ETA y la Guerra Santa     
 
 Diario 16.    15/07/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ETA y la guerra santa

A pesar de todas las dificultades previstas y de algunas trias con que no se contaba, el problema de la autonomía del País Vasco comienza a ser para el ciudadano común un asunto inteligible. Vayamos a donde vayamos, al menos puede decirse que lo que hasta ahora parecía un laberinto ha entrado en cauces de racionalidad.

Hasta tal punto es esto cierto que se da la circunstancia de que salidas como la de Telesforo Monzón en sus belicosas declaraciones a «Le Fígaro», aun siendo repetición de otras ya hechas hace tiempo por el inefable y disparatado político vasco, es precisamente ahora cuando «suenan» a exabrupto. Hace pocos meses Monzón proclamó o poco menos la independencia de Euskadi en una entrevista en «Egin» y nadie se llevó las manos a la cabeza. Ahora en cambio la reacción ha sido unánime: Monzón, Herri Batasuna, la pesadilla ETA van siendo poco a poco arrinconadas hacia el lugar irracional que les corresponde. El enfoque político del problema vasco es su derrota segura.

"La presencia de Mario Onaindía ayer en los pasillos del Congreso y las declaraciones del dirigente de EIA han contribuido a crear este clima. El esfuerzo negociador del PNV, que todos reconocen, necesita apoyo por la izquierda para ser enteramente solvente. De ahí la trascendencia de las declaraciones de Onaindía, quien, por otra parte, ha situado limpiamente en su lugar a ETA y Herri Batasuna: «Lo suyo es una guerra santa contra Madrid». Es decir, que se trata de un movimiento hipernacionalista de caráctef coyuntura!, compulsivo, mesiánico, e inasimilable hoy desde los pactos políticos que se están fraguando, pero condenado al testimonialismo ultrasabiniano» si tales pactos efectivamente fraguan.

Es reconfortante descubrir hasta qué punto el lenguaje expresa al hombre y éste a la ideología que representa. Onaindía está muy a la izquierda del señor Monzón, por mucho que le pese a supuestos marxistas, como Letamendía, y sus proyectos futuros para Euskadi son probablemente mucho más radicales que los del vacío energumenismo nacionalista de Herri Batasuna. Pero Onaindía no hace cruzadas, ni pretende escribir con gestos históricos ninguna nueva Biblia vasca. Hace, simplemente, política, que es lo que el problema vasco exige de todos los verdaderos interlocutores, procedan de donde procedan.

Si como dice el diputado peneuvista Xabier Arzallus «la pelota está todavía en el tejado» y con ello expresa tanto un temor como una esperanza de que la discusión autonómica quede en los próximos días definitivamente encarrilada, esto quiere decir que nos encontramos en uno de esos momentos sin vuelta atrás que de cuando en cuando se producen en política y que exigen que los hombres investidos de poder y representación popular estén a la altura de su cometido, lo que no siempre es posible.

El esfuerzo de máxima racionalidad por parte de todos está ahí. Sólo queda que se lleve a sus últimas consecuencias. Y en el caso de Onaindía, estas últimas consecuencias supondrían lógicamente en él poner en su sitio la trayectoria, sobre todo en las últimas semanas de ETA político-militar, cuyo apoyo acepta EIA y la coalición Euskadiko Ezquerra a que este dirigente vasco pertenece. Mientras tanto que Monzón siga diciendo disparates y.Herri Batasuna haciéndolos. Es lo mejor que puede ocurrirle a la verdadera causa del pueblo vasco.

 

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