Un crimen explicable     
 
 ABC.    18/11/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

UN CRIMEN EXPLICABLE

Hay periódicos que se extrañan ante el último crimen terrorista en Vascongadas. Incluso uno, que encabeza así la noticia: «Un asesinato inexplicable». Lo que parece querer decir que todos los demás, los de militares, guardias, magistrados, presidentes de la Diputación, obreros y taxistas sí eran explicables. La diferencia está en que a esta última víctima no se fe conocía color político determinado que justificara el ametrallamiento.

Lo peor de esta guerra no admitida oficialmente es la distorsión que se produce en las conciencias, la confusión que se establece en unas normas que debieran ser invariables. La gente empieza a admitir como hecho natural el asesinato de un policía, de un coronel o un ex alcalde del régimen anterior. Los considera, en cierto modo, como beligerantes en el conflicto y encuentra lógica su muerte por la espalda en cualquier esquina. «Es que era guardia civil», dicen, razonando el delito. Y si el muerto no vestía uniforme se encuentra una explicación perfectamente satisfactoria: «Es que era de derechas». Y ya está. Ya existen motivos suficientes para el crimen. Ya están disculpados los agresores.

«Un asesinato inexplicable» es un título desafortunado, cuando menos. ¿Eran explicables todos los anteriores, que suman ya tres centenares? Sin contar con que,, en los próximos días, sabremos que este trabajador se había negado a pagar al «Impuesto revolucionario», o había votado en contra del Estatuto, o tenía un pariente militar, o había censurado ante los, amigos los continuos crímenes de la ETA. Se fundamenta ahora la incomprensión de su muerte esgrimiendo el argumento de su bondad. «Era una buena persona», se escribe. ¿Eran tan malos, tan íntegramente perversos los otros trescientos, como para pensar que este caso significa un error de la ETA, y que esa cuadrilla de asesinos es, en realidad, una organización justiciera encargada del premio y el castigo de los puros y los malvados?

Mucho nos tememos que estos crímenes convertidos en hábito tolerado e impune están socavando, entre otras muchas cosas, nuestra misma configuración moral, nuestros más respetables principios éticos y hasta nuestro cristiano entendimiento de la vida y la muerte. Hay que aclararse los ojos y la mente y decirse en voz alta que este nuevo crimen es, por desgracia, perfectamente explicable. Explicable, porque es un acto más de terror con que se atemoriza a todo un pueblo. Explicable, porque es una acción más de una sucia guerra que todos conocemos y rechazamos. Explicable, en fin, porque es una vuelta más del tornillo con que se agarrota el futuro de orden y de paz que desean todos los buenos españoles.

 

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