Autor: Muñoz Alonso, Alejandro. 
   ¿Política o evasión?     
 
 Diario 16.    25/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

¿Política o evasión?

Alejandro Muñoz Alonso

Una vez más Suárez se dispone a emprender viaje a las Americas. Se confirma asi su afición a la política

exterior y su intención de consolidar tanto el prestigio de la nueva democracia española como su propia y

personal proyección internacional. Después de tantos años de ausencia efectiva de España en eso que

antes se llamaba «el concierto de las naciones» es positivo, sin duda alguna, que nuestro país vuelva a

contar en el ámbito internacional. Pero esta política exterior está siendo llevada a cabo de una manera que

pocos entienden.

Nadie sabe si los diversos movimientos de nuestra diplomacia, incluidos los viajes del presidente,

obedecen a un plan de conjunto; nadie sabe si las ambigüedades que se perciben son sólo aparentes; nadie

sabe si esta auténtica ofensiva internacional empieza ya a recoger frutos tangibles. Nadie lo sabe porque

nadie lo ha explicado, acaso porque se sigue pensando que las relaciones internacionales corresponden al

ámbito de lo secreto. –

El ciudadano medio está encantado con que ahora España sea un paladín de los derechos humanos, pero

le gustaría saber si, además, vamos a obtener algunas ventajas concretas. La presencia española en La

Habana o la misma visita de Arafat hasta ahora parecen ser más fuente de problemas que otra cosa. La

intervención en Guinea no acaba de entenderse con la presencia ahora allí de un contingente militar

marroquí. Mientras tanto, además, se recibe al ministro de Exteriores del dictador Pinochet o se estrechan

lazos con la todavía dictadura militar brasileña.

Parece como si la única regla de oro de nuestra diplomacia fuera la de ser amigos de todos y no tener

enemigos. Pretensión ingenua porque se corre el riesgo de, al final, quedarse sin amigos. Es inútil tratar

de «caer bien» a tirios y troyanos.

Finalmente, last but not least, el ciudadano piensa que nuestra situación interior es suficientemente

compleja como para requerir esfuerzos y atención continuados. ¿Por qué no se intentan resolver los

conflictos domésticos antes de asumir una especie de misión pacificadora universal? Se ha dicho que la

política exterior es la continuación de la política interior. Pero aquélla no debe ser nunca una huida hacia

adelante para evadirse de los problemas interiores.

 

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