Autor: Thomas, Hugh. 
   La tragedia vasca     
 
 ABC.    11/09/1979.  Páginas: 2. Párrafos: 10. 

La tragedia vasca

Por Hugh THOMAS

CUANDO en el año 777 el ejército de Carlomagno repasaba los Pirineos después de haber luchado con los moros en España, su retaguardia fue atacada a traición por un grupo de vascos que le había tendido una emboscada por entre los bosques de las vertientes del desfiladero de Roncesvalles. La retaguardia, mandada por Roldan, fue exterminada sin que quedara ni un solo superviviente. Dos o tres siglos después, una nueva versión de los hechos presentaba a los vascos como infieles y hacía de Roldan un héreo legendario de caballería.

En los últimos años, con frecuencia ha podido pensarse que los indiscutibles logros del descendiente de Carlomargno, Juan Carlos I. estaban amenazados, de un modo semejante, por los vascos. Cuando escribo estas líneas todo parece indicar que el Estatuto de autonomía va a ser refrendado por una mayoría de la población del País Vasco (1), con lo cual viene a confirmarse sorprendentemente lo que para cualquier experto de la situación vasca ha estado siempre claro: que por lo menos dos terceras partes de las provincias vascas no desean la total independencia de España. Pero evidentemente es absurdo suponer que esta realidad vaya a poner fin al poblema vasco: ETA continuará su lucha armada.

Sin embargo, la pregunta que forzosamente se planteará todo observador atento a la crisis vasca es la de cómo ha llegado la situación a ser tan grave. Pensemos en Cataluña, en ese pueblo —¿o habrá que utilizar ahora el término nación?— que durante el medio siglo anterior a. 1936 supuso, dentro de España, el mayor reto para el gobierno central; pues bien, los problemas de Cataluña han logrado ser encauzados y el referéndum sobre su autonomía no se presenta en un clima parecido al de una guerra civil.

Cada vez que voy a Madrid planteo siempre la misma pregunta: ¿por qué la situación en el País Vasco se ha deteriorado tan considerablemente? Nunca obtengo una respuesta adecuada y en cambio me comentan, por ejemplo, cómo el capital está saliendo del país, o lo eficaz que resulta la intimidación de ETA.

Ahora bien, en la historia vasca no ha habido un pasado de opresión, por parte de Castilla, comparable, en modo alguno, a la represión ejercida por Gran Bretaña sobre Irlanda. No hay en ella equivalentes de un Cromwell, de un Castlereagh, de un Strongbow o de un Guillermo III a ´los que pueda apelar una nación vasca deseosa de invocar recuerdos históricos con los que alimentar los odios del presente. La abolición de los Fueros en 1840, después de las guerras carlistas, no supuso sino la equiparación de la situación legal vasca con la de! resto del país y los oficiales carlistas fueron admitidos en el Ejército español en unas condiciones ciertamente óptimas. En realidad, el movimiento nacionalista vasco pertenece al siglo XX y fue creado siguiendo el modelo del movimiento catalán, de raíces más sólidas.

Por otro lado, a diferencia de lo que generalmente ha ocurrido con Irlanda, el País Vasco nunca ha sido una zona pobre, hambrienta o insuficientemente industrializada, víctima de las fantasías que suelen siempre acompañar a una situación de inanición; por el contrario, el País Vasco ha sido durante siglos la región más rica y más modernizada de España. El capital que allí se acumuló llevó a la creación de los Bancos españoles más importantes —lo cual explica, sin duda, el que la mitad de las familias ricas de Madrid lleven apellido vasco.

En la década de los treinta la tierra en el País Vasco estaba más justamente repartida que en ninguna otra región de España. Allí donde, por ejemplo, se daba e) sistema de aparcería, las relaciones entre propietarios y aparceros se desarrollaban en mejores términos que • los de la mayoría de las regiones de Europa en las que prevalecía el mismo sistema; y de hecho, en la época anterior a la guerra civil, el País Vasco fue la única región de España donde no hubo problemas sociales. Los vascos parecían ser tan del norte de Europa por su temperamento que, durante la guerra civil, Anthony Edén llegó a afirmar en laCámara de los Comunes que *si tuviera que optar por un gobierno en España creo que lo haría por el vasco, por considerar que está más de acuerdo con nuestro sistema que el de Franco o el de la República». Hasta hace poco, cualquier persona que visitara San Sebastián o Bilbao podía tener la impresión de hallarse en ciudades modelo, por sus calles limpias, sus puntuales servicios públicos y su bajo índice de criminalidad. Los pueblos vascos, más pequeños, parecen aún conservar a los ojos del viajero una envidiable integración social que en nada se ha visto perjudicada por e! desarrollo material; y en general, toda la región ha sabido adaptarse a la reciente industrialización. El gran éxito, verbigracia, de la cooperativa de Mort dragón es un logro típicamente vasco. En una palabra: aunque pocos españoles se atreverían a decirlo por miedo a resultar impopulares, los vascos constituyen un pueblo de magníficos trabajadores, duros, perseverantes, honrados y con una gran visión de las cosas.

Todas estas realidades hacen aún más extraño el que el actual sistema de democracia se pueda ver amenazado por el nacionalismo extremista vasco. S i n embargo, el deterioro en el ambiente de las grandes ciudades vascas, como resultado del terrorismo —igual que ha ocurrido en la reciente historia de Gran Bretaña— es una advertencia contra toda teoría unilateral de la historia que sostenga que las regiones que alcanzan una prosperidad material es muy probable que vayan siempre por delante de las demás. Los avances de una generación —e incluso los de tres o cuatro generaciones— pueden siempre perderse. De continuar la situación actual, el País Vasco puede convertirse, en breve, en una región subdesarrollada y así, de un modo maquiavélico, venir a justificar ante determinadas mentes el nacionalismo revolucionario que ETA propugna en su nombre, como si el País Vasco hubiera sido siempre la región más pobre de entre las pobres.

Cuatro parecen ser Jas razones por las que se ha llegado a esta situación de violencia en el País Vasco. En primer lugar, no cabe duda de que ha habido un retroceso en el desarrollo material vasco con respecto al del resto de España, y ello por razones que nada tienen que ver con la política. El País Vasco ha sido tradicionalmente la primera región en industria pesada de España; esta preponderancia se ha debilitado a medida que la industria pesada ha ido cediendo terreno -en toda Europa y la industria ligera se ha ido instalando en España. En segundo lugar, hay que admitir que los vascos, junto a excelentes cualidades, poseen una terquedad sin parangón. Es posible que la moderna investigación histórica no tenga en cuenta el factor del temperamento nacional; pero, en este caso concreto, sencillamente no puede prescindirse de él. A esta realidad hay que añadir diez años de terrorismo y de lucha contra la Policía antes de la muerte de Franco y ya sabemos que cuando se adquieren hábitos de violencia resulta muy difícil desarraigarlos. En tercer lugar, nos encontramos con que la represión después de la guerra civil fue dura y prolongada. Es verdad que también lo fue en Cataluña y si estableciéramos una comparación entre lo que les sucedió a los «separa-tistas-marxistas» en ambas regiones, tal vez llegáramos a la conclusión de que entre 1939 y 1945 Cataluña recibió un trato peor que las Vascongadas; pero —y ésta es la cuarta, y en mi opinión, decisiva razón— la diferencia estriba en que 4os catalanes, en el transcurso de la contienda y en la época inmediatamente anterior, aprendieron muchas lecciones terribles, como, por ejemplo, >la de que

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para cañar una querrá se necesitan industrias bélicas cuyos recursos hay que obtener en un área más amplia que la comprendida por las cuatro provincias catalanas; o esa otra experiencia de que la independencia catalana podría llevar a una no deseada revolución anarquista, o a que el país se convirtiera, como señalara el Gran conservador catalán Cambó, «en un departamento francés.

El País Vasco, por otra parte, surgió de la guerra civil con una ilusión: la de que la República de Euzkadl había sido una genial iniciativa frustrada por el abandono del Gobierno central de la República —del que naturalmente estuvieron aislados geográficamente— y por la superior fuerza del enemigo, que la República, en el resto de España, no hizo nada por desviar mediante una serie de ofensivas de diversión. La lamentable destrucción de Guernica simbolizó, según esta visión del pasado, la tragedia vasca, indudablemente hay parte de verdad en este mito, como la hay en la canción de Roidán; los vascos lucharon con dignidad y no cometieron atrocidades fuera del frente. Pero hay que recordar que el gobierno vasco de 1936-37 sólo controlaba una de las provincias vascas: Vizcaya; que en Álava, el partido nacionalista vasco se hallaba dividido sobre si debía o no ofrecer su apoyo a la República, dado el anticlericalismo republicano; que entonces, como ahora, el progreso material vasco se debía en gran medida a la mano de obra inmigrante que procedía del resto de España y que en su mayoría había votado al Partido Socialista y no al nacionalista vasco; que los vascos lograron su Estatuto autonómico de octubre de 1936 prácticamente por medio de un golpe de Estado, reconocido, más bien de mala gana, por el Gobierno de Madrid; que en el breve tiempo que duró el gobierno autónomo de Euzkadi no se obligó al grueso de la industria pesada vasca a que se aplicara con verdadera eficacia a la producción de material de guerra; y que el presidente del gobierno vasco no logró establecer una coordinación entre su ejército y eI estado mayor republicano, hasta el punto de que el general jefe de este último tuvo que enviarle una carta en la que. en un tono de absoluta desesperanza, le pedía que determinara esa coordinación. En resumen, que la actuación vasca en la guerra civil no fue tan satisfactoria como ellos mismos se empeñan en creer. Lo que ocurre es que la brutal represión que vino después hizo que crearan un mito que les sirviera de aliento en su resistencia contra Franco; mito que perduró más tiempo al serle negada toda expresión pública por la censura del régimen. Ahora los vascos, al igual o incluso más que el resto del país, son víctimas de las ilusiones perturbadoras que han dejado en sus mentes tanto su reciente historia como la explotación que de esta situación han hecho personas ajenas al problema o malintencionadas. La tragedia en esta zona del extremo occidental de los Pirineos constituye un recordatorio más de que la mayoría de los problemas del mundo provienen no de los sueños ideales del futuro, sino de las ilusiones del pasado.

(1) El autor escribió este artículo unos días antes del referéndum para la aprobación de los Estatutos vasco y catalán. (N. -de la R.)

 

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