Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Malaventurados los tontos     
 
 ABC.    07/10/1979.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

DO M I N G O, 7 DE OCTUBRE DE 1979. PAG. 3

ESCENAS POLÍTICAS

Malaventurados los tontos

Malaventurados los tontos, porque ellos serán exterminados. Se ha desatado la campaña de destonización.

Bueno, no se trata de un holocausto, sino de una conversión. Se treta de convertir a la inteligencia a quien

lo haya menester.

El Congreso socialista, digan lo que digan, ha servido para alcanzar muchos objetivos importantes. Por

ejemplo, para traer de nuevo a Felipe para apartar de nuevo a Tierno, para reírle las gracias a Guerra, para

dejar fuera de juego a Bustelo, para que andasen a la greña Pablo Castellano y Enrique Múgica, y para

que Alonso Puerta encontrase la tercera via, que ya se ha visto que sólo era una senda. Y para decimos

que nos van a convertir a todos los trabajadores en una sola clase, y que nos van a hacer dueños del fruto

de nuestro trabajo, libres iguales, honrados e inteligentes. Seguramente en eso de hacernos inteligentes a

todos los trabajadores ya está ocupándose don Nicolás Redondo. Buen trabajo. Hacer inteligentes a todos

los trabajadores debe de ser algo tan difícil y apasionante como hacer inteligentes a todos los empresarios,

y ya podia aplicarse a esa tarea don Carlos Ferrer Salat. Los Bancos, por un lado, y las centrales

sindicales, por otro, deben cooperar a la tarea y empezar a extender diplomas y avales de inteligencia.

El Partido Socialista tiene la esperanza de sacar alguna chispa incluso de la cabeza de don Esteban Diaz

Morató, según la maliciosa apostilla de un jerifalte de UCD. De más duras molleras quiere sacar chispas

el Centro, se ha apresurado a responder un discípulo de don Alfonso Guerra, y si no, ahí tiene usted a don

Rafael Arias-Salgado. Cuando los políticos empiezan a jugar a las ironías, es que ya están en el camino

hacia la inteligencia. A mí no me parece imposible que hagan de los españoles una clase inteligente. Al

fin y al cabo, en este país, el más tonto hace relojes. Me parece mucho más utópico que nos conviertan a

todos en trabajadores. Aquí, a los listos les da por no trabajar, y los pocos tontos que trabajan se cansan en

seguida. «Estos tíos se han creído que me chupo el dedo. Unos, a legalizar el "porro"; otros, a fumárselo,

y yo, de "currante", Y un jamón», y van y tiran la herramienta.

Nuestro Parlamento, por ejemplo, tiene fama de ser un desierto de lumbreras. Las gentes buscan entre los

diputados y senadores a Azaña, a Prieto, a Besteiro, a Calvo-Sotelo, a Cánovas o a Castelar, y no los

encuentran. Pero es que hay que darles tiempo. Además, algo más listos serán que nosotros cuando nos

han convencido de que les votemos. La mejor manera de manifestarse listo es la de repetir esa frase que

no se nos cae de los labios. «Ese es tonto,>. Eso no es cosa de ahora, sino de siempre. De don Niceto

Alcalá Zamora, que nació en Priego y que presidió una República llena de nombres que parecían de gente

lista, dijo Rafael Alberti que fue tonto en Priego, en Alcalá y Zamora.

Yo no sé si don Enrique Tierno será más o menos inteligente que don Julián Besteiro, pero deben estar

aproximadamente en el mismo «test». Bueno, pues a Besteiro, sus compañeros de partido lo dejaron aquí,

a la intemperie, mientras ellos huían de la quema, y a Tierno lo estamos haciendo polvo a base de decirte

que no se quite el collar y que se retrate con los brazos abiertos en el «Oremus». Parece que don

Raimundo Saporta salió listo y que puede poner un poco de inteligencia en la organización del Mundial-

82. Pues i que se lo ha creído! Y los alcaldes socialistas, por el socialismo hacia la inteligencia, quieren

poner la suya al servicio del deporte.

Quien, a mi parecer, no necesita en absoluto que le conviertan en «una sola clase trabajadora e

inteligente» es el ministro don Joaquín Garrigues. Ya ha dicho que UCD está falta de una confrontación

ideológica. Cuando un político afirma una cosa asi en este país, ya se entiende que lo que está pidiendo es

que le den más poder a él y a sus amigos. Y si don Joaquín Garrigues se somete a una confrontación

Ideológica, o aparece con el bazo enfermo, habrá que preguntarse siempre que con qué objeto. Lo mismo

hace don Adolfo Suárez cuando dice que le duelen las muelas o cuando parece que se le ha comido la

lengua un gato.

Es de suponer que aquí hay listos y tontos, como siempre ha habido, en el tajo, en la empresa o en la

política. Si hiciéramos caso de los que ven tontos en todas partes del tiempo presente y no dicen que un

español es listo si antes no ha pasado la reválida de la muerte, éste sería un país con varios siglos de

entorpecimiento progresivo. Mi colega Rodrigo Royo, que ha llegado estos días a la crónica

parlamentaria, antes de sentarse en la tribuna de la Prensa, ya está diciendo que los señores diputados son

más bien tontos y que los de antes eran más listos. Y le hace decir a un anónimo confidente, naturalmente

diputado, que eso mismo sucede con los cronistas parlamentarios. Que, por ejemplo, «Cándido» no es

Azorín, ni yo soy don Wenceslao Fernández-Flórez. Todo llegará. Sólo hay que esperar a que dé sus

frutos el programa socialista de conversión a la inteligencia, y entonces los políticos empezarán a ser

Azaña, Calvo-Sotelo o Besteiro, y Rodrigo Royo será Julio Camba.

Lo que sucede es que, con esto del sarampión democrático, estamos todos un poco desconcertados y

también un tanto desacertados, y yo el primero, que ya sé bien que no soy Wenceslao Fernández-Flórez,

no por nada, sino porque lo he leído. Los intelectuales no ejercen de intelectuales y andan en huelga de

ideas caídas y en criticas de celo. Los políticos pierden el paso, porque ahora nadie les marca el «un,

dos». Los autores teatrales están secos, y hasta Buero se hace entender menos que cuando no quería que

se le entendiese. Fíjense ustedes que ayer leí en el artículo de un intelectual no sé qué cosas sobre «el»

sístole y «el» diàstole. Y yo creía que esas palabras tienen género femenino. En eso de los géneros

estamos más desconcertados que en cualquier otra cosa. Ha llegado un momento en el que el

confusionismo y la indefinición sexuales nos van a hacer decir aquello que dijo un alcalde de San

Sebastián en los tiempos de la indefinición política: «Yo ya no sé si soy de los nuestros.» Hasta las

palabras se han convertido en .«travestis». Un día de éstos, Wenceslao Fernández-FIórez y Azorin van a

confundir a don Ciríaco de Vicente con Carmela Garcia Moreno.

Malaventurados los tontos, porque ellos seran Inteligentes.—Jaime CAMPMANY.

 

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