Podar la rama podrida     
 
 ABC.    31/10/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

PODAR LA RAMA PODRIDA

•El libro acaba de empezar a escribirse. Estaba en blanco, como una promesa, y ya en su primera hoja han echado una mancha de sangre joven. E1 primer «caído» desde que la voluntad de autogobierno del Pueblo Vasco puso en pie sobre las urnas el papel del Estatuto. Ha muerto un socialista español. Ha muerto un trabajador del País Vasco. La guerra de los vascos ha comenzado. Y en la primera pagina de la que habrá de ser «crónica apasionante de la pacificación y reconstrución de Euzkadi», un ataúd ceñido por una bandera roja y unas palabras que, dichas por quien las dijo y ante quien las dijo, tienen todo el valor de una arenga guerrera. Escueta., pero implacable: «Lo ha matado ETA. Ni un paso atrás en la lucha contra el terrorismo. Y venceremos porque tenemos la razón», dijo allí, en Zumaya, Txiki Benegas delante de 3.000 vascos. Muchos de ellos, ¿quién lo duda?, jornadas atrás habrán alzado el puño gritando «¡Gora ETA!» o «¡ETA, ETA, metralletas!» El domingo, no. El domingo, 28, acusaban, indignados: «ETA, vosotros sois los asesinos.»

• Sí, eso lo sabíamos todos aquí. Eso lo habíamos oído gritar aquí, aquí en Madrid, en la plaza de Oriente, y en la calle Alcalá, y en la .Puerta del Sol. Pero allí, no. Allí, nunca. Allí, las víctimas de ETA tenían entierros furtivos, acelerados por la precaución y el miedo, sin elegías fúnebres ni pancartas callejeras de «consternación», de «indignación..., sin marchas lentas de «repulsa unánime». Y ahora si. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué alrededor del cuerpo destrozado de Germán González «se congregaron las águilas...»? ¿Por qué los dirigentes de tan diferentes siglas políticas y sindicales apretaron filas, y le plantaron cara a los matarifes del rostro tapad»?

• Algo importante ha cambiado. Cierto que las izquierdas siempre han sabido protestar con energía por sus muertos. Cierto también que los partidos marxistas, PSOE, PCE. PTE... y sus correas de transmisión sindical, UGT, CC.OO, no nos sorprenden ya con sus «episodios de reconciliación», por una hora o por una jornada, cuando se trata de unirse «a la contra» de alguien: de los «fascistas», de los empresarios, de la Policía «violenta» o del Gobierno. Sin embargo, esta vez «era otra guerra». Otro enemigo común. Y llegó a lo que quería decir desde que tecleé la primera letra: esos vascos que se compactaron el domingo como pueblo herido en la primera alegría de su Estatuto tienen la obligación histórica, indeclinable, de podar de cuajo la rama podrida de su centenario roble «guernica». Sí. Como ha dicho Txiki Benegas, tienen «la razón»: la razón de la. Ley. Y para defender ese patrimonio, no cabe «un solo paso atrás». España entera acecha. Cuando muere un vasco, un español muere.

• Tan alto cargo nacional del FSOE dijo a raíz del atentado: «Si por cada obrero o cada socialista que nos maten, matásemos a tres de la ETA, no lo intentarían de nuevo. Parece que no hay otra solución.» ¡Ah, no!, la solución no puede ser el encarnizamiento y la revancha. La solución se la escuché, una tarde lluviosa en Guernica, al propio Garaicoechea: «Si el Estatuto no acaba siendo una engañifa de Madrid, el anebló rasco privará de su oxígeno a la ETA. Y ETA no tendrá más "narices" que desaparecer y someterse.» Madrid tiene la penúltima palabra, todavía. Y el Pueblo Vasco, la última: negar el pan y la sal... a quien les mata.—Pilar URBANO.

 

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