ETA, por su nombre     
 
 Diario 16.    02/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ETA, por su nombre

El asesinato del militante socialista Germán González por uno de los comandos autónomos de ETA militar puede convertirse —en cierta manera ya lo es— en el punto sin retorno de la lucha frontal de la clase obrera vasca contra quienes usurpan su nombre para cometer asesinatos.

Paralelamente, este asesinato ha tenido sobre el pueblo vasco un claro efecto de «saturación», de rebosamiento de la copa de la paciencia. Y de la indiferencia generalizada se ha pasado velozmente a la acción de unos sectores, fundamentalmente obreros, y a la opinión indignada en las calles. El mito etarra, forjado en la lucha contra el franquismo, se desmorona.

Los cuadros políticos vascos han detectado esta marea creciente y han actuado en consecuencia, rompiendo esa especie de conspiración de silencio que rodeaba siempre a los actos terroristas de ETA y que convertía a esta organización en poco menos que innombrable.

En efecto, ha sido la primera vez que en comunicados y manifestaciones de la izquierda vasca y de los partidos nacionalistas vascos se ha usado esa regla tan común en todas las lenguas del mundo que es la de organizar los slogans y las consignas con sujeto, verbo y predicado: «ETA es asesina», «ETA, fascistas, sois los terroristas», y otros similares. Es decir, que de las tradicionales protestas «humanistas» contra la «violencia» sin apellidos, se ha pasado a llamar a las cosas por su nombre y con toda dureza. Ya era hora.

Otro tanto hay que decir de los dirigentes de los partidos. Múgica, Rubial, Benegas, Lerchundi, Bandrés, Onaindía, prácticamente todos, han hecho un esfuerzo clarificador de su lenguaje y se han atrevido a nombrar la soga en la casa del ahorcado. Nuevo indicio de que nos encontramos en ese punto sin retorno. De ahí que en medio de esta unanimidad en el esfuerzo de clarificación desconcierten estas palabras textuales del presidente del CGV, Carlos Garaicoechea: «Me cuesta trabajo creer que esta torpeza política provenga de ETA militar». Sorprendente incredulidad la del señor Garaicochea. ¿Es que acaso sus fuentes de información se limitan a la lectura de «Egin», que es el único órgano de información que en todo el mundo «duda» de la paternidad de este crimen?

No, nadie duda de que ETA ha matado al socialista Germán González, ni en el fondo el propio Garaicoechea, por mucho que se resista a creer tal evidencia. Se trata de un crimen político calculado, un acto que tiene todo el aspecto de una sonda de ETA para conocer el techo de sus acciones por el flanco que más le duele, que es la izquierda vasca, esa clase obrera vasca a la que dice ilusoriamente representar.

Ante tal panorama, que no hace otra cosa que ratificar (véase otra prueba si no: el asesinato de un guardia civil, segunda víctima) todas las presunciones sobre la actitud de ETA tras el refrendo del Estatuto de Guernica, las fuerzas de izquierda promotoras de una nueva campaña pro amnistía, encabezadas por Euskadiko Ezkerra, deben acordar que tal campaña es incoherente y radicalmente inaceptable. Los asesinatos de Germán González y del guardia civil Manuel Fuentes Fontán son sólo un aviso de por dónde van a ir las cosas a corto plazo en los planes de ETA. De ahí que hablar de indultos colectivos a terroristas bajo la presión de nuevos actos terroristas sea poco menos que suicida.

 

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