Autor: Dávila, Carlos. 
 Dimisión de Adolfo Suárez. Pidió "apoyo para los hombres de UCD". 
 Suárez decidió su dimisión el domingo     
 
 ABC.    30/01/1981.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

Pidió «apoyo para los hombres de UCD»

Suárez decidla su dimisión el domingo

MADRID (Carlos Dávila). Los síntomas debieron avisarnos. Sin embargo, salvo muy raras

excepciones, nadie supo pronosticar la dimisión del presidente. Una dimisión inesperada que

abre un paréntesis difícil de llenar y más difícil aún de pronosticar. Adolfo Suárez, después de

cinco años en la cumbre del Poder democrático —tal y como diría él mismo— decidió ayer

convertirse en un simple diputado y militante de UCD. Pero esta aspiración no va a ser para el

ex presidente ni sencilla ni rápida.

A las tres de la tarde de ayer, un Rafael Calvo reservado se enfrentaba en un diálogo complejo

con los periodistas del grupo «Crónica». En un momento dado cometió el desliz, quizá

consciente, de afirmar: «Esta tarde habrá una noticia importante. Minutos después se conocía

un télex de Europa Press en el que se sugería, todavía sin demasiada confianza, la posible

dimisión del presidente. Calvo Ortega reaccionó fulminantemente al saber la difusión de la

noticia; se disculpó y salió rápidamente hacia su despacho de secretario general del partido. El

rumor parecía ser cierto.

Los ministros habían sido citados a las cinco en Moncloa. Cuando llegaron, Adolfo Suárez,

semisonriente y preocupado, acababa de finalizar la grabación de un mensaje de apenas diez

minutos, .mediante el cual comunicaba al país su decisión. Después, e! Consejo. Tampoco éste

fue largo; Suárez no se entretuvo un momento y utilizó las menos palabras posibles para

comunicar a los hasta entonces sus ministros su decisión irrevocable. Nadie preguntó nada.

Los titulares de las diversas Carteras se entretuvieron aún algunos minutos. La reunión del

Comité Ejecutivo estaba convocada para las seis de la tarde y a esa hora empezó. En principio,

el ex presidente presentó formalmente su dimisión con un alegato muy similar, según las

primeras informaciones, al que había formulado en el Consejo de Ministros. Posteriormente,

algún miembro del Comité indicó que la decisión más oportuna sería encarar directamente la

sustitución de Suárez e incluso pidió la consideración de un nombre concreto; Leopoldo Calvo-

Sotelo.

Se sucedieron algunas intervenciones .y veinte minutos más tarde el Comité decidió suspender

sus trabajos para concederse un descanso preparatorio de otra reunión que quedaba

convocada para las once de la noche. La petición había sido hecha por un representante liberal

en el Comité, quien señaló que una decisión de apoyo de esta trascendencia precisaba de una

meditación detenida. Así se entendió y el Comité volvió a reunirse después de una cena

precipitada, en la que cada ejecutivo discutió con sus más

«Todos los esfuerzos han merecido la pena»

afines la estrategia a seguir y también la consideración del candidato ofrecido por un integrante

del máximo órgano de poder del partido centrista.

Mientras el Comité discutía estos extremos, el país veía ante la televisión a un Adolfo Suárez

serio, ojeroso, demacrado y seguro, que con palabras medidas daba cumplida noticia de su

dimisión en un tono de confianza, de reconvención y hasta de regañina familiar. Suárez, en sus

primeras palabras, dejó claro que su marcha ´no tenía ninguna responsabilidad exterior: «Me

voy sin que nadie me lo haya pedido.» Y quiso insistir en que su salida no tenía ribetes de fuga

temerosa en un momento importante y gravé del país: «No dimito ni por cansancio ni por

ninguno de los reveses que he podido sufrir, ni por temor al futuro.» Luego aseguró que su

decisión era «tan firmé como meditada» y que en cualquier caso todos los esfuerzos «han

merecido la pena».

Así transcurrieron los cinco primeros minutos de un mensaje que no será el último de su vida

política. Algún observador sugirió casi inmediatamente que era el principio de un anuncio

electoral. Es pronto, sin embargo, para adelantar tal contingencia. Reconoció el presidente, de

una forma quizá indirecta, la influencia de ¡a critica, dura y reciente en su decisión y pidió que

cesaran las «descalificaciones globales». Fue éste un momento importante de su discurso; un

pasaje en e! que el presidente lanzó un reproche, que seguramente fue pensado no para

dirigirse a sus opositores de dentro del partido, sino para conseguir el aprecio y la solidaridad

de sus espectadores, de muchos votantes que le han seguido en estos últimos cinco años.

Matizó, sin embargo, esta breve imputación con otras palabras también hábiles; «Pero no me

puedo permitir ninguna queja ni ningún gesto de amargura.» Suárez así elevaba el nivel de su

despedida con un gesto de generosidad que ´puede reportarle beneficios evidentes en su futuro

-que lo tiene— político.

Termino pidiendo apoyo para los hombres de UCD, deseó «paz y bienestar» para todos tos

españoles, y las cámaras, en un plano medio, despidieron al ya ex presidente mientras éste

decía sus palabras finales: «Gracias a todos y por todo.» Con esta frase, Adolfo Suárez, que ha

acuñado varias de éxito en sus años de Poder, conseguía apuntarse un gran tanto dialéctico,

un tanto también "sentimental, que deja el gusto exacto de una despedida calculada: el gusto

de un «hasta luego» políticamente rentable.

Se conocen ya algunos detalles inconexos de cuál ha sido la cronología de la dimisión. Es

posible que el presidente, acosado últimamente por los gravísimos problemas internos y por la

alarmante situación del país, decidiera dimitir el pasado domingo tras algún contacto con sus

consejeros mas inmediatos. Ante el Consejo de Ministros y ante la Ejecutiva de su partido el ex

presidente adujo «razones personales», pero el argumento no resulta absolutamente

convincente.

Hoy el Rey iniciará las consultas con los grupos parlamentarios para designar nuevo

presidente. Felipe González, que se encontraba en París, volvió urgentemente a Madrid. Don

Juan Carlos viajará el martes al País Vasco en una visita que, según palabras de Marcelino

Oreja, «no se va a suspender». Es posible por ello que las consultas terminen antes de ese día,

lo cual no quiere decir que, necesariamente, exista para entonces un nuevo presidente.

 

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