ETA     
 
 Diario 16.    30/06/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

El pasado jueves, 28 de junio, se cumplió un año del asesinato por ETA del periodista José María Portell, director de la «Hoja del Lunes» de Bilbao. Las circunstancias de su muerte a manos terroristas aún no se han aclarado enteramente. Las «explicaciones» de ETA no convencieron entontes a nadie, y sus acusaciones de que el periodista asesinado era un agente del Gobierno quedaron desarboladas rápidamente.

La muerte de Rortell se encuadra entre dos conflictos internos de la organización terrorista vasca. Por un lado, la sospecha de contactos entre ciertos responsables etarras y autoridades españolas, en los que Portell podría haber mediado, como conocedor a fondo de las entretelas de ETA.

Por otra parte, en la, muerte de Portell interviene oscuramente la sombra de otro —aún más oscuro— asesinato anterior: el del etarra Pertur, purgado por los más duros de la organización y sobre el que Portell estaba investigando a fondo. Se ha dicho, y nadie hasta ahora lo na desmentido, que a Portell le mató su propia honestidad e intrepidez profesional. Sabía demasiado y éste fue su mal. Como el mal de Pertur fue su tentación de racionalidad.

La muerte de Porten1 y el progresivo desvelamiento de la de Pertur significaron, "hace un año, un durísimo golpe para la «credibilidad» de ETA. Incluso en sus «santuarios» más incondicionales, nadie daba un céntimo durante aquellos días por el futuro de esta organización terrorista. Y, sin embargo, los vaticinios fallaron, y sólo unos días después, concretamente a partir de los sanfermines del año pasado, ETA volvió a recuperar poco a poco su audiencia. Error tras error, el Gobierno, bien ayudado en esto por islotes de incompetencia y de cálculo en sectores de la Administración y de las FOP, se bastó para que de nuevo ETA resurgiera del que parecía su bache mortal.

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Y no se trata solamente de sucesos lamentables, pero aislados, como fueron los de Pamplona, Rentería y otros, que agitaron a algunos sectores de la opinión nacionalista vasca hacia la postura radical de los etarras, sino la propia miopía persistente de la política ucedista y socialista respecto de Euskadi considerada globalmente. El Gobierno y la oposición no sólo no supieron aprovechar los errores de ETA, sino que los taponaron con los suyos. Ahí está Herri Batasuna para demostrarlo.

Ahora, un año después, el tema vasco vuelve a arder. La iniciativa la han tomado abiertamente el PNV y todos los nacionalistas racionales, apoyados con diversos matices por otras fuerzas. Se trata de la discusión autonómica, encauzada hacia un débate parlamentario donde ni ETA ni sus comandos legales de Herri Batasuna tienen nada que decir, nada que aportar. La ocasión es histórica y es obligación del Gobierno y de todas las fuerzas políticas darse entera cuenta de que este tipo de ocasiones se caracterizan ante todo por ser las últimas, irrepetibles.

Mientras tanto, ETA, esta vez con la ayuda de la rama político-militar, se despeña en un descrédito tan hondo como el que supuso la muerte de Portell: asesinato de un obrero en Lemóniz, amenazas al conjunto de los funcionarios del Estado que trabajan en Euskadi, contestación general a estas amenazas y llamada a la acción ciudadana por parte de partidos políticos, sindicatos y organizaciones profesionales vascas. Y todo ello multiplicado por el efecto devastador que en la opinión pública de dentro y fuera de España están produciendo las bombas de Fuengirola, Torremolinos, Málaga y Benidorm. ¿Qué hará el Gobierno? ¿Taponará con nuevos errores suyos este descrédito? ¿O ha aprendido de una vez la lección, que no supo aprovechar, de las trágicas muertes de Portell y de Pertur?

 

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