Un Gobierno progresista     
 
 Diario 16.    02/12/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Un Gobierno progresista

El nuevo Gobierno de Calvo-Sotelo, «su» primer Gobierno, posee una configuración armónica y

equilibrada con un acento deliberadamente intenso puesto en las personalidades de tinte más progresistas

de UCD.

Así, la tendencia socialdemócrata del Gabinete —representada por Juan Antonio García Diez en

Economía y en algún sentido por el propio García Añoveros en Hacienda— se ha visto espectacularmente

reforzada con el ascenso a vicepresidente de García Diez y con la entrada de tres nuevas carteras

socialdemócratas: Luis Gámir en Transportes, Santiago Rodríguez Miranda como ministro de Trabajo y

Seguridad Social —también la división del mastodóñtico Ministerio de Sancho Rof en dos, el ya citado y

el de Sanidad y Consumo, es una medida coherente y racional— y Rafael Arias-Salgado, hombre

estrechamente vinculado a Adolfo Suárez, que pasa a ocupar la muy trascendental cartera de las

Autonomías.

Con ello, Leopoldo disipa ya definitivamente —por si no hubieran sido suficientes sus recientes palabras

al consejo político centrista— las bufonadas de la «derechización», puestas en marcha por aprovechados

buhoneros y traficantes de etiquetas para consumo de observadores infantiles y apresurados. Así, Calvo-

Sotelo ha apostado claramente por un Gabinete con imagen progresista y de modernidad, adornado

incluso por ese brillante asterisco que supone la presenciá de la primera mujer liberal, Soledad Becerril,

en un Gabinete ministerial de los últimos cuarenta años.

Finalmente, la ausencia de los miembros de la plataforma moderada hace presumir que los hombres de

Alzaga quizá estimaran suficiente el cambio profundo en los rostros y las estructuras del partido, sin

necesidad de acceder al Gabinete. Habrá que esperar ahora del sentido de la responsabilidad y del

patriotismo de Alzaga y compañía la colaboración solidaria a este Gobierno que aparece ya como «el de

la reconciliación».

En este aspecto, solamente se detecta una ausencia que consideramos triste, la del ex ministro de

Educación y Ciencia, Juan Antonio Ortega, un hombre valioso y honesto donde los haya, que ha salido

del Gobierno sin ver cumplido su deseo de llevar a buen término parlamentario el proyecto de la ley de

Autonomía Universitaria que ahora, con tan fuerte perfume socialdemócrata en el Ejecutivo, esperamos

que reciba la luz verde definitiva.

Por lo demás, Rodolfo Martín Villa accede a la primera vicepresidencia para Asuntos Políticos, obtenida

en los últimos momentos por la controversia y las resistencias que su ascenso había provocado en otros

compañeros de Gabinete, compensándole así del amargo trago de no haber sido propuesto para la

secretaría general de UCD. Asimismo, un hombre suyo, el leonés Manuel Núñez, accede el nuevo

Ministerio de Sanidad y Consumo.

Y Jaime Lamo de Espinosa, elegido hace escasas horas portavoz centrista en el Congreso de los Diputa

dos, ha visto atendida su petición de estar en el Gabinete, como ministro adjunto al presidente del

Gobierno.

Siguen, por otra parte, los insustituibles como Juan José Rosón, considerado como el mejor ministro del

Interior qué se recuerda, y los hombres de poder y confianza como José Pedro Pérez-Llorca en Exteriores

o Cabanillas en Justicia. En resumen un Gobierno entre lo imaginativo y lo sensato, quizá el mejor de los

posibles aquí y ahora. Ahora, a demostrarlo.

 

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