La responsabilidad de UCD     
 
 ABC.    31/01/1981.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

La responsabilidad de UCD

Un acontecimiento político, la dimisión del presidente del Gobierno, que se considera episodio normal,

pese a su importancia, en otros sistemas democráticos, por cierto muy arriesgados y auténticos, reviste

para la democracia española caracteres de especial gravedad. Aunque sólo ha dimitido un hombre y no ha

dimitido su partido, aunque el partido del presidente que se va sigue conservando su mayoría

parlamentaria, sean las que fueren sus disensiones internas, se abre una crisis completa y es preciso

comenzar un proceso de consultas con todos los partidos que tienen representación parlamentaria para

encontrar la solución de un nuevo Gobierno. Este procedimiento será más complicado, más ilógico

incluso, que cualquier otro, y será también más o menos comprensible para el hombre de la calle, para el

ciudadano de a pie; pero es el establecido constitucionalmente. Y respetando sus reglas se resolverá la

crisis.

Por lamentable que resulte la coincidencia, la dimisión del presidente del Gobierno, señor Suárez, se ha

producido precisamente cuando en el seno de su propio partido, en el seno de UCD, estaba ya comenzada

la guerra interna para desalojarle de la presidencia del partido. Se han mezclado y entrecruzado tan

confusamente las cosas que no resulta nada fácil decidir si la dimisión del señor Suárez se debe a su

situación precaria, quizá insostenible, en UCD, o si por ser imposible ya su continuación en la presidencia

del Gobierno es por lo que se le declaró la guerra en el partido.

En cualquier caso, y sea cual fuere la solución de la crisis, está planteado un problema político de enorme

trascendencia: el futuro inmediato de UCD. ¿Cómo va a continuar su andadura política este partido?

Sin introducir en el razonamiento predilección o partidismo algunos, pensamos que UCD es una presencia

política necesaria, por ahora y sin duda, para la estabilidad de nuestra democracia. UCD, aún siendo

partido que integra partidos, suma de diversos, ha sido la opción política que ha recibido más votos en dos

elecciones. Y los ha recibido —dato susceptible de matización, pero no de discusión— como opción

política no de izquierdas.

Naturalmente, el peligro de que UCD se escinda, se rompa, nace precisamente de su varia composición.

Alguno o algunos de sus grupos desean mantener, o profundizar si al caso viene la inclinación del partido

hacia la izquierda. Otros, alertados por los resultados nada brillantes, nada positivos, de esta inclinación

—que encontró fórmula en la política de consenso— desean reconducir a UCD a una más cierta y lógica

identificación con sus masas de electores.

Pues bien, lo más deseable para la estabilidad de la democracia española, como hemos apuntado, es que

unos y otros dejen de tirar cada uno para su extremo y mantengan unida a UCD. No deben padecerse

espejismos en este punto. Fuera de la común denominación, fuera de estas tres letras, ninguno es casi

nada. Agrupados bajo ellas, todos son algo.

Conviene a todo el país, a España entera, que se resuelva la actual crisis de Gobierno con la mayor

rapidez posible. No es momento, por lo tanto, para demorar o retrasar la solución por discusiones internas

de partido sotare la personalidad que deba ser propuesta para la presidencia. Hay situaciones, y ésta es

una de ellas, en las que deben primar los sentimientos de responsabilidad nacional sobre las preferencia!

particulares en el seno de un partido Actuar patrióticamente no creemos que sea una conducta cancelada

ni descalificadora.

Para reajustar un partido, para recomponerlo, para restaurar su estructura, para depurar o perfilar sus

definiciones, hay más y otro tiempo. La responsabilidad mayor de UCD, en esta hora, es sacrificar a una

pronta y clara solución de la crisis cualquier disersión interna que produzca confusión retraso.

 

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