Autor: Dávila, Carlos. 
 La sustitución de Suárez en la presidencia del Gobierno. Hoy, nueva reunión del Comité ejecutivo centrista. 
 Los "críticos" insisten en que Calvo-Sotelo debe explicar su programa     
 
 ABC.    31/01/1981.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Hoy, nueva reunión del Comité ejecutivo centrista

Los «críticos» insisten en que CalvoSotelo debe explicar su programa

MADRID (Carlos Dávila). La candidatura de Leopoldo Calvo-Sotelo no eatá cerrada. Las

espadas críticas afilaron ayer aún más el corte. La desgraciada historia de largo Comité

ejecutivo, sincopado y tenso, ha puesto en un brete la aprobación, extraña, del nombre

propuesto sin demasiadas explicaciones por Adolfo Suárez. Y es que, en efecto, el presidente

—que todavía lo es mientras no se le sustituya formalmente— se dirigió a los miembros de la

Ejecutiva, ofreciendo oficialmente la candidatura de Calvo-Sotelo.

He hablado con distintas personalidades del partido —vino a decir Suárez— y juzgamos que es

la mejor oferta gubernamental que hoy podemos hacer. Las caras de los siete críticos

cambiaron de expresión, miguel Herrero saltó a la palestra y, con dureza, pidió la suspensión

inmediata del Comité para, durante un tiempo, estudiar la proposición presidencial. Por raro

que pueda parecer, tal intervención del presidente del grupo parlamentario pareció a muchos

una provocación. Un ministro se apresuró a pedir una votación rápida con estas palabras:

«¡Aquí hemos venido a designar un candidato!»

EL SILENCIO DEL CANDIDATO

Al final de una borrasca de palabras en apoyo de una u otra postura, Suárez autorizó la

suspensión. Tres horas más tarde, en el mismo escenario abovedado y clásico, los treinta y

siete ejecutivos del partido se sentaban en sus lugares habituales. Antonio Fontán derramó

sobre Suárez algunos elogios medidos y solicitó que el candidato explicara al Comité cuál era

su opinión sobre cuatro puntos concretos: qué clase de Gobierno pretendía formar, cuáles eran

las relaciones que mantendría entre el Gabinete y el partido, qué tipo de respuesta

programática se daría a los problemas del país y, en resumidas cuentas, cuáles eran los

criterios sobre los se que iba a formar el Gobierno. Pero el candidato calló. Leopoldo Calvo

Sotelo, hierático, no quiso responder a los cuatro requerimientos. La tensión subió de tono.*

A partir de aquel momento tirante se sucedieron más de cuarenta intervenciones. Para

sorpresa de algunos oficialistas, Gabriel Cisneros, Marcelino Oreja, Sánchez Terán y Luis

Gámir suscribían casi al completo los planteamientos críticos. Suárez, una y otra vez,

aseguraba que su propuesta no era apersonal: «Es el fruto de un consenso de muchos

políticos de UCD.»

OFRECIMIENTO MINISTERIAL

Por fin, Calvo-Sotelo dejó entrever su posición: «No aceptaré la elección si no es por

unanimidad.» Luego, como se verá, se plegó a la petición de treinta compañeros de ejecutiva, y

recibió la nominación. Minutos después abandonaría la sala de reuniones. Lo mismo hizo el

ministro de Defensa, Agustín Rodríguez Sahagún, candidato también a sustituir a Suárez.

Fernando Alvarez de Miranda habló por primera vez: su exposición, que procuró evadir

cualquier incidencia personal, tenía por objeto convencer a todos los presentes de que la

pretensión del grupo opositor tenía una razón de principio: «¿Cómo —se preguntó— podemos

aceptar sin el menor debate a un candidato que no ha intervenido ni una sola vez en este

Comité? ¿Cuáles son sus ideas? ¿Qué proyectos tiene?» Tampoco los argumentos del político

democristiano resultaron por lo visto convincentes. La hora se echaba encima y no convenía

revolver la discusión con procedimentos tan mínimamente clarificadores.

No creo que merezca más espacio la relación lineal de aquellos sucedidos, incidentes y

anécdotas. El presidente dimisionario quiso ayudar a su colaborador Calvo-Sotelo, y en su

nombre le ofreció la cartera de Justicia del nuevo Gabinete a Osear Alzaga. Alzaga, por tercera

vez en otros tantos años, dijo no. El nivel dialéctico de las conversaciones fue muchas veces

sobrepasado. Así, el candidato a presidente, molesto por algunas intervenciones, se dirigió con

estas palabras al moderado Camuñas: «¡Habíame en otro tono, porque en éste no se te

entiende!»

LOS SIETE DISIDENTES

Se votó. Y en el mismo instante en que Suárez dio tal orden, siete críticos (Luis de Grandes,

Osear Alzaga, Miguel Herrero, Antonio Fontán, Alvaro Alonso Castrillo, Ignacio Camuñas y

Fernando Alvarez de Miranda) abandonaron la sala. Landelino Lavilla, que había expresado su

intención de aceptar a cualquier aspirante escogido por el Comité (antes afirmó ante Suárez

que él se retiraba de cualquier liza electoral), votó en blanco. Y los críticos, una vez terminada

la elección, regresaron a-sus sitios. Entre bisbíseos.

La historia de la larga noche, en que el conflicto centrista hizo crisis, termina aquí. De la

Moncloa salió un candidato contestado por un sector importante del mismo partido que le

apoya. Es cierto que sólo siete de los treinta y siete miembros de una ejecutiva formada por

Suárez en 1978 representan al grupo crítico, pero no lo es menos que componen una gran

facción del grupo parlamentario centrista del Congreso y que están arropados, al menos en

teoría, por los casi setecientos firmantes del manifiesto que fue la espoleta que rompió el fuego

de la protesta en el hasta entonces dócil partido gubernamental.

HOY, NUEVA REUNIÓN

Ayer, un texto difundido por los siete disidentes de la que se presumió jornada de exaltación del

nuevo presidente, resumía así la situación: «Resulta totalmente absurdo que cuando el

problema político de UCD no ha hecho más que plantearse, sin que haya habido posibilidad de

discutir todos los temas porque se impidió la celebración del Congreso, se hable ya de que

"sería bueno" que el "nuevo presidente contara con dos vicepresidentes: José Pedro Pérez

Llorca y García Diez, mientras que Fernández Ordóñez sería un buen ministro de Asuntos

Exteriores y Pío Cabaniilas coordinase la operación".»

Este documento, grave y acusador, debe compararse con algunas manifestaciones de

miembros significados del sector oficialista, unidos ya todos en un mismo frente.

 

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