Autor: Jáuregui, Fernando. 
 Los "tapados" de UCD (y III). 
 Landelino Lavilla, el barón entre los barones     
 
 Diario 16.    18/06/1980.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 24. 

Diario 16/18-junio-80

NACIONAL

Los «tapados» de UCD (y III)

Fernando Jáuregui

Landelino Lavilla, el barón entre los barones

El presidente del Congreso parece ser el hombre en torno al cual se han consensuado algunos barones

ucedistas, para construir una nueva UCD «a la europea». Pero son muchos los que siguen apostando por

la permanencia de Suárez. Y son también muchos los nombres de «presidenciables» que saltan a la

palestra cada día.

Madrid —

Cuando la rumorología política habla de «presidenciables» —adelantando, tal vez imprudentemente, un

relevo del presidente Suárez—, el nombre de Landelino Lavilla suele ser el más citado.

Salvo muy posibles sorpresas y salvo una probable permanencia en el cargo, pese a todo, de Suárez,

Lavilla podría ser el designado por el dedo de los «barones». O de algunos barones. Y, desde luego, por

varias importantes instituciones.

Un triunfador

El presidente del Congreso, «número tres» en la jerarquía oficial de este país, tiene una biografía de

triunfador. Hoy, a los cuarenta y seis años, es el «número tres», pero, ya a los veintiocho años, ocupaba

un cargo impensable: director adjunto de Banesto.

Sus relaciones con la poderosa entidad bancaria han pasado por diversas vicisitudes, pero Banesto no

parece haberle abandonado nunca. El joven letrado del Consejo de Estado, Lavilla, primero de su

promoción, es «captado» como asesor jurídico para el Banco por Deleitosa. Los cambios en la «cumbre»

de Banesto hacen caer en desgracia al director general adjunto, que aún hoy mantiene, sin embargo, un

despacho en la «planta noble» —la novena— del edificio bancario, en el paseo de la Castellana.

Hijo de una relativamente modesta familia de funcionarios leridanos —lo que no obsta para que hoy sea

diputado por Jaén—, Lavilla es un «propagandista» de toda la vida. Desde el comienzo de sus estudios

universitarios, en el C.M. San Pablo, entra en el área democristiana. Ello no le iba a impedir ocupar altos

cargos durante la anterior etapa —subsecretario de Industria en 1974—, pero imprime un innegable

carácter a su talante. Hoy, se le puede considerar la cabeza visible de los «hombres de Abelardo Algora»,

una vez desbancadas figuras como Fernando Álvarez de Miranda o Iñigo Cavero. Fue presidente del

Colegio Mayor San Pablo y de la Editorial Católica y miembro del colectivo Tácito, que significó una

apertura liberal en tiempos del franquismo.

Al prudente y escasamente sonriente Lavilla se le considera un hombre bien visto, tanto en el Vaticano

como en La Zarzuela, para no hablar de ambientes empresariales y bancarios.

Sería, igualmente, una figura aceptable para el ala más progresista de su partido, la UCD, a la que Lavilla

parece haber tendido la mano en un intento de pacto para consolidar un partido «europeo, con alas

conservadora y progresista, como ocurre en Inglaterra, por ejemplo», según versión de una fuente

próxima.

El hombre de la reforma

El gran despegue político del hoy presidente del Congreso comenzó con su designación como ministro de

Justicia, cargo desde el que se convierte en el «motor jurídico del cambio». Pese a que el sistema

carcelario y el estamento judicial siguen presentando huecos indudables, las reformas legales de Lavilla

posibilitan un cambio sin traumas en numerosos aspectos. La designación de García Valdés como director

general de Instituciones Penitenciarias es uno de sus grandes aciertos.

¿Vía libre?

El poder político actual de Lavilla es inmenso. Cuenta con, al menos, cuatro ministros «leales» en el

Gabinete. Cuenta -con la indudable simpatía de la CDU alemana, que primeramente canalizó su ayuda a

sus correligionarios españoles a través de la hoy disuelta fundación Humanismo y Democracia. Y, sin ser

la más fuerte, el «ala DC» del partido en el Gobierno ocupa casi treinta escaños en el Parlamento.

Con un Fernández Ordóñez inaceptable, por el momento, para los poderes más conservadores; con un

Martín Villa en cierta medida prisionero de su pasado; con un Calvo-Sotelo relegado en su soledad,

Lavilla parece tener el camino libre. Al menos, entre los barones de UCD, el partido del que quiso ser un

día coordinador general, sin llegar a conseguirlo.

Mucho dependerá de que, efectivamente, el presidente del Congreso consolide el pacto con otras

ideologías ucedistas, pacto veladamente sugerido en la conferencia pronunciada hace dos días en el Club

Siglo XXI. Hay quien opina que en la conferencia se contenía ya todo un programa de gobierno

«alternativo».

El sistema portugués sería, una vez más, modelo del pacto deseado y aún no logrado. Al fin y al cabo, la

Alianza Democrática, gobernante en el país vecino, ¿no es un pacto entre los democristianos del CDS y

los socialdemócratas del PPD?

Muchos son los tapados...

Claro que, muchos son los «tapados» y pocos los elegidos. Apenas pasa un día sin que, desde unas u otras

áreas, surja un nuevo nombre para la lista de «presidenciables»: Antonio Garrigues Walker, Sánchez

Asiaín...

El asalto a la fortaleza comenzará, se prevé, en otoño. Muchos apuestan por la permanencia de Suárez.

Hay círculos que afirman, incluso, que, en un intento de forzar esta permanencia, se convocarían unas

elecciones anticipadas. Pero esta posibilidad, que constituiría un grave error político, parece totalmente

descartada y fruto tan solo de comentarios apresurados o interesados.

 

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