El problema vasco     
 
 ABC.    22/03/1979.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ABC. JUEVES, 22 DE MARZO DE 1979.

EL PROBLEMA VASCO

El problema de! País Vasco es uno de Los que se ha agudizado en forma alarmante en los últimos años. No es —lo hemos repetido en incontables ocasiones— un problema específico que atañe solamente a aquel pueblo y a aquella tierra, sino una cuestión esencial que afecta a toda la comunidad española con carácter prioritario. Nadie debe considerar con indiferencia o desdén este proceso. Sin la colaboración activa de los vascos, España dejaría de ser lo que fue durante siglos, con \a colectividad vasca enraizada en las tareas solidarias de nuestra nación. Se rompió por vez primera esa vinculación profunda y continuada en ocasión de la primera guerra carlista. De ahí arrancó el capítulo inicial de la insatisfacción popular. No vamos a reiterar aquí lo que en las páginas de ABC se ha comentado y analizado en muchas oportunidades; es decir, el largo y complejo camino recorrido desde el Convenio de Versara hasta el independentismo, triste ejemplo de una mutua, oscura y torpe incomprensión.

Ahora brota de nuevo el problema con la acumulación de elementos negativos que registran las noticias de los últimos tiempos; a saber: et voto mayoritario, negativo y abstenido en el «referéndum» constitucional. El avance notable de las más radicales versiones nacionalistas en las últimas elecciones generales totalizando un cuarto de millón de votos populares. El gesto desafiante de un diputado del PNV amenazando con pasarse al indepentismo si se toca una línea del proyecto actual del Estatuto vasco depositado en el Congreso el último día hábil del mes de diciembre pasado. Y junto a ello, la sombría perspectiva de unas elecciones municipales en las que en Guipúzcoa y Vizcaya pueden resultar elegidos centenares de concejales de filiación etarra, aunque su etiqueta oficial revista otras apariencias. Con ello puede ponerse en marcha otro proceso popular, municipal y constituyente de signo extremista, que daría lugar a una situación límite que acabaría con la propia negociación estatutaria a realizar en Madrid.

Son demasiados síntomas para que no llamemos la atención del Gobierno y de Jos partidos políticos en general, sobre ese conflicto latente y grave que pesa sobre el porvenir de la convivencia democrática española y en el que la violencia no es sino un factor —escandaloso e inadmisible— entre los otros muchos que componen el panorama global.

Es preciso mirar de cara a este pro-Mema, empezando por analizar en profundidad sus causas interiores y exógenas. Y trazar un plan inteligente, realista y audaz para tratar da resolver el problema que es, ante todo, un problema político. La opinión pública, española v vascongada, debe estar informada de esta cuestión y es preciso movilizarla activamente para que respalde el programa a realizar. Nos va en ello, la existencia de España y la integridad del solar y del pueblo al que pertenecemos. No es, por consiguiente, un tema que pueda ser planteado de forma partidista o clasista. Es un problema nacional. Y se requiere un máximo de prudencia y de firmeza a la vez, como en todo aquello que no se puede resolver con palabras, sino con hechos, con realidades, pero no con retórica.

Es urgente reconocer la importancia de esa situación. Entramos en un año conflictivo; con la transición política sin asentar del todo y la crisis económica amenazada de nuevos elementos negativos cuya incidencia puede crear grandes perturbaciones sociales. En el País Vasco, que se mueve en coordenadas de alto desarrollo industrial y tecnológico, el impacto de un retroceso económico complicará aún más las cosas. Que el Gobierno se defina pronto es lo que pedimos. No le faltarán ni apoyos ni colaboraciones en el empeño.

 

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