Autor: Sierra, Ramón. 
   Los hijos espurios del PNV     
 
 ABC.    03/02/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

LOS HIJOS ESPURIOS DEL P.N.V.

Casi todos los asesinatos que se atribuyen a la E. T. A., desde que inició sus actividades al final de la década de los sesenta, tuvieron como escenario una zona del País Vasco perfectamente delimitada: desde la ribera derecha de la Ría de Bilbao, hasta la frontera de Irun; es decir, el este de Vizcaya y la provincia de Guipúzcoa. Sólo recuerdo seis atentados en los que murieran una o varias personas, cometidos fuera de esa zona: dos en Madrid, el que cansó la muerte de Carrero Blanco y de sus acompañantes; y el de la calle del Correo; uno en Bar acaldo; otro en Villarreal de Álava, y dos en Pamplona. ¿Por qué actúan con prefencia en esa zona? Sencillamente porque la base natural de operaciones de la E. T. A, se asienta en aquellos lugares donde con más facilidad encuentran cómplices, encubridores, simpatizantes, gentes que les disculpan... o que les animan con tumultuosas manifestaciones de protesta si alguno de ellos cae al enfrentarse con la Fuerza Pública; y también porque pueden huir a Francia, rápidamente, utilizando embarcaciones o deslizándose por los pasos fronterizos clandestinos. Todo lo cual demuestra que la E. T. A, será muy difícilmente desarticulada si no se pone fuera de juego a sus cómplices y encubridores —fanáticos idealistas, unos; temerosos de represalias, (otros; codiciosos, los demás— y no se logra neutralizar a los simpatizantes.

De que este desarme, de la que pudiéramos llamar retaguardia de la E, T. A., es absolutamente necesario estamos convencidos todos, pero átennos han empezado a viajar, de nuevo, sobre el tapiz de las más ingenuas ilusiones; el mismo tapiz sobre el que volaban los que estaban convencidos de que la amnistía, si era completa, es decir, si alcanzaba a los asesinos y secuestradores, encendería las auroras de la paz en el País Vasco. Los que Por el contrario suponíamos que esa amnistía total iba a facilitar y estimular a los «militares» y a los «civiles» de la E. T. A. éramos calificados de cerriles agoreros. Ahora, desde Leízaola hasta el último afiliado al partido nacionalista vasco, están convencidos de que. tan pronto como esté en marcha el. Estatuto Autonómico de Álava. Guipúzcoa y Vizcaya, se otorguen, de nuevo, los conciertos económicos a estas dos últimas provincias; cuando los vascos puedan, de alguna manera, dirigir o controlar a las fuerzas encargadas de mantener el orden público en su territorio, y se gobiernen A sí mismos, aunque sólo sea parcialmente, en un clima de relativa libertad..., los «militares» de la E. X. A. quedarán asfixiados por el ambiente de paz que gozará Euskadi, por la repulsa casi unánime a toda manifestación de violencia, y no tardarán en disolverse y abandonar sus armas. Incluso, insinúan algunos que los «soldados» de la E. T. A. deben ser la base de las unidades vascas destinadas * asegurar la paz de los ciudadanos autónomos. Para aunque este absurdo propósito no prospere, como esperamos, y esas unidades se autorizasen y fueran recluídas entre hombres honestos, no es tan fácil entrenar y darle solera a un cuerpo de guardianes del orden público. Los miqueletes, los forales, y los miñones —a los que algunos quieren transformar, más o menos, en policías armados-— hace ya muchos años que se limitaban a servir de ordenanzas o recaudadores de arbitrios y carecían de espíritu militar; y. por otra parte, si organizamos, en cada territorio autónomo, milicias armadas, propias, todo esto puede terminar en un salto atrás hacia la Edad Media.

Pero todavía es más difícil lograr un» mínima unidad ambiental para aislar, o convertir, a los simpatizantes de E.T.A., si a éstos no se les convence de que «todos» los vascos acatan la unidad de España; que «todos» han renunciado a cualquier frivolidad separatista; que no hay fisuras en ese bloque ambiental, opuesto a las violencias de quienes piden la independencia «al contado», sin más dilaciones. Es posible que, si ven alzarse ese muro, empiecen las deserciones, y que la campaña misionera que se pretende realizar cerca de ellos, evangelizándolos uno a uno, logre algún considerable resultado; especialmente si a los más blandos se les facilita su conversión ofreciendo primas a los conversos. Un proceso que será también inútil, o efímero, si desde algunos Pulpitos, cátedras, periódicos y tribunas... se sigue hablando de la nación y del Estado vasco; de su consecuente libertad; si se continúa enseñando la historia de España y de Vasconia de una manera novelesca, tendenciosa. (En una «encastóla», se decía a los alumnos: «Vamos bien. Ya les enseñamos a los chicos que todo lo malo viene de España.) Y si la política autonómica no seca las fuentes de las ambigüedades que recientemente denunciábamos.

Los miembros de la E. T. A., son hijos espurios, pero hijos, al fin y al cabo, del P. N. V. Espurios porque desnaturalizaron la doctrina sabiniana que era archicatólica y antimarxista. No son hijos espirituales de los carlistas, ni de los liberales, ni siquiera de los socialistas de las Vascongadas. Dudo que en Avila, pongo por caso, se le baya ocurrido a nadie crear una E. T. A. independentista, abálense. La E. T. A. nació por habérseles indigestado, a un grupo de jóvenes idealistas, las doctrinas de Sabino Arana. Una E. T. A. que, al principio, fue muy bien acogida por muchos nacionalistas vascos que luego se echaron las manos a la cabeza, sobre todo cuando los «etas» se hicieron, además, comunistas. Unos jóvenes, patrocinados por algunos menos jóvenes, que procedieron con absoluta lógica: «Euskadi está oprimidla», les dijeron, y decidieron liberarla.—Ramón SIERRA.

 

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