Por el bien de España     
 
 ABC.    05/02/1981.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Por el bien de España

La dimisión del presidente Suárez ha culminado, como resultante, una serie dé tensiones internas,

producidas en el seno de su partido, la. UCD, que no eran, a su vez, sino reflejo de una política titubeante,

con errores palmarios, que llegó a crear no sólo una atmósfera contraria en los distintos ámbitos del país,

sino, además, una situación general de desencanto.

Partiendo de esta premisa, que reducé dramatismo a un acto espectacular por su novedad, pero

perfectamente lógico y democrático, dentro de la Constitución, que se produza el recambio del presidente

del Gobierno no significa,en definitiva, sino que Adolfo Suárez ha interpretado, al cabo, tanto las críticas

hacía su reforma de gobierno como, las reacciones de quienes, dentro de su partido, procuraban separar,

en la medida de lo posible, con modos más o menos discutibles o acertados, la responsabilidad

gubernamental de la puramente partidaria. Unión de Centro Democrático ganó las pasadas elecciones.

Con Adolfo Suárez al frente, pero con un programa y unos objetivos que la política del presidente había

cambiado, en opinión de buena parte de sus partidarios. El partido sigue siendo ganador de aquella

elección, Y al partido corresponde, ahora, reformar la ejecutoría práctica de su programa para conectar de

nuevo con la realidad de España, con sus problemas y sus anhelos.

Nadie puede negar que Adolfo Suárez ha escrito una página singular de la historia política del país.

Suárez ha sido presidente del Gobierno en la difícil etapa de la transición política, en el cambió´-"de un

régimen- autoritarioa otro de libertades democráticas. El honor de la capitanía .durante tal tiempo de

responsabilidad no va a discutírselo nadie. Sin embargo, tampoco nadie puede negar que, dada la

situación por la que España atravesaba, con un Gobierno sih timón firme y, por tanto, sin rumbo

asimismo claro y decidido, no había otra solución que no fuese la dimisión del presidente: Al desgobierno

que padecíamos se unía la ausencia de una sólida base parlamentaria que permitiese un pleno ejercicio de

la autoridad, una postura firme ante determinados problemas de la nación

La Monarquía, dada nuestra Constitución, que en ella se fundamenta, asegura la continuidad democrática

del sistema. En ella residen la confianza y la esperanza de que cualquier cambio que se produzca en la

línea ejecutiva discurra por cauces estrictamente democráticos. El Rey consultará con los distintos grupos

políticos parlamentariamente representados y, oídos quesean, propondrá al Congreso un candidato a la

Presidencia del Gobierno. Lógicamente, este candidato será el que presente el partido ganador en la

última confrontación electoral, es decir, UCD. No hace falta jugar a ser augur para predecir tal paso. Y

tampoco cabe adivinar que el próximo Gobierno estará, muy probablemente, asistido por los votos de

otros grupos próximos a UCD, dentro de las alianzas naturales que fines e ideología próximos permiten.

Una ampliación de las fuerzas parlamentarias representadas en e] Gobierno daría a éste un grado de

estabilidad que no ha conocido desde la ya lejana fecha de marzo de 1979.

Adolfo Suárez se marcha, consciente —de ello estamos seguros— de que así se abre una nueva página en

ese libro de la Historia que le tuvo por amanuense en la- anterior"y las presente. Suárez, en definitiva,

acaba de rendir un nuevo servicio a su pais y a su partido. Así, sinceramente, creemos que debe

entenderse su dimisión. Como político, Suárez ha luchado denodadamente por recuperar el ritmo perdido,

por enderezar un rumbo que se veía erróneo. Y como hombre de Estado y como español ha abandonado,

evitando una crisis abierta, un rompimiento de su partido y una prolongación del desencanto que a tantos

españoles había afectado.

«Tenemos que mantenernos en la esperanza —dijo en su intervención televisada el dimitido presidente—,

convencidos de que las circunstancias seguirán siendo difíciles durante algún tiempo, pero con la

seguridad de que, ai no desfallecemos, vamos a seguir adelante. Algo muy importante tiene que cambiar

en nuestras actitudes y comportamientos. Y yo quiero contribuir, con mi renuncia, a que este cambio sea

realmente posible e inmediato.»

Si, para un político, son vitales saber llegar y saber prevalecer, Adolfo Suárez ha probado que la tercera

virtud, la de saber retirarse, es la que concede auténtica dimensión ai ejercicio noble de la política.

 

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