Autor: Veciana, Ricardo. 
   La ETA, el franquismo y la democracia     
 
 Diario 16.    12/12/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

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En contra de ID que podría pensarse, no existe en el País Vasco un plan policial especial. Ello, que es en sí un fracaso, ocasiona esa falta de eficacia que sería no sólo deseable sino mínimamente necesaria. Las medidas políticas, que se han aplicado con insistencia, no bastan, se han mostrado insuficientes.

La ETA, el franquismo y la democracia

Ricardo Veciana

Desde la muerte del anterior jefe del Estado, hasta hoy, en Euskadi se han producido más de doscientas muertes violentas en relación con la situación política vivida en ese país. O sea, resulta una media de cuatro muertes al mes. Realmente no puede decirse que sea una guerra pero sí hemos de convenir en que representa una situación especial que requiere un tratamiento político, policial y en algunos aspectos incluso militar, diferente al de otras zonas del territorio nacional.

Hace ya veintiún años que la organización terrorista ETA decidió adoptar como medio para conseguir sus objetivos la lucha armada. En este tiempo, no sólo no se ha podido reducir sino, tan siquiera, controlar su crecimiento. Como esta desmaña la han evidenciado los sucesivos gobiernos franquistas y los del nuevo régimen, nos puede llevar a la conclusión de que la ineptitud al respecto no tiene que ver con la condición ideológica y sí con la de gobernante español.

Errores del franquismo y errores de la democracia

El pasado régimen con su cerrazón a no considerar la problemática del País Vasco más que como un asunto de orden público, propició la fanatización de los elementos más radicales de aquel nacionalismo. Sólo supo aplicar medidas represivas que generaron más fanáticos independentistas y produjeron el actual divorcio entre las Fuerzas de Seguridad del Estado (FSE) y el pueblo vasco.

La muerte de Franco pudo hacernos creer iba a acallar las metralletas, al menos hasta ver como discurría la nueva política española, pero entre diciembre del 75 y enero del 76 dicha organización producía su mayor índice de muertes.

De entonces acá es cierto que los gobiernos de Suárez han adoptado con mayor o menor oportunidad todas las medidas políticas que el diagnóstico de Euskadi requería. Desde la legalización de la «ikurriña», pasando por la amnistía, hasta la aprobación del Estatuto, se ha recorrido un camino imprescindible pero no suficiente. El péndulo que nos persigue como sino histórico, en este asunto, nos ha llevado a aplicar, con el franquismo, solamente la represión, y con la democracia cia, únicamente las medidas políticas. Y no es que el Gobierno de UCD peque de blandura en lo que a la utilización de las FSE se refiere

-ahí tenemos el tratamiento dado en Galicia a los contestatarios del Estatuto o el vapuleo aplicado a las abortistas madrileñas— sino que, quizá por evitar caer .en los errores del pasado régimen, hayan olvidado que una organización terrorista que defiende tesis quiméricas —utópico resulta hoy pensar en la segregación de parte del territorio de un Estado europeo— y con una infraestructura y capacidad como los de ETA ha de ser combatida globalmente—.

Las acciones del Gobierno

En el plano de las acciones diplomáticas pensamos que en algo se ha adelantado. La retirada, por parte de las autoridades francesas, de la carta de refugiado a algunos etarras, hay que valorarlo como signo positivo aunque lo cierto es que Giscard sigue toreando a Suárez., en este sentido y no colabora decididamente por miedo a que las acciones terroristas se extiendan al País Vasco-francés.

La visita de Gromyko a las condenas de la U. R. S. S. al último secuestro son esperanzadoras pruebas de haberse dado un importante paso adelante. Los acuerdos con esta cancillería pueden ser básicos en la lucha diplomática contra la ETA.

Pensamos que en el terreno diplomático, teatro de operaciones decisivo en la-lucha anti-ETA, algo se ha conseguido pero ni mucho menos lo que sería necesario. Por lo que a medidas políticas se refiere, una vez aprobado el Estatuto no cabeinras que traspasar las atribuciones sin cicateos y con rapidez, para haberlas agotado.

Donde ha fracasado rotundamente es en la aplicación de las insustituibles medidas policiales y no por haberlas aplicado mal, sino por no aplicarlas.

La Policía en Euskadi no posee ni una organización adaptada a las especiales circunstancias, ni más medios, ni más especialistas o expertos funcionarios. Es más, por razón de las dificultades que éstos atraviesan en aquella zona, resultan ser en su mayoría muy jóvenes —es a éstos a quien corresponde ir destinados forzosos— y por tanto poco expertos; escasamente conocedores del entorno —puesto que pasan en general destinados sólo el tiempo indispensable— y difícilmente los mejores, como sería lógico pensar, ya que éstos pueden optar por plantillas más cómodas.

 

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