Realismo para el problema vasco     
 
 Informaciones.    16/05/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

REALISMO PARA EL PROBLEMA VASCO

LA racha de atentados y asesinatos de E.T.A. forma, probablemente, parte de una operación del último instante, en la que la organización terrorista intenta provocar la definitiva ulsterización, promover una situación de guerra civil, poco antes de que las Cortes aprueben una Constitución que pondrá definitivamente en marcha las autonomías y dará definitiva primacía a los movimientos políticos y civiles vascos sobre los terroristas.

Este intento desesperado no debe, con todo, tomarse como un esfuerzo demasiado tardío: la total subversión del orden cívico vasco es aún posible. Y tampoco basta con condenar con energía, la escalada de violencia de los etarras. Hay que adoptar medidas realistas para intentar un apaciguamiento antes de la Constitución, objetivo en el que hoy parecen coincidir los grupos políticos pacíficos, incluidos sectores muy próximos a la propia E.T.A., que hoy temen auténticamente por el porvenir de un País Vasco desangrado y politicamente inviable.

Dentro de ese realismo que hoy parece más que necesario se enmarcan las gestiones del presidente Tarradellas acerca del lendakaii Leizaola; hay noticias sin confirmar que otros esfuerzos similares están en marcha, pero el contacto del primer dirigente catalán con el presidente del gobierno vasco en él exilio tiene particular interés. En efecto, nos parecen utópicas por ahora las ilusiones de un alto el fuego pactado, por Madrid o por las propias fuerzas políticas vascas, con E.T.A. Lo que es mucho menos utópico es el definitivo reforzamiento del gobierno preautonómico mediante la unificación —bajo una forma u otra— con el gobierno del señor Leizaola, pasando el lendakari a presidir el ente oficial, suprimiéndose asi la actual dualidad y ganando el Consejo General Vasco un indudable prestigio y autoridad moral, lo que facilitaría después la adopción de medidas a la vez sensatas y firmes frente a la destrucción del Pais Vasco por el terrorismo. Esto es justamente lo que un balbuciente y mal dirigido Consejo vasco no ha conseguido o sabido hacer hasta ahora. Por todo ello, la misión —alentada desde la Zarzuela o desde la Moncloa, según las versiones; probablemente, desde ambos lugares— de Tarradellas acerca de Leizaola (cuya actitud parece haber sido positiva) causa esperanza y merece no desembocar en un fracaso.

 

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