Calvo-Sotelo, solución lógica     
 
 ABC.    14/11/1981.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Calvo-Sotelo, solución lógica

La crisis Interna de UCD, más grave para la política nacional que para la política de este partido, y por

eso ec nuestro comentario de ayer hacíamos apelación al patriotismo, ha encontrado, al fin, su solución

más normal y más conveniente. El Comité Ejecutivo de UCD ha recibido la renuncia del señor Rodríguez

Sahagún a la presidencia del partido, para la cual ha sido designado «en funciones» el secretario general,

señor Calvo Ortega, hasta que se reúna el Consejo Político el próximo día 21 y sea entonces elegido el

señor Calvo-Sotelo como presidente de UCD.

No existía otra solución. Un partido, decíamos ayer, «no puede vivir en permanentes períodos

constituyentes; no puede asentarse en constantes revisiones; no puede construirse como una sociedad». Y

decimos hoy que solamente en la más rotunda confusión política puede ocurrir que un presidente de

Gobierno sea defendido por los partidos de la oposición y sea impugnado por parte de su propio partido.

Como presidente del Gobierno, el señor Calvo-Sotelo se ha apuntado logros tan importantes como la

contención y disminución del terrorismo —que hubiera podido ser factor de desestabilización

democrática de gravedad incalculable en estos críticos momentos—; la mayor seguridad ciudadana contra

la delincuencia común; el acuerdo del ANE con sindicatos y la organización patronal; la vía libre para el

ingreso de España en la OTAN; el principio de la corrección de los excesos autonómicos...

Calvo-Sotelo asumió el Poder en circunstancias especialmente difíciles. ¿Cómo no recordar que el golpe

del 23 de febrero se produjo cuando se votaba en el Congreso la confianza necesaria para la Presidencia

del Gobierno? Y Calvo-Sotelo, pese a remar contra corriente desde el principio, ha sabido, con méritos

ciertos, conquistar el aprecio público mayoritario. Logro más importante de cara al país que disfrutar de

una unanimidad de apoyo en un partido del cual se han marchado minorías que en realidad nunca

debieron aprovechar el prestigio electoral del mismo para ocupar escaños en el Congreso y carteras en el

Gobierno.

Acogemos con satisfacción patriótica y democrática la sensatez, la cordura política demostrada por el

Comité Ejecutivo de UCD al aceptar que se unifiquen —porque la unidad de mando es necesaria— en la

persona del señor Calvo-Sotelo las dos presidencias: deí partido y del Gobierno. En el horizonte próximo,

inmediato, están las elecciones. Y a esta convocatoria electoral UCD debe presentarse como una opción

política definida, aunque tenga para ello que reducir sus efectivos; es decir, aunque le resulte obligado

prescindir de grupos o sectores que ya no son en el seno de un partido de centro partes integrantes en la

filosofía política del conjunto.

El señor Rodríguez Sahagún, que ahora aparece como derrotado en una polémica que quizá no debió

entablarse nunca, no ha hecho más que cumplir con las exigencias estatutarias de la organización de un

partido. No merece, por lo tanto, acritudes críticas, ya fuera de cualquier fundamento. En carta pública, el

señor Calvo-Sotelo —en los términos de la más cumplida caballerosidad política— le reconoce la

probidad de su actuación: «Quiero agradecerte, una vez más, la franqueza, Ja calidad humana y la

generosidad personal que has demostrado en todo momento...»

La crisis de UCD parece haber entrado en vías de solución. No están resueltos muy graves problemas

nacionales. Pero su solución quedaba pendiente —en la parte que corresponda a la continuación de UCD

en el Poder— de la confirmación del señor Calvo-Sotelo como líder indiscutido en el seno del partido y a

la cabeza del Gobierno.

Así —repitiendo palabras de ayer— UCD puede recuperar el prestigio que un día la valió ser apoyada por

siete millones de españoles.

 

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