Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   La aguja y el camello     
 
 ABC.    11/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

La aguja y el camello

También e* mala suerte, hombre. Ahora que estamos a punto de alcanzar la libertad se nos viene encima

la pobreza. Aquí podemos elegir, según el tiempo, entre el honor del caballero, el orgullo del hidalgo, la

soberbia del conquistador, el éxtasis del místico o los derechos del demócrata. Pero, eso sí, siempre con el

estómago casi vacío. Dispónganse ustedes a filosofar primero y a vivir después. «Filosófico estáis.» «Es

que no como.» Compadezcámonos con Rocinante, que se hizo famoso a pesar del hambre. Digamos adiós

al sueño del desarrollo, a tas vacas gordas, a la novena potencia industrial y a los no sé cuántos dólares

por cabeza. Vamos a volver a rezarle a San Francisco de Asís en vez de imitar a don José María Aguirre

Gonzalo. Vamos a entrar en el paraíso democrático como en la otra vida: desnudos y desnudados. Vamos

a ingresar en el ascetismo del «crecimiento cero». Vamos a pasar por las urnas, a desfilar en las

manifestaciones y a vociferar en las asambleas; pero vamos a hacerlo como el gallo de Morón: sin plumas

y cacareando.

Los economistas tienen estos dias el sueño negro de José. Por lo que dicen, las vacas que vienen están

más flacas que las que se pasean por el laberinto ecológico de Delhi. Los informes son alarmantes. Se

encienden las «señales rojas» de alerta. No hay síntoma alguno de recuperación en el enfermo. Y el

enfermo es todo el Occidente. Estamos «celebrando» el cincuentenario del crack del 29 con la negra

profecía del fin de la opulencia. Se va abrir un paréntesis en la Europa del milagro, en el consumismo, en

la sociedad del bienestar y del nivel de vida. Los predicadores ya empiezan a decir que el marxismo y el

capitalismo son dos formas de materialismo. Cuando los políticos hablan de espiritualidades, malo. Ee

que nos van a subir los impuestos y nos van a apretar el cinturón. El «oro negro» es un lujo asiático. Su

precio nos va empobreciendo como las succiones inexorables de un usurero. La sociedad del Concorde

nos invita a montar en bicicleta.

Señorea, se acabó la gasolina. Bueno, aún no se ha acabado, pero se va a acabar. Eso es lo que dicen los

profetas mayores. Y ademas Rusia nos deja sin una Cosa muy importante para Ir tirando que se llama

titanio. Estamos comiéndonos a dos carrillos la despensa del mundo. La sociedad occidental y cristiana

está en quiebra. Nos amenaza la ruina. Dicen que hasta en el Vaticano tienen un déficit, o sea, una púa, de

mil no sé cuántos millones de pesetas. Es decir, que aquí ya no tienen un duro ni los curas. Ahora

tendremos que Inventar, de verdad, la Iglesia de los pobres. También es .mala suerte, hombre. Ahora que

los españoles ya teníamos Constitución, y autonomías, y Tribunal constitucional, y libertades formales, y

voto de investidura y a don Marcelino Camacho en el Congreso. Ahora, cuando habíamos logrado incluso

poner a don Cecilio Valverde en la presidencia del Senado, y a Carmela García Moreno en un despacho

de la Mondoa, y a don Enrique Tierno Galván en el Ayuntamiento, y a don Raimundo Saporta en el

Mundial, ahora, digo, precisamente ahora, nos dicen que las democracias occidentales están a punto de

quedarse en la Inopia.

Nada. Que aquí no hay manera de entrar en un régimen político con la andorga llena y la bolsa mediada.

Y además esto va para largo. El profeta mayor don Enrique Fuentes Quintana nos ha asesorado a todos, a

pesar de ser asesor del presidente. «La crisis no es pasajera; estamos instalados en ella, y es mundial, por

lo que no caben soluciones aisladas, que por otra parte serían impopulares; de ahí que los políticos eluden

la exposicin de auténticas soluciones.» Y dice que las familias no creen en el futuro del país y que los

empresarios no creen en el futuro de las empresas. O sea, que aquí no .sabe nadie cómo salvarse de la

quema. Aquí no hay quien invierta; aquí no hay quien trabaje; aquí no hay quien nos eche una mano. Para

tener un duro vamos a tener que pedírselo a don José María Ruiz Mateos, que es el único que todavía

tiene alguno, a costa de poner a trabajar a la abeja, y que todavía crea puestos de trabajo y compra el

museo de botellas de Perico Chicote. Porque dentro de poco el trabajo va a ser algo raro, algo así como

encontrar un urogallo en el monte, un trébol de cuatro hojas en el prado o un Joaquín Ruíz-Giménez en la

política. Y el vino, pues eso, un recreo para la vista en las vitrinas del museo.

Y lo peor de todo es que a los españoles nos han dicho que tenemos que apretarnos el cinturón en el peor

momento. O sea, en el momento en que nos disponíamos a aflojárnoslo. Como somos nuevos en la

democracia, los españoles creíamos que eso consiste en miramos el ombligo y pedir más sueldo, en «que

Inventen ellos y darnos al hachís, en hacer la huelga, divertimos en el destape y cantar bingo; en trabajar

en el paro y en llevarse los cuartos a Suiza. Y además tenemos a Jomeini en contra: ni nos manda barriles

ni les pone el velo a las abortistas.

Por si fuera poco, dice Pina López Gay, esa Jane Fonda de la Joven Guardia Roja (aquí viempre tiene que

haber varias guardias: la vieja, la nueva y la Guardia Civil), que también los jóvenes están decepcionados

con la democracia, porque a lo que ha venido la democracia es a machacar a los jóvenes. Y dice mi

compañera Native! Preciado que la vía democrática no sirve para acabar con esas «United Fruit*» que

hay por esos mundos colonizados, y que lo bueno para eso es la revolución. Y don Juan María Bandrés

insiste en que la democracia no ha acabado con las torturas. Y la ETA reitera que la democracia no ha

acabado con la esclavitud de los vascos. Y don Marcelino Camacho dice que va a ver si logra que en las

fábricas se haga lo contrarío de lo que se legisla en el Congreso.

Ya lo ven ustedes. Donde no hay harina, todo es mohína. Tampoco es eso, señores. A ver si va a resultar

que la democracia sólo sirve para que don Leopoldo Calvo-Sotelo tampoco nos meta en Europa. A lo

mejor ai Gobierno se le ocurre algo para salvarnos de la indigencia. A lo mejor ya tienen anotado algo de

eso en su agenda de trabajo. A lo mejor, en los años ochenta, no nos hacemos pobres ni ricos, sino todo lo

contrario. A lo mejor no hay que decir aquello de que es más fácil que un camello entre por el ojo de una

aguja que un rico entre en el paraíso democrático. Al mal tiempo, buena cara. Por mucho que nos hagan

la pascua, nosotros como siempre: «Felices Pascuas y próspero Año Nuevo.»—Jaime CAMPMANY

 

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