Adueñarse del ambiente     
 
 Diario 16.    29/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Adueñarse del ambiente

La realidad terrorista en el País Vasco aparece, desde una mirada retrospectiva sobre los últimos años, como un encadenamiento de hipotéticos plazos de extinción que nunca han dado los frutos esperados.

De otra manera: primero se dijo que el terrorismo acabaría cuando acabasen los extrañamientos de etarras en Francia y se normalizase su estatuto de refugiados. Acabó el extrañamiento, y el terrorismo continuó.

Después se dijo que el fin del terrorismo tenía por nombre la mágica palabra amnistía. La amnistía tuvo lugar y los etarras volvieron libremente a sus casas españolas. ¿Quién no recuerda la amable noticia que situaba a Apalategui paseando por Madrid y visitando a sus familiares a la luz del día? Pero pasó la amnistía y el terrorismo siguió e incluso se acentuó.

A continuación se proclamó que el terrorismo acabaría el día que se alcanzase el pacto autonómico que se había frustrado en los debates constitucionales. El pacto tuvo lugar y las muertes siguieron ocurriendo.

Finalmente, se determinó que el final de ETA sería el Estatuto. Pero éste ya ha sido alcanzado y ETA ha arreciado en sus ataques con mayor furia si cabe. A nadie se le oculta que, en esta siniestra carrera de obstáculos, si la historia se vuelve a repetir y el 25 de octubre no resuelve el problema, la esperanza de solución civilizada se nos escapará de las manos. Así están de graves las cosas, y no por ocultarlas van a mejorar. Por el contrario, se trata de afrontarlas tal como son ante una fecha que se nos aparece como decisiva.

Frente al referéndum autonómico, ETA y sus plataformas legales de Herri Batasuna han adoptado una estrategia similar a la que el PNV empleó en el referéndum constitucional: capitalizar la abstención y provocar, con sus métodos criminales, el máximo porcentaje posible de ésta.

Tales métodos responden a una estrategia primordialmente psicológica: agudizar la consigna de «prestigio del terror» o, si se quiere, la dictadura del miedo como forma de presionar sobre una población que alcanza obviamente altos niveles de apatía ciudadana y política. Esta es su iniciativa, indudablemente sagaz, y a ella es a lo que hay que atacar a fondo en tres próximas y cruciales semanas que nos separan del 25 de octubre.

Es evidente que la iniciativa antiterrorista no puede ser tomada en estas circunstancias tan sólo por el Gobierno, sino prioritariamente por los partidos políticos vascos. Porque sólo ellos pueden, si actúan con audacia, energía y convicción, neutralizar la creciente desmoralización del pueblo vasco.

El PNV, el PSE-PSOE, PCE y Euskadiko Ezkerra no pueden permitir que se agudicen los factores que favorecen la abstención. Es obligación prioritaria de estas fuerzas políticas dar un ejemplo de claridad política capaz de estimular y restaurar el clima de confianza necesario para que la abstención residual no alcance los niveles necesarios para que sea capitalizada por el terrorismo.

Para ello hay que decir y demostrar a los vascos que lo que van a ejercer el día 25 de octubre es su soberanía y no un inútil gesto de democracia sin contenido. Que los vascos sepan que lo que se juegan es su destino, y que éste está en sus manos.

Para ello es esencial que las fuerzas democráticas comiencen a desplegar sin demora una vasta operación moral, ciudadana y política que les permita adueñarse del ambiente y rescatarlo del pesimismo en que le han hundido ETA y sus crímenes. En rigor, y lamentablemente, todo indica que nos encontramos ante la última oportunidad de una solución democrática y no violenta de la irracional violencia etarra.

 

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