Suplicatorios concedidos     
 
 ABC.    28/11/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

SUPLICATORIOS CONCEDIDOS

Por amplia mayoría, el Congreso, en sesión plenaria, ha acordado conceder los suplicatorios para el procesamiento dé tos diputados Monzón y Letamendía, a quienes se imputan los delitos de apología del terrorismo y resistencia a la autoridad.

La tramitación de estos suplicatorios, como se recordará, sufrió ciertos retrasos que fueron atribuidos, en su día, a la Inoportunidad política de concederlos en vísperas del refrendo del Estatuto de autonomía vasco. Fuese o no cierta esta explicación, el Congreso ha terminado adoptando una decisión que dignifica, sin duda alguna, la función parlamentaria y que tiene, también sin duda, plena legitimidad constitucional porque el artículo 71 de la Constitución permite que los diputados puedan ser procesados con autorización de la cámara

Naturalmente, cuando escribimos esto no prejuzgamos en modo alguno que el resultado del proceso, que se seguirá en la Sala correspondiente del Tribunal Supremo, sea condenatorio.

No lo prejuzgamos, pero no silenciamos tampoco que el clamor de la opinión pública ha sido siempre favorable a la concesión de estos suplicatorios —y adverso, por lo tanto, a la actuación de ambos diputados— y que, en definitiva, la gran mayoría de sus compañeros de escaño ha aprobado, en votación secreta, el procesamiento. No a otra cosa equivale la concesión de los suplicatorios.

Como era de esperar, se ha alzado contra ésta ejemplar decisión de la Cámara e! diputado Bandrés, calificando la concesión de «desastre» y diciendo que representa «un duro golpe para los que seguimos creyendo en el Parlamento, al tiempo que aumentará la desconfianza de los sectores que ya no creían en él, tales como los representados por Letamendía y Monzón»

Por lo visto este diputado tiene un muy peregrino concepto de lo que es un Parlamento democrático. En primer lugar ía inmunidad parlamentaria —quizá mal llamada «inviolabilidad»— no significa Impunidad para la comisión de delitos. En segundo lugar, el Parlamento, por su propio prestigio, por su propia enorme responsabilidad, no debe negarse, en estas ocasiones tan resonantes, a dar ejemplo de sumisión a la competencia del poder judicial. Si todos los ciudadanos deben respetar las leyes, ¿quién con mayor ejemplaridad les debe público acatamiento sino los miembros del poder legislativo?

Seguramente, pues que lo dice diputado experto en el particular conocimiento de tos partidos vascos, los sectores representados por Letamendía y Monzón no creen en el Parlamento. Pero más les incitará a creer en él la concesión de los suplicatorios que el silencio o la tolerancia de la Cámara ante conductas públicas que razonablemente permiten una calificación de presunta delincuencia.

Por muy diversas causas que no reclaman análisis en este comentario, el Parlamento ha perdido prestigio público en los últimos tiempos. Se han comentado, con lógico acento crítico, vacíos de presencias y de debates. Pues bien, aunque la ocasión sea de las que no deseamos ver repetida, la votación favorable a la concesión de los suplicatorios devuelve prestigio político al Congreso de los Diputados.

El poder judicial —poder clave para el mantenimiento de la democracia— tiene ahora la palabra. A él corresponde decidir si han delinquido o no los dos diputados, Monzón y Letamendía. Ni una palabra más tenemos que añadir aquí salvo reiterar nuestro aplauso a la ejemplaridad de la votación del Congreso.

 

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