Autor: Urbano, Pilar. 
   Suárez abre los cmaisnos del retorno     
 
 ABC.    05/02/1981.  Página: 14-15. Páginas: 2. Párrafos: 15. 

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JUEVES 5-2-81

NACIONAL

Hilo directo

Suárez abre los caminos de retomo

«... Suárez, acosado y mártir, dispuesto a entrar en el "II" como militante y a salir aclamado como

secretario general plenipotenciario.»

Por Pilar URBANO

Ese, ese es el libro que habrá que ponerse a escribir un día de estos: «Las madrugadas de la Moncloa». El

pasional y apasionante libro de «explicaciones» para un pueblo, benevolente y cansado, que lleva en su

conciencia su legitimísimo «libro de reclamaciones». Y es que la clase política, que «faenó» !a

gobernación con Suárez, todo lo discutió, lo revolvió y lo resolvió y en largas sentadas, de noche a

madrugada, en el palacete de Moncloa. Política de insomnio, de ceniceros repletos y de cafés cargados.

Asi ha sido, sin alejarnos más, esta última controvertida y densa «gran semana» en la que media UCD

navajeaba a la otra media, en la que el presidente del Gobierno y del partido moría matando, y en la que

se desplomaba el abultado cartón-piedra de «los críticos», pero cobrándose en su caída la importantísima

pieza de la cabeza de Suárez.

Aquella tarde, a la hora de votar en la «moción de censura», relampaguearon frenéticos los «flashes» de

todos los reporteros que pululaban por el hemiciclo: entraba un mito, entraba un diputado pálido,

adelgazado, débil, cadavérico..., pero sonriente. Joaquín Garrigues Walker se volvió a los que estábamos

cerca y nos dijo con poca voz: «He venido a echar una mano..., bueno.,., en democracia un jefe de

Gobierno suele estar una y otra vez contra las cuerdas.» Suárez estaba contra las cuerdas. Se le pedía lo

metafísicamente imposible: cambiar de estilo. Y se io pedían sus hombres, aquellos critiquísimos

«barones» que enfundarían ios dardos en el carcaj, a la vuelta de la esquina, en cuanto se les ofreció una

cuenta corriente en el Gobierno. Pero Suárez había empezado a desangrarse: la «entrega» de Abril, que

fue «el principio del fin», y la liquidación de la «fontanería» pretoriana, después, por reclamos de su

propia gente ucedera, iban a dejarle desprotegido y con los flancos al aire. Empezaba a ser vulnerable.

El había tomado buena cuenta de lo que se dijo, y de lo que se calló en aquella fa. mosa reunión de «la

casa de la pradera». Oía ya el tictac inexorable det cronómetro de «la recta final».

• Venía de largo. La entrada de los «barones» en el Gobierno, de septiembre, y la ausencia de Abril, le

cambiaron a Suárez el mapa de las líneas de Poder. Luego vendrían las «cesiones» puertas afuera, de las

que sólo voy a mencionar tres por muy notorias. Una: el giro autonómico que del 151 volvía al 151,

después de pasar por posiciones 143 y 144, y que le había sido arrancado en papel, «negro sobre blanco»,

por los socialistas llamados a) «consulting» de la Moncloa, después de la «cuestión de confianza».

Episodio éste para no pasarlo por alto, pues tuvo efectos de boomerang: la confianza pedida se le tornó

desconfianza en bandeja. Dos: la manipulación y adulteración que del proyecto divorcista «Cavero» haría

Fernández Ordóñez, convirtiéndolo en un «divorcio de pata Ubre» por mutuo consenso, banderín de

enganche inicial de un primer brote crítico dentro del partido y que llegaría a poner, en esta «gran

semana» del 26 al 31 una nueva tensión sobre la mesa del presidente Suárez: los «interrogantes» censores

de los obispos españoles, dispuestos a decir «señores, por ese camino no se va a Roma..., ni se viene de

Roma». Y tres: la rendición de Prado del Rey, el «sottogoberno» de la voz y de la imagen, a gusto de la

oposición de izquierdas. Si a etlo se añaden otros acontecimientos adversos, de los que también citaré

sólo tres botones de muestra: victoria de CC OO en las elecciones sindicales y renuencia de la UGT par

firmar e) Acuerdo Marco (AMI), con evidente enervación de las relaciones capital-trabajo; descalabro

centrista en las elecciones senatoriales de Sevilla y Almena, donde la presencia física del propio Suárez

no consiguió más que hundir hasta lo inverosímil sus cotas de popularidad y convocatoria; y el portazo,

vía abstención, de los gallegos a su referéndum autonómico... tendremos un retrato, sombrío y borrascoso,

del paisaje que el jefe del Gobierno contemplaba estos días desde su ventana de la planta baja de

Moncloa: una cordillera de desafíos. Y entre tanto, dentro ya de su partido, empieza a cobrar volumen lo

que fue «chispazo crítico» —la elección de Herrero de Miñón como portavoz parlamentario frente a!

candidato «oficial»—. El «manifiesto crítico» gana firmas, hasta las setecientas, y prende hoguera.

Lavilla apunta un ademán de contraliderazgo. Y los «críticos» se hacen fuertes bajo su capa. Surgen los

«conciliadores» que irritan a ambos bandos. Se extiende como la lava abrasiva el dramático «slogan»

«hay que evitar a todo trance que UCD se rompa». Los ánimos se encrespan por días. Hay dirigentes

centristas que se acaloran en discusiones y dejan de dirirgirse la palabra... UCD está al borde del cisma.

• Un Miguel Herrero de Miñón optimista, combativo, irónico y seguro de sí mismo nos diría, el lunes 26,

a un grupo de periodistas que almorzábamos en el Medinaceli: «No es cuestión de cargarse a nadie..., es

cuestión de cambiar de estilo..., de que "alguien" cambie de estilo... y si no quiere o no puede, que ese

"alguien... cambie".» Y agregaba: «El "síndrome Herrero" está disparado y es imparable.»

Ese mismo lunes, a las ocho de la tarde, Suárez planteaba su deseo de dimitir «para evitar que UCD se

despiece», a un reducido grupo de «hidalgos» centristas, convocados con escasa antelación: Pío

Cabanillas, Rodolfo Martín Villa, Rafael Calvo Ortega, Rafael Arias, Paco Ordóñez, Leopoldo Calvo-

Sotelo y Landelino Lavilla. Tengo mis dudas, pese a lo que se ha dicho, de que en esa reunión estuviese

también Fernando Abril, a quien yo «hacía» en Valencia ese día. Aquellos personajes discuten el tema y

sus posibles «salidas» hasta las doce de la noche. Suárez les ha urgido a «ponerse de acuerdo en un

sucesor». Saltan dos nombres, y sólo dos: Agustín Rodríguez Sahagún y Leopoldo Calvo-Sotelo. Y es

entonces cuando se hace el «pacto de caballeros» para respaldar la opción-Leopoldo. Se abre el

«paréntesis, para que cesen las hostilidades entre los críticos y los oficialistas y se reconduzca todo hacia

el entendimiento». Y Landelino entra en el pacto y entra en el paréntesis. Ha. bajado unas armas que sus

«críticos» se empeñaban en hacerle levantar. Pero sólo se lo dirá a Osear Alzaga. Y él mismo «contará

infinidad de cosas... sin decir nada», dos noches después, durante una cena de periodistas en Cal-y-Canto.

Y, aún más, reunido en su despacho con Miguel Herrero Miñón, Ignacio Camuñas, Osear Alzaga, Daniel

García Pita, Luis de Grandes, Fontán... y algún otro «crítico», el miércoles 28 por la tarde, cuando el

Congreso de UCD ha sido inesperadamente aplazado oor la huelga de controladores aéreos, no dirá

palabra de los hechos que están ya encima, ni de su determinación de «no abanderar el movimiento», pese

a que sus devotos, indignados por una suspensión que les parece «pretexto falso», se empeñan en acelerar

la convocatoria del «II». Será dos días después, el viernes 30, cuando sintiéndose «huérfanos y

descalabrados», según expresión de Eduardo Merigó, cambien de táctica y prefieran diferir la gran

cumbre centrista.

• Los hechos se habían sucedido vertiginosamente, desde el domingo, y en riguroso secreto Suárez hacía

saber su «inmediata e irrevocable dimisión» a su familia, íntimos colaboradores y algunos ministros

(Calvo Ortega, Pérez-Llorca, Pío Cabanillas, Rosón, Gutiérrez Mellado y Rafael Arias).

La idea de Suárez era escueta y simple: al comenzar el Congreso expondría su decisión, quedando al

margen de controversias. Y todo lo más «apoyaría con su firma una determinada lista». Pero el conflicto

laboral de controladores aéreos, que venía arrastrándose —torpemente o tibiamente negociado— estalló

con fórmula dura de «huelga salvaje» en la madrugada del martes, 27. El ministro de Transportes

propondrá soluciones de traslado de los dos mil y pico asistentes a la cita de Palma, pero el tiempo no da

margen para su concentración en los cinco puntos nodales establecidos y el «aparato» de UCD se declara

«impotente para conseguir localizar y desplazar a todos..., al menos en catorce horas» En el Comité

ejecutivo centrista, reunido esa misma tarde-noche, se decide aplazar «sine die» el Congreso. Indignación

entre los «críticos» que sospechan «una operación de ganar tiempo, para beneficio de Suárez», a quien

creen todavía obsesionado con la idea de resistir.

Ese mismo día se presentaban en Madrid, ante numerosa concurrencia política, dos libros escritos por

periodistas: «Todo un Rey», con Tarradellas como «lord Chamberlan», y «Del consenso al desencanto».

´Mientras el honorable Tarradellas dejaba caer ante su auditorio la idea de «un Gobierno de unidad», la

noticia del «sine die» de Palma corría como la pólvora. José Luis Metían, firmante «crítico», saltó como

un muelle de su butaca de espectador y se precipitó hacia un teléfono, diciendo: «¡Aquí se va a armar!

Al día siguiente, miércoles 28, a las cinco de la tarde, Suárez era recibido por el Rey en la Zarzuela. Ya

habían hablado la víspera. Despacho largo en el que el jefe del Gobierno presentaba su dimisión. Hay un

detalle importante que sale: al paso de bulos- y rumorea sobre «presiones borbónicas»,.«agentes del

mutis» y «gestos regios», invalidándolos medularmente. Antes de entrar en el despacho de Don Juan

Carlos, Suárez tomó )a precaución (buen gesto de respeto a la Constitución y de estima seria por la

Corona) de exponer su irrevocable decisión al general don Sabino Fernández Campos, jefe de la

Secretaría del Rey: «Quiero que seas testigo de que esta determinación la tomo yo. sin que me la pida

nadie.» Por la noche, y hasta las cuatro de la madrugada, Suárez se reúne con Abril, Gutiérrez Mellado,

Calvo-Sotelo, Calvo Ortega y Arias-Salgado, decidiendo convocar Consejo y Comité. Un cualificado

«crítico» me telefoneaba para informarme de que «hemos "arrancado" al aparato oficialista la iniciativa

de reunir mañana al Comité ejecutivo de UCD, y tiernos exigido por escrito que se fije fecha indeclinable

para el Congreso en la próxima semana y donde resulte más factible... Si es preciso al raso y en la Casa de

Campo». Estaban en otra órbita. Sencillamente, ignoraban.

» El 29 de enero fue «el dia más largo». La noche antes, y enigmáticamente, el ministro José Luis Alvarez

me decía: «Tú estáte atenta porque van a ocurrir cosas...» Yo supuse que «las cosas» serían la solución de

los contenciosos «controladores» y Renfe. Pero a la una y media del mediodía los ministros eran avisados

con urgencia y por teléfono, no telegráficamente como es usual, de un inopinado Consejo de Ministros a

las cinco. A las dos, los consoladores aéreos deponían la huelga. Cuando, a las tres de la tarde, un télex de

Europa Press vomitaba en todas las Redacciones la noticia de la dimisión de Suárez, Amparó´" [llana

deambulaba tranquila por El Corte Inglés, haciendo compras en la «operación rebajas»!-Algo: más tarde,

Radio Mediterráneo la,entrevistaba en «flash» de urgencia: «Si, mi marido ha presentado la dimisión: No

pasa nada. Lo ha decidido porque creía que eso era lo mejor para España y para su partido, que es lo

único que en este momento le preocupa.» En ese mismo instante Suárez releía por última vez el mensaje

dimisionario que iba a pronunciar ante las cámaras de TVE y comenzaba en Moncloa la grabación. Aún

estaba Suárez bajo los focos: «... en UCD hay hombres capaces de continuar la labor de Gobierno con

eficacia, profesionalidad y sentido del Estado...», cuando ios ministros entraban por el «hall» de Moncloa.

Los «ayunos» de la gran noticia se quedaron de una pieza, «y con ese sobresalto en el cuerpo y esa

conmoción entramos en la sala de Consejos». Fue una reunión breve, escuela, embridadamente

emocionada. Duró veinte minutos. En un denso silencio, con voz grave y opaca, Suárez anunció a, su

equipo que «dejaba el campo». Marcó su énfasis en el carácter irreversible de su gesto y no ofreció ni una

sola explicación de los motivos.

• En paralelo, y también a las cinco de la tarde, se reunía la Junta de Jefes de Estado Mayor. Esto daría

pábulo al rumor incontrolado que ya oía «fragor de sables» por todas las esquinas, que ya veía en marcha

la «operación Ariete», para la defensa del orden constitucional... Hubo incluso imaginativos que avistaron

el «ovni» de una «presión militar» sobre la dimisión de Suárez y sobre el viaje del Rey al País Vasco,

«porque se sospechaba que pudiera haber concesiones de indultos personales a presos etarras». Con un

tajante «no ha habido presiones militares», la Junta desmontó dimes y diretes.

Son las cinco y veinticinco de la tarde del jueves 29. Suárez, sin salir de Moncloa, se reúne con los

dirigentes críticos. Sólo falta Miguel Herrero, al parecer no avisado. Los periodistas que montan guardia

en los aledaños del recinto presidencial les verán salir «circunspectos» y hasta «visiblemente

emocionados», dirigiéndose a pie hasta el anexo de INÍA, donde a las siete comenzaría la tormentosa

reunión del Comité ejecutivo de UCD. Fue allí donde Suárez propuso como sucesor a Leopoldo,

apoyándose en el «respaldo y consenso de varios destacados políticos del partido». Aludía al «pacto de

caballeros» del lunes 26. Pero algunos de ios presentes indagaron «¿de qué respaldo se trataba?» Fontán

precisó que para dar la anuencia dei sector liberal a la «opción Leopoldo» necesitaban «conocer, analizar

y, en su caso, pactar las líneas maestras del Gobierno que Leopoldo presidiría, el funcionamiento

democrático en el partido, las personas que integrarían e) nuevo Gobierno, la estrategia de afianzas para

conseguir la investidura...», etcétera. Miguel Herrero pediría una «tregua de reflexión». Los ánimos

estaban exasperados. Se rozaba la violencia cortés. Alvarez Miranda, la ira del cordero, diría algo muy

parecido al «Calvo-Sotelo parece que pasa de política», que Carrillo endosaba a los telespectadores

cuando declamó: «¿Como podemos aceptar sin el menor debate a un candidato que no ha intervenido ni

una sola vez en este Comité? ¿Qué proyectos tiene? ¿Qué piensa?» Al parecer, en ese momento abandonó

la sala Leopoldo Calvo-Sotelo, que no había despegado los labios. Hombres de la «banda indecisa» o de

la «banda expectante», como Oreja, Cisneros, Sánchez Terán e incluso el socialdemócrata Gámir,

tendieron entonces un puente de entendimiento y comprensión a las demandas «críticas». «Sotto voce»

me aseguran que Paco Ordóñez le decía a Oscar Alzaga: «Yo no tengo inconveniente en cederte mi

cartera de Justicia.» Se levanta, en receso, la sesión. Los «críticos» se reúnen en casa de Miguel Herrero.

Lavilla declara que «no entra en liza».

• El movimiento crítico se ha quedado desarbofado y sin líder. Suárez na renunciado ai Poder..., pero ha

nombrado «heredero universal». Se sospecha que puede estar en marcha la «estrategia vicaría»´ en el

Gobierno, afrontando óxidos y desgastes, un tecnócrata con buenos respaldos «fácticos» y pocas

animosidades parlamentarias, que goza, sin utilizaría, de la confianza del Rey; que tranquilizaría ai elector

conservador y que guarda un curriculum irreversible de fidelidades a Suárez: Calvo-Sotelo. Y él mismo,

Suárez, «acosado, leal y mártir», dispuesto a entrar en el «II» de Mallorca como un simple militante y a

salir de él «aclamado» presidente del partido o... secretario general, con unos Estatutos que trasladen los

poderes de acción y decisión al «dos» —Suárez— para que las presidencias de Gobierno y partido no se

separen. Desde la plataforma del partido, y sin las erosiones y jaquecas del gobernar diario, Suárez podría

volver a las calles y pueblos de España, a repartir glamour y a «vender ilusiones», potenciando la nave

ucedista «por el bien de España» para las próximas elecciones. En este sentido ya han comenzado a

reunirse aquí y allá, bajo el clarín de Rosón, secretarios provinciales de UCD con la consigna «Suárez, for

number 2».

¿Sería un «bis» del gesto ético que tan rentable resultó para Felipe González? ¿Sería una inteligente

terapia de salvamento de un partido que, «si se despieza, se hace añicos»?

• Entretanto, el Rey mantiene las consultas previas a la designación del candidato. Podría haber una

segunda ronda en busca dei Gobierno de coalición y de la apuesta fuertemente mayoritaria por un

«hombre-bisagra» que compactase centro-izquierda y centro-derecha (PSOE-UCD). O se podría llegar al

voto de investidura con la propuesta de Calvo-Sotelo. UCD «oficialista» negocia en estas horas a dos

bandas: la adhesión tripartita, fraguistas-catalanes-vascos, y la abstención de las izquierdas. Se discuten,

en este punto y hora, las estrategias de «ganar raspados, pero en monocolor y en la primera votación» o

«ganar con prepotencia en la segunda vuelta». Habrá una fase de pasillos entre las dos votaciones donde

el si, el no y la ausencia política tendrán su alto precio. Sea como sea, si Suárez ha muerto, que yo no lo

creo, ha muerto matando. Se llevó por delante a los «críticos». Y si tan sólo «yace»... aún puede mandar,

¡y mucho!, en su vicario Leopoldo, lo que se dice: mandar después de morir.—Pilar URBANO.

 

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