Autor: Castillo Cousido, José María. 
   ETA: Carabanchel y ahora     
 
 Diario 16.    07/07/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

ETA: Carabanchel y ahora

José María Castillo Cousido (*>

Señores de ETA: Ante todo mi respeto por ustedes, como tengo respeto por Cárter o Breznev, por el sha o Jomeini, dueños de metralletas y sus balas, dueños de vidas y sus muertes, porque «liberación» y «justicia» es su consigna.

Algunos nos conocemos. A veces veo fotos de mesas y presidencias, y me digo: «Este es fulanito: tiraba bien a gol», «aquél es mengantto: destacaba en el frontón». Tenéis empaque, es cierto, y os pienso valientes. Convencidos y con coraje. Mi respeto. Y a veces os comprendo. A veces.

No obstante, ante todo, quiero hablar de Carabanchel, Centro de Detención de Hombres, 1974-75. Obreros, estudiantes, campesinos, intelectuales, jubilados incluso, todos apelotonados en una represión de entrerrejas. Nuestra lucha antifascista nos juntó dentro de cuatro paredes, Y llegamos a conocernos, ¿verdad? Ustedes debíais comunicaros una o dos veces ai la semana en castellano, porque os tenían prohibido el euskera (su utilización atentaba el engranaje fascista) y ustedes, señores de ETA, sólo movisteis un dedo por combatirlo.

Euskadi por encima de todo

Desde Euskadi —cientos de kilómetros en la distancia- tenían que venir vuestras familias para establecer ese mínimo contacto imprescindible: deseo que dejéis Soria y volváis a vuestra tierra, porque es justo, pero ustedes, señores de ETA, en Carabanchel, sólo movisteis un dedo por combatirlo. Divididos en diferentes «comunas» y formando ustedes la vuestra, erais buena gente e ignorante, simpáticos que no sabíais dónde teníais vuestra mano izquierda, «buenazos» para un tejemaneje bien llevado. Y Euskadi por encima de todo (el norte contaba, ¿verdad?, pero os debieron decir que hoy la actuación es en el sur. Lo francés no meneallo. Chaban Delmas: nosotros no, oiga, se lo prometo).

Y Euskadi por encima de todo. Y «déjate de coña y no me líes». Pero Iñaki... Nada. -Pero el marxismo, el socialismo, la dialéctica. Déjate de coña, «maketo». Y un chacolí carcelario, que dinero no falta. Y que no me líes.

En Carabanchel, señores de ETA, el nivel de vida y de dignidad personal fue subiendo poco a poco, con lucha, con esfuerzo, con castigos de todo tipo. Ustedes hablabais mucho castellano quizá «demasiado»— y usted, Pedro —ahora Peio— aprendiste allí a decir «ez» sin saber qué significaba políticamente; formabais vuestro equipo de fútbol con alguna camiseta del Betis y disponíais de la despensa más abastecida -ya entonces-. Y, por favor, no hablemos de política porque «no me lies».

Esfuerzo de todos

Pero en Carabanehel, señores de ETA, el nivel de vida y de dignidad personal fue subiendo. Y ahí sí que no movisteis un dedo por ello. A nosotros no nos pagaban cheque alguno. Y todos los presos conscientes, antifascistas, hombres del pueblo, políticos, hicimos, de aquello algo más habitable. Marxistas-leninistas, socialistas, sindicalistas, revisionistas, anarquistas, gente independiente con partido o sin él, en medio de pugnas y acuerdos, contradicciones y soluciones, levantamos nuestra dignidad, cada vez más, entre las rejas de un fascismo ya moribundo. Y, como parte del pueblo, ayudarnos a derribarlo. Os llenasteis de aisladas, exclusivas y absurdas huelgas de hambre. «Me engancharon porque en un baile se me cayó la «pipa» por un movimiento brusco». Aquellas huelgas de hambre sectarias y aventureras, «porque sí y me importa un comino lo que digas», y las «pipas» caídas en bailes organizados por un Emperador Augusto que distribuye sus tropas por las Hispanias, no lograron empujar la emancipación del pueblo vasco, sino que perjudicaron su libertad con la de todos.

La fuerza de la «pipa»

Señores de ETA, presos comunes en su vivencia carcelaria y en su relación con el resto, presos políticos por Código y Tribunal y convencimiento, no sabíais lo que era bregar con el director de la prisión, ni pedir, ni exigir, ni protestar, ni luchar, ni volver a exigir, a luchar, y así de continuo. Estabais allí. Y punto. Quizá porque carecíais de capacidad para entender la realidad. Y esperabais juicios y grandes condenas. Y la fuga. Porque estabais allí, sin saber analizar la sociedad de afuera, los siete barrotes, las cuatro paredes y a los doscientos compañeros que lograron la fuga, distinta a la que pensabais, derrocando el fascismo. Con la fuerza de una «pipa» más definitiva y transcendente que la vuestra: la unidad de

todos -de todos los pueblos del Estado, de todas las clases oprimidas- forjada, en lo que nos concernía, desde las primeras celdas de todas las prisiones franquistas. Cuando en la cárcel rechazabais asistir a las «mesas de fuerzas» o si incongruentemente lo hacíais, demostrabais una falta casi absoluta de ideología y política. Ahora a algunos de vosotros os veo, señores de ETA, presidiendo mesas serias y responsables donde aparentemente se habla de políticas, de estrategias y de tácticas. Y me pregunto si terminaréis al final instalando el bar o el restaurante de siempre financiados por dineros extraños —¡si erais «liberados» y teníais que comer!- y que terminarán volando por un «gorna-2» fascista suministrado probablemente por el mismo o similar cauce que el vuestro.

No habéis cambiado

Quizá estéis deseando un estado de excepción o de sitio, o un golpe reaccionario, o -miel en vuestros labios— una guerra civil que acabará destruyéndoos y destruyéndonos. Sois tan incapaces en vuestra pobre demagogia, que os han convencido de que no os deis cuenta de ello. Y, señores de ETA, no me digáis que hay base popular porque a ello dan respuesta las movilizaciones del Führer, del Duce o del Caudillo. Es la lucha del pueblo, sin salvadores prefabricados -todos los salvadores en sí y por sí son de carácter fascista—, la que abre las puertas a la Historia, sin que le impongan justicias ni le dicten libertades.

Hilos que mueven... Impuestos revolucionarios-coartada... Disminución del nivel de vida del pueblo vasco... Una conocida frase comunista dice: «enarbolar la bandera roja para combatir la bandera roja». Transcripción dialéctica: «enarbolar los derechos democráticos para combatir los derechos democráticos».

Pero a lo que voy: Señores de ETA, desde Carabanchel a aquí, no habéis cambiado nada. Seguís levantando un negro edificio con hormigón de metralla, cuando el fascismo y las dictaduras históricas nos han enseñado que, sin la fuerza del terror, esa construcción se viene abajo. Pese. a unos y otros, los derechos y libertades que la «ikurriña» representa, prevalecerán por encima de la muerte.

(*) Preso político durante el fran-

 

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