desconcertado Castells.

La impunidad en que se mueven los dirigentes de ETA en el sur de Francia es tan conocida, por otra parte, que ya nadie se molesta en negarlo. Por ello, parece especiamiente insólita esta negativa de un Gobierno democrático a prestar ayuda a otro Gobierno democrático frente a quienes mientan, precisamente, desestabilizar esta democracia. Ya no va a quedar otro recurso que deducir que a París le conviene un Estado español cada vez más debilitado.

El segundo gran tema es la Comunidad Europea. Está ya meridianamente claro que las egoístas tesis de los agricultores del Midi francés, miope y electoralistamente apoyadas por la derecha de Chirac y por la izquierda de Marcháis, encuentran eco en el Gobierno francés. Las tesis políticas giscardianas, favorables a la construcción de una gran Europa, se ven ahora sustituidas por un cicatero proteccionismo.

A la vista de todo esto, hay que preguntarse si no será hora de que la diplomacia española se replantee el papel que ella misma ha asignado a Francia: Giscard, el gran aliado. París, nuestra vía hacia la Comunidad Económica Europea... Todo esto, ¿sigue siendo cierto? A la vista de las declaraciones antes citadas y a la vista de los hechos, parece que hay buenas razones para dudarlo.

Las pruebas confirman, por anón, que no existen «amigos especiales» ni se pueden esperar tratos de favor, al menos en el tema del ingreso de España en la CEE. En cuanto a la lucha contra ETA, ya no se trata de pedir favores, sino de aplicar tratados internacionales y preguntar al Quai d´Orsay de qué lado se sitúa en esta guerra.

 

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