Regiones. Preautonomías: el problema vasco-navarro. 
 Garaicochea (PNV): Un plebiscito puede ser instrumento de manipulación     
 
 El País.    18/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Garaicoechea (PNV): "Un plebiscito puede ser instrumento de manipulación"

Garios Garaicoechea, navarro, fue elegido en marzo de este año presidente del Euskal Boro Batzara (comité ejecutivo) del Partido Nacionalista Vasco. Es economista. Encabezó la lista para el Congreso de Diputados de la agrupación electoral Frente Autónomo, nombre bajo el que se presentó en Navarra el PNV, pero no salió elegido.

EL PAÍS. En algunos sectores políticos se dice que la unión con los otros territorios vascos restaría autonomía a Navarra, ¿cuál es la opinión del PNV sobre ese tema? C. Garaicoechea. Nosotros hemos defendido siempre, desde nuestros orígenes, el máximo respeto a la personalidad y autonomía de cada región histórica vasca y por tanto de Navarra. La plena reintegración foral en términos actualizados es la fórmula de nuestras reivindicaciones. Lo que sucede es que a esta recuperación de las potestades históricas de cada territorio vasco, añadimos la propuesta de vínculos confederativos entre ellos.

Esta segunda proposición es la que rechazan nuestros oponentes, de los que la UCD de Navarra es el más cualificado.

Hasta estos momentos ni ellos ni sus congéneres de otras formaciones, como Alianza Popular, han alzado su voz al ver la erosión progresiva de los sistemas forales. Pero cuando oyen hablar de vínculos «ínter vascos» sienten el purismo foralista a escala provincial. Lo mismo pasó en los años treinta, cuando surgió el lema «Fueros, sí; Estatuto, no». Luego ya vimos cómo se puso en práctica la reintegración foral.

EL PAÍS. ¿Permite un estatuto en la práctica mantener las tesis confederativas que el PNV propugna? C. G. Si nosotros pudiéramos hacer las cosas a nuestro gusto, si el Estado aceptase nuestros propios planteamientos, el PNV haría una pura confederación de territorios vascos, reintegrados en su plena foralidad. Desgraciadamente el pragmatismo político nos obliga a negociar fórmulas intermedias, estatutos que no responden exactamente a nuestras aspiraciones.

Pero en estos estatutos estamos dispuestos a que Navarra y cada territorio vasco asuman sus propias facultades autónomas, sin rebajar un ápice sus derechos privativos. Dicho de otra forma, no vamos a conducir en ningún momento a Navarra a cotas de autogobierno inferiores a las que pueda llegar por vías «foralistas, provincialistas» de UCD de Navarra.

UCD se refugia en argumentos formalistas, como la no aceptación de un ente político intermedio entre Navarra y el Estado. Pero yo creo que hay mucho de autosugestión interesada en estos conceptos.

Me hacen gracia los pactos en los que una parte, el Estado, ha tenido siempre la sartén por el mango y ha logrado lo que ha querido.

De todas formas, nuestras tesis conceptualmente encajan en estas exigencias formales y de principios de UCD. Puede hacerse una confederación vasca en la que Navarra, sin romper sus «pactos históricos» con el Estado, pacte su confederación con los restantes territorios vascos. Lo que no vamos a admitir es seguir evocando platónicamente nuestros títulos históricos sin adoptar pragmáticamente fórmulas políticas actuales: las que sean posibles para defender la autonomía de Navarra dentro de la confederación nacional vasca y en solidaridad con todos los pueblos del Estado.

EL PAÍS. ¿Cómo se ha de decidir la fórmula de unión o confederación de Navarra con Álava, Guipúzcoa y Vizcaya?

C G. En el proyecto preautonómico que hemos negociado con el Gobierno la Asamblea de Parlamentarios vascos señaló una fórmula lógica: que decida su adhesión a la Confederación vasca (Consejo General del País Vasco) un órgano foral renovado democráticamente como puede ser el Consejo Foral de Navarra. La renovación, elección directa y proporcional requiere la conformidad previa de la Diputación Foral.

Creemos que un organismo como el Consejo puede decidir con mayores garantías democráticas analizando, discutiendo, transigiendo si es preciso, un proyecto que requiere un debate sereno y racional. Un plebiscito, si no está rodeado de condiciones objetivas adecuadas, puede ser el gran instrumento de manipulación. Cuando las clases dominantes, las instituciones, muchos medios de difusión y hasta la propia inercia de un pasado hostil a la idea pueden contribuir engañosamente a una campaña en la que se pretende desfigurar el problema indicando simplistamente que vamos a ser menos navarros por formar parte de Euskadi, un plebiscito puede ser casi tan poco democrático como los que hicieron Hitler o Franco. Un debate en un órgano perfectamente representativo, en nuestra opinión, es bastante más riguroso.

 

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