Autor: Aguilar, Miguel Ángel. 
   Crece el acuerdo en UCD en torno a la división en dos partidos     
 
 El País.    08/11/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Crece el acuerdo en UCD en torno a la división en dos partidos

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR

Pese al hermetismo de Calvo Sotelo y Rodríguez Sahagún, que ayer se encontraron en la Moncloa, se

tiene entendido que la entrevista fue a cara de perro y se insiste en la invariabilidad del planteamiento del

presidente del Gobierno para obtener la dimisión de su antagonista. La alternativa que contempla es la de

abandonar la Presidencia del Gobierno. Las referencias protocolarias prefieren describir la conversación

aludiendo a los temas tratados según una enumeración convencional: grupo parlamentario, partido del

centro, Gobierno y demás cuestiones pendientes.

La posición del presidente del Gobierno aparece inflexible en cuanto a su designio de desembarcar en la

presidencia de UCD, aunque ahora vaya envuelta en compensaciones de carácter simbólico, afirmaciones

de desagrado por la campaña antisuarista de algunos medios informativos y garantías de reprimenda al

portavoz monclovita que suministró la versión de madrugada tras la primera entrevista de ambos

presidentes.

Fuentes socialdemócratas que aún permanecen en UCD resaltaban ayer a EL PAÍS la importancia de la

institucionalización de los partidos. Coincidían con las declaraciones de Felipe González, insistiendo en la

importancia del procedimiento en las democracias y con las estimaciones del líder socialista de que los

congresos han de solicitarse cumpliendo los requisitos necesarios. para las aludidas fuentes

socialdemócratas es involutivo perjudicar la estructura de UCD o forzarla con ultimátum.

En medios políticos se ha valorado el encuentro de algunos ministros ligados a Martín Villa —Juan José

Rosón, Jesús Sancho Rof—, a los que se atribuye la formulación de un requerimiento de clarificación al

presidente de! Gobierno en sintonía con las afirmaciones de Sahagún: primero, el proyecto político, y

luego, el liderazgo. Fsta finta encaja bien con la indecisión del momento y el talante político de los

convocados, el acuerdo en dividir UCD en dos partidos, uno coloreado por los democristianos y

martinvillistas, y otro por los socialdemócratas y suaristas, es ya casi unánime, con independencia de cuál

sea el resultado formal del pulso que mantienen Leopoldo Calvo Sotelo y Agustín Rodríguez Sahagún,

reunidos ayer en la Moncloa por espacio de tres horas, y observantes, hasta el momento, de un pacto de

silencio.

«Es necesario el bisturí», decían hace dos días fuentes de Arlaban, sede del comité ejecutivo centrista, y

separar del partido el sector más duro de la plataforma moderada. Pero esa hipótesis de una UCD

regenerada sobre patrones reformistas y progresistas se consideré inviable, una vez advertida la capacidad

de bloqueo desplegada por plataformistas y martinvillistas.

«Si arregláis la UCD, volvería a rellenar mi ficha», se cuenta que le dijo Francisco Fernández Ordóñez al

presidente de honor, Adolfo Suárez, en su despacho de Antonio Maura. «Pero si os acaban de hacer la

vida imposible ahí dentro», añadió, «con nosotros seréis bien recibidos». El vector democristiano,

señalaba a EL PAÍS Ordóñez, ha sido el más dañino: reclamaron la democratización antes del congreso

de Palma, pero nunca creí en la sinceridad de sus demandas; lograron la dimisión de Suárez, y

tampoco la consideraron suficiente. Su objetivo final no era otro que la voladura del centro para

reconducir ¡a situación hacia la derecha pura y dura, una vez que consideraron terminado el mal trago de

la transición».

Hay una UCD honorable, a la que están dejando sin sitio detrás de esas siglas bastardeadas por los

plataformistas. Para Ordóñez, su repesca natural es la nueva fundación de Acción Democrática, el nuevo

centro político sin lastres del pasado. No vale la pena la lucha encarnizada por unas siglas que han

recibido tanto desprestigio y que tienen detrás un pasivo de más de 6.000 millones al que hacer frente,

concluía Ordóñez.

Los hombres convencidos del centro reformista y progresista se resisten a que ahora se destruya lo que

estiman un logro histórico que ha hecho posible la transición y que ha evitado la división de España en

dos. Además, no aciertan a ver la validez de los títulos que pueda tener, por ejemplo. Pío Cabanillas para

llevar a cabo esta operación, más aún, después de que las elecciones gallegas hayan medido a los líderes.

 

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