Autor: Prego, Adolfo. 
   No somos nada     
 
 ABC.    28/10/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

ABC. DOMINGO. 28 DE OCTUBRE DE 1979. PAG. 3.

"NO SOMOS NADA"

YA lo sabíamos. Pero en el fondo de nuestras individuales conciencias albergábamos la esperanza de que

esa «nada» contuviese por lo menos unas motitas del polvo que las señoras recogen cada mañana con sus

aspiradoras eléctricas, lo que nos había enseñado la filosofia de la humildad y del tránsito acelerado por

esta vida nunca había llegado a aniquilarnos de modo tan helador como la larga perorata de Garaicochea,

con que tuvo a bien obsequiarnos nuestra sorprendente televisión en un asunto que, según el «perorante»,

no nos iba ni nos venía a los treinta millones de españoles que no somos vascos. Porque durante aquellos

inacabables minutos, Garaicoechea no se dio por enterado de que se encontraba en nuestras casas

hablándonos de un asunto que de algún modo nos rozaba. Su homólogo, el señor Tarradellas, tuvo, por lo

menos, una cortesía: mencionó al presidente Suárez y al Rey Don Juan Carlos, para agradecerles lo que

habían ayudado alcanzar el Estatuto, umbral de trabajos mayores que han de venir ahora. Para

Garaicoechea los españoles no existíamos. Ni España existía tampoco ni había existido jamás. Entonces

los españoles, que nos velamos transformados en vagos espectros que no pertenecían al mundo de los

fenómenos, alcanzamos ese estado casi místico en que la Historia y la geografia se diluían como una

creación de L. S. D.

Ser un espectro y ser al mismo tiempo espectador de ese espectro resulta notablemente desagradable, Pero

es que latelevisión quiso, indudablemente, convencernos de que el Estatuto Vasco y cuanto se derive de él

es cosa exclusivamente vasca, asunto doméstico, tesis oficial en aquellas provincias que establece por si

misma la existencia previa del Estado independiente que piden los terroristas, y respecto al cual ni usted

ni yo tenemos nada que opinar. Yo creo que con las palabras que el señor Tarradellas dedicó al Monarca

y al presidente y con las que pidió un puesto en el Gobierno madrileño había como un reconocimiento de

que existíamos usted y yo representados por el Rey, el jefe del Gobierno y ese mismo Gobierno fruto, sin

duda, de una España que mala o buena también era la del propio presidente de la Generalidad.

Pero, la expulsión dé los treinta millones de españoles del pensamiento de Garaicoechea a la hora de

recordar a sus nacionalistas las ventajas y las limitaciones (provisionales) del dicho Estatuto hizo

alucinante nuestra calidad de espectadores.

Televisión nos debe, pues, una explicación del allanamiento de morada inesperado y absurdo que nos

condujo rápidamente a la conclusión: «No somos nada... Absolutamente nada.» Porque ni siquiera

tenemos morada que allanar.—Adolfo PREGO.

 

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