Autor: Urbano, Pilar. 
   ¿Por quién redoblan las campanas?     
 
 ABC.    21/09/1979.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

¿POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS?

Cuando matan a un jefe militar... los políticos civiles se ponen sombríos. Los políticos de derechas

aprietan los labios y los puños y nos recuerdan a los periodistas que «ya lo hemos advertido... estamos en

situación de guerra revolucionaria». Los políticos centristas, y más si són ministros, se hurtan al

comentario y enmudecen: «no es hora de hacer manifestaciones, sino de reflexionar ante los hechos»,.. Y

una apunta en su agenda: «dentro de una semana, preguntar al ministro tal a qué propósitos llegó en su

reflexión». Los políticos de izquierdas, cuando matan a un jefe militar muestran unas impresionantes

ojeras delatoras del miedo. Miedo, así como suena, con cinco letras.

• El miedo que en la madrugada de aquella (¿fantasmal?, ¿inexistente?, ¿sofocada?) «operación

Galaxia» hizo que Felipe González y Santiago Carrillo telefoneasen a la Moncloa y dijesen lo de

«Presidente, me tienes a tus órdenes». El miedo de las maletas preparadas, en «por si acaso», tras el

asesinato del teniente general Gómez Hortigüela. El mismo miedo que vi anteayer por la tarde, de

refilón en el Congreso de Diputados, cuando Luis Apostua. de UCD. informaba al oído; «en la

guarnición militar de Bilbao hay cierta crispación», y Javier Solana, del PSOE, musitaba en

voz baja: «parece que alguien se ha puesto nervioso en la Academia General de Zaragoza», Lejos de

Madrid, y cerca de la sangre derramada, Carlos Garaicoechea encaja el golpe» como si se lo hubiesen

dado en su propia carne: «es un ataque frontal al Estatuto vasco,».

• Sí. cuando matan a un .jefe militar... los políticos civiles se ponen sombríos. Y sombrío estaba. que

yo le vi. ej presidente Suárez, paseando por un corredor lateral del palacio de San Jerónimo el gesto

adusto, las mandíbulas prietas, los ojos empeñadamente fijos en las puntas de sus zapatos negros, ahora

el derecho, ahora el izquierdo ahora el derecho..., mientras Jiménez Blanco le «colocaba» el

«western» del hotel Barajas entre el ministro Cavero y los diputados «de conciencia escrupulosa que no

quieren una ley de divorcio traída por UCD». Por cierto que de esa película tengo yo la versión original,

sin subtítulo ni amaños, y... si nadie Se interpone entre ustedes y yo, espero «proyectársela» en

breve, en brevísimo. Creo que les resultará apasionadamente reveladora.

• Y, entretanto, dos ilustres militares pronunciaban en Canarias ante la guarnición del CIR

15 estas serias palabras: El teniente general Gabeiras. jefe del Estado Mayor del Ejército: «España

está enferma y sometida a unos tratamientos que no dan el resultado satisfactorio que quisiéramos.» Y,

poco después, recomendaba a aquellos hombres mantenerse «inmunes a cualquier .incidencia exterior

disolutoria», «...por si llega el momento, que yo no creo en que la Patria tenga que acudir a nosotros

para mantener su esencia». El teniente general González del Yerro, capitán general de Canarias,

expresaba su sentimiento por la muerte del .coronel Pérez-Zamora y del comandante Esquerro: «...

y también porque parece que se nos va muriendo España». Y su repulsa «por el acto en sí» y «porque no

se ve acción eficaz de autoridad que invierta de modo total el curso de los acontecimientos».

Está claro que las frases entrecomilladas de Gabeiras y González del Yerro no son mero ritual de arenga

ni liturgia funeraria castrense, sin otros ecos que los de intramuros del acuartelamiento. Está claro que en

el plomo de todas nuestras linotipias esas palabras fuertes han hecho muescas. Y aquí están. Es aquello

de «no preguntes por quién doblan las campanas: ¡están doblando por tí!».—Pilar URBANO.

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