Navarra más que nunca     
 
 ABC.    02/11/1979.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ABC. VIERNES, 2 DE NOVIEMBRE DE 1979. PAG. 2.

NAVARRA MAS QUE NUNCA

O se potencian las instituciones torales o el antiguo Reino de Navarra no podrá, solo, resistir los embates colonizadores vascos. Esta es, en síntesis, la realidad actual del tema. Aprobada en referéndum la autonomía de las tres provincias vascongadas, hoy más que nunca se ha de hacer un esfuerzo de imaginación política para situar, de una vez por todas, a Navarra en el lugar que por sus condiciones históricas, sociales, políticas y demográficas reclama. Navarra no está en almoneda, pero sí en candelero.

Los nacionalistas vascos desean, porque saben de su importancia económica, que Navarra pase, tras un proceso anexionista claramente definido, a integrarse en la comunidad euskalduna. Garaicoechea —algún día se estudiará con rigor la maniobra política que llevó al actual «lendakari» hasta la presidencia del Consejo General— está jugando a este respecto un decisivo papel. Por lo pronto, ha declarado públicamente, apenas aprobado el Estatuto, que su deseo es volver a Navarra para trabajar por la unión, cosa que puede ser rentablemente útil no sólo para su Partido Nacionalista Vasco, ausente como se sabe del espectro político navarro, sino para el propio ente autonómico, que trata de ensanchar sus fronteras. Garaicoechea sabe que, hoy por hoy, no puede plantear decisivamente el dilema en Navarra, porque la opinión pública mayoritaria se inclinaría, indiscutiblemente, por la no integración. Lo sabe, y por ello habla de un proceso gradual, de algún nexo de colaboración parcial, que termine, en el plazo más breve posible, en la pura y formal unión. Garaicoechea es, también en este tema, sumamente hábil.

No lo son tanto, desgraciadamente, algunos políticos navarros derechistas y centristas, que están planteando sus posiciones con infausto visceralismo. Desde el máximo organismo ejecutivo, la Diputación Foral, se está propiciando una política que no favorecerá, de seguir así, la permanencia de la provincia en sus actuales estructuras. Es necio a estas alturas negar o rechazar la esencia o presencia vasca en una parte del territorio navarro. Y es sobre todo peligroso, porque tal postura deja vía libre de penetración a los que desde el País Vasco tratan de influir, mediante sobre un delicado proceso de reculturización, en el mismo espíritu del pueblo navarro. Mejor sería, a nuestro juicio, asumir el contenido vasco que una parte, no la mayor desde luego de Navarra, posee y que no hace sino enriquecer, sin diezmar, la entraña misma del espíritu navarro.

A la ceremonia de la confusión, conscientemente alimentada, que hoy se observa contribuyen, además, algunos políticos, como el presidente del Parlamento Víctor Manuel Arbeloa, con sus desiciones poco afortunadas. La posición

del señor Arbeloa, a juicio nuestro ambigua, propende a una política de brazos cruzados, al tiempo que bendice la «puerta abierta» que el Estatuto vasco ha dejado, según es notorio, a Navarra. Parece, pues, intención del presidente legitimar, por una parte, la intervención colonizadora vasca y, por otra, a más largo plazo, tender un puente de acercamiento al territorio autonómico vasco. Pero, y de esto debe ser consciente el sacerdote^pre-sidente, hay una ala en su partido, el PSOE, que está tratando actualmente de separarse del Partido Socialista de Euzkadi, lo cual debe interpretarse por fuerza como una intención estricta de permanecer al margen de la entidad territorial vasca.

Esta es, según nuestro parecer, la realidad, nada tranquilizadora, de Navarra. A las puertas está la discusión sobre el bilingüismo, que puede enconar aún más si cabe las posiciones actuales. Sólo una parte, la más pequeña de Navarra, debe ser clasificada, a efectos de obligatoriedad, como susceptible de euzkarización. El cinturón pamplonés y la Ribera deberían ser excluidos de este proceso. Pero éste es tema de otro comentario.

 

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