Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
 Letras del cambio. 
 A callar     
 
 Informaciones.    16/05/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LETRAS

DEL CAMBIO

¡A CALLAR!

Por Jaime CAMPMANY

LA escalofriante expresión «guerra civil» aparece, referida a la situación en el País Vasco, en las primeras páginas de algunos periódicos. Exageraciones o sensacionalismo aparte, es un síntoma preocupante; casi podríamos decir que en el ciudadano español la preocupación ha dejado paso a la alarma. Estamos todos alarmados por lo que sucede en Vasconía. Las cifras son elocuentes: 22 muertos y más de 100 heridos en cuatro meses y medio. Pero con ser elocuentes las cifras, es mucho más elocuente el clima que allí se respira, la audacia de unas minorías que toman la calle, que honran públicamente a los etarras muertos y que no tienen una palabra de dolor o de misericordia para los agentes del orden asesinados, que hacen declaraciones de una insufrible, por injusta, desfachatez.

Mientras el guardia civil Miguel Iñigo Blanco (así lo llama algún periódico, porque el «don» se reserva para los asesinos) moría en un hospital de San Sebastián, E. T. A. publica nuevas listas negras, vuelve a exigir los «impuestos revolucionarios», amenaza con nuevas olas de violencia. Se ataca a los cuarteles, se destruyen obras públicas, se hace volar el repetidor de TVE. en Zumárraga, se colocan bombas, se ametrallan coches-patrulla, se organizan manifestaciones callejeras que más bien son bandas sueltas de desalmados.

Los juicios del honorable don Josep Tarradellas sobre la situación en el País Vasco han sido duros. No de ahora, desde que todo _esto se veía venir como una ola sucesiva y renovada. Tarradellas es un negociador terco, un dialogante hábil, un hombre lleno de moderación y buen sentido, de firmeza y de paciencia. Cataluña está consiguiendo sus reivindicaciones, sus derechos, sus ilusiones, en paz, con la paz y la palabra. El País Vasco ve cómo unos grupos armados piden lo imposible con las armas de la sangre, el fuego y la muerte. Letamendía pide en las Cortes independencia y autodeterminación, y ni siquiera se oyen las voces de otros representantes del pueblo vasco poniendo las cosas en su sitio.

Ahora, el Consejo General Vasco le ha dicho a Tarradellas que se calle. Por lo visto, la mediación pacífica del honorable y sus manifestaciones preocupadas por la situación allí se interpretan como «injerencia en los asuntos internos» del país. O sea, como una injerencia en un país soberano. Ya sabemos que en este desconcierto todo es posible. Pero ningun español tiene derecho a decirle a otro que se calle cuando se habla de algún asunto de España. Y el País Vasco es España.

 

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