Autor: Urbano, Pilar. 
   Capear el temporal     
 
 ABC.    26/09/1979.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

CAPEAR EL TEMPORAL

Un día Suárez me recordó cómo los «episodios nacionales» le habían desbaratado, en plenas vísperas, dos

viajes de su política exterior: aquel de la ruta del petróleo y otro a Argelia. Ahora, nuevamente, se queda

con las maletas hechas. Ignoro si el verdadero «Artemidor», avisador agorero, ha sido el «episodio

nacional» de la tensión originada por los recientes asesinatos de tres jefes militares, o... los avisos

tçlefónicos. Atlántico a través, de ios servicios de inteligencia estadounidenses y de seguridad

costarricense, premonitorios de un «intento de atentado personal» contra él. Sea como fuere, el «patrón»

se queda en el barco. Supongo que «capear el temporal» entra en su sueldo. Y, sin duda alguna, en el

precio del poder,

• He preguntado en el Ministerio de Defensa si la súbita visita del capitán general de Canarias,

González del Yerro, al ministro Rodríguez Sahagún, ha de interpretarse como un «expliqúese usted»

por las duras palabras de este ilustre militar, el otro día, ante la guarnición del CIR 15. Mi interlocutor

«no tiene orden de informar sobre ese tema», pero me ofrece dos comentarios interesantes: «¿Tú

orees que a un teniente general se le abronca o se le amenaza? Si ha hecho o dicho algo inconveniente,

en último caso se le destituye. Por otra parte, sus palabras ante el CIR 15 tuvieron un testigo de

excepción: nada menos que el jefe del Estado Mayor del Ejército, teniente general Gabeiras.» y

después: «Si; en los últimos días se han producido declaraciones, alocuciones y discursos de altos jefes

militares que podían tener su cariz duro..., pero no cabe suponer que hayan sido "orquestadas".

Simplemente, han coincidido en unas mismas fechas.» Me llega este rumor, y como rumor lo doy:

González del Yerro ha querido dimitir. El ministro no lo aceptó; porque esa dimisión se encadenaba con

las de otros capitanes generales.

• Al criptocronista de envidiable estilográfica Pedro Rodríguez se le antojó decir el lunes —yo

pienso que quina en «profecía» y no en «crónica»— que a Carrillo «no le dieron de comer en el

restaurante Jocquey». ¡Bueno! Jocquey con sus cinco tenedores al habla: «¡No salimos del asombro!

¡Está la "cosa" en el país como para andar con bromas! Carrillo ha almorzado y cenado aguí y puede

seguir haciéndolo. Nosotros no mezclamos el negocio con los ideales.» Y que yo sepa, Carrillo comió

una vez allí, con banqueros y empresarios de alto bordo. Y cenó... cuando aún era «clandestino» y

usaba peluca y lentillas. El mismo me contó «el susto» de las señoras que compartían su mesa «al

ver entrar, de pronto, cuatro o cinco guardias civiles que se cuadraban ante un señor alto, cejijunto

y .un poco calvo: «era el ministro de la Presidencia, de aquel entonces, Antonio Carro». «Pasado el

susto, porque creíamos que venían por mí, Carro ocupó justamente la mesa de enfrente. ¡Y cenamos

cara a cara... sin que él me reconociese! La verdad es que no disfruté con aquella cena.» —

Pilar URBANO.

 

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