Suárez; historia de una crisis más política que personal     
 
 El País.    01/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Suárez: historia de una crisis más política que personal

Adolfo Suárez cayó en los últimos días en una dinámica de ataques personales, contactos ideológicos

íntimos, quizá sobre la legislación relacionada con la Iglesia, y su indiscutible lealtad al Rey, que le

obligaron a renunciar irrevocablemente a la presidencia del Gobierno —la que debía a ¡a Corona-,

manteniendo internamente la presidencia de su partido, como político que en absoluto ha dimitido de

otras aspiraciones de futuro. Otras dudas habrían influido en la decisión de Suárez: falta de entendimiento

con la Zarzuela, giro cooperan de la política internacional ante el triunfo de Reagan; duda Hamleriana de

un hombre, a la postre católico, ante una legislación familiar que le enfrentaba con la jerarquía. Estos y

otros matices se intentan aclarar en el siguiente reportaje construido con los datos y reflexiones de un

equipo de periodistas de EL PAIS. Todo aquello que Adolfo Suárez no explicó al país en su intervención

televisiva del jueves pudo haber ocurrido así. Este es un intento de averiguación en los pensamientos

secretos de! ex presidente a los tres días de haber presentado su dimisión.

J P D

A mi no me hacen lo que a Carlos Arias. El domingo 25 de enero, Adolfo Suárez sabe que hace meses

que ha perdido el favor del Rey. Este se pronuncia desfavorablemente en círculos restringidos sobre el

escaso tacto de! jefe del Gobierno con los militares, sobre su atrincheramiento en la Moncloa, su falta de

capacidad... Sentado tras su mesa de estilo isabelíno, regalo de alguna reina a algún general del XIX, el

presidente del Gobierno medita sobre su futuro. Por primera vez se siente absolutamente solo, como

huérfano. Si quiere seguir en política tendrá que contar cor, el partido. De otro modo, antes o después,

alguien acabara por descolgar el ultimo de los símbolos franquistas que permanece en pie después de

haber quitado tantos: él mismo.

Los democristianos y críticos del partido exhiben una inútil pureza de pedigrí democrático. Ellos solos no

tienen mucha fuerza, pero no hay que despreciarles Son el Ariete, quizá inconsciente, de otras Fuerzas

ocultas y mas poderosas. Y, claro, los hay resentidos porque ya no son ministros. Washington está

impaciente por que España ingrese en b OTAN y c¡ Rey tiene que vera Reagan a mediados de febrero.

Luego está le del periódico de esta mañana: Marcelino Oreja ha logrado en pocos meses lo que el primer

ministro no consiguió en cinco años: que el Soberano pueda visitar Euskadi. Algunos aspectos de la visita

pueden no sentar bien en determinados círculos militares ETA Político-militar parece dispuesta a hacer en

determinadas condiciones una declaración de abandono de las armas y la rama militar ha parado

repentinamente. y sin explicación visible, su oleada de terror de meses anteriores. Lo peor, sin embargo,

es lo de la Iglesia Con la Iglesia no se puede uno enfrentar. Un grupo de obispos ha presionado

directamente al Rey por lo de la ley de Divorcio. La tesis es sencilla, la Iglesia no se opone a que una ley

así exista, pero estima que el actual proyecto ha ido demasiado lejos.

Y luego está la viuda de Herrero Tejedor —un hombre al que Suárez se lo debe todo en política — . Cada

poco lleva los mensajes del Opus Dei a Amparo Illana, so pretexto de tomar con ella el té en la Moncloa.

De Roma ha venido un recado ambiguo: podrían surgir dificultades con ¡a visita del Papa a España. Y eso

que parece que Pujol se entendió bien con Juan Pablo II. Este Pujol.., todavía utiliza curas como

mensajeros particulares.

El domingo 25 de enero, Adolfo Suárez sabe ya que todo se le ha v ¡to en contra: no quiere presidir un

Gobierno que saldrá moralmente derrotado ante la opinión, porque no será capaz de mantener sus tesis

sobre la ley de Divorcio. No es la regulación legal del matrimonio lo que anda en juego, sino una reyerta

de fondo entre el poder del Estado y el de Roma. E! nuncio ha advertido que está dispuesto a denunciar

los acuerdos. España-Santa Sede firmados por Marcelino Oreja, y que son, dice, contrarios a la letra y el

espíritu del actual proyecto de ley. El Gobierno no tiene fuerza pura denunciar él mismo la supuesta

anticonstitucionalidad de esos acuerdos. En Italia, el pequeño divorcio costo algunas crisis políticas. ¿Qué

no habrá de costar en España?

Auto candidato

Un el verano de 1980, Leopoldo Calvo Sotelo ya se presentaba abiertamente como candidato a la

Presidencia del Gobierno. «Para eso», diría ante un grupo de periodistas: «Hace falta un entrenamiento en

la vida parlamentaria, y yo lo tengo. Hay que conocer la política exterior. Y yo la conozco Y hay que

saber, como yo sé, de economía» Adolfo Suárez no tenia ninguna de esas tres cosas cuando llegó al

poder.

En los primeros meses estudiaba economía por las noches, comodín, adolescente entusiasmado ante los

exámenes. Ahora se ha ido sin haber logrado aprender casi nada. Por las mismas fechas que lo de

Leopoldo, Landelino Lavilla está en condiciones de anunciar que Suárez no será el candidato de UCD

para las elecciones de 1983 - «si es que se llega a 1983»- . Pero es obvio, añade, que rióse podrá cambiara

Suárez justo antes de las elecciones si para entonces es primer ministro. Será preciso echarle antes o

provocar su dimisión. Después del verano, un democristiano de corte y temple reaccionarios, Miguel

Herrero de Miñón, ariete de José Luis Álvarez en el Ayuntamiento, cinco sueldos del erario público,

comenzarla a instrumental la operación de los críticos contra el presidente, Era difícil suponer que podía

echársele en el congreso del partido, pero al menos había que dañarle seriamente. Y comenzaron a llegar

recados a la Zarzuela: Suárez debe dimitir. Y visitas al Rey: Suárez está quemado. Ha perdido las

elecciones en Cataluña, el País Vasco y Andalucía. El voto de censura :,socialista ha sido un fracaso

mora! para UCD. Sus intervenciones parlamentarias son desoladoras. La crisis de mayo fue ua

cambalache entre amiguetes que no ha arreglado nada.

Coincidiendo con el comienzo de la ofensiva, Suárez reorganiza otra vez su Gabinete, y en septiembre se

desprende de quien durante años parecía el estorbo principal de la concordia en el partido: Fernando

Abril. Llama a los barones, le da la Justicia a Fernández Ordóñez, se rodea de tecnócratas y castiga a los

democristianos por la audacia de Landelino de querer disputarle e! puesto. A uno no le puede castigar del

todo. Marcelino Oreja parece que tiene bula en toda esta historia. Ha venido estorbándole de continuo en

su política exterior, porque tiene hilo directo con la Zarzuela. Ahora le estorbará en e! País Vasco, pero no

le puede dejar en la calle. Le nombra gobernador general y ministro a título personal. Para mayor

abundancia, le pone un despacho en la Moncloa.

Ha iniciado con el Gobierno de septiembre lo que en términos políticos se llama una «fuga hacia

delante»: quiere darle una apariencia más modernizadora al programa de UCD, volver a robarle imagen a

Felipe. El PSOE se dará cuenta y tratará de promover desde fuera la derechización de UCD. Suárez

piensa que no claudicará como en la ley de Centros Docentes y sacará adelante una ley de Autonomía

Universitaria y otra del Divorcio aceptables, cuando menos, para los laicos.

En las autonomías no sabe qué hacer. Nadie sabe qué hacer. Rodolfo Martín Villa, que lo fue todo con

Franco, no despertará, por lo menos, sospechas respecto a eventuales deseos de desmembrar la unidad del

Estado. El Gabinete es bien recibido por la Prensa. Latosa dura escasos días. La ofensiva de los críticos es

menos preocupante que la escalada terrorista de ETA en el Norte y que la batalla abierta que la Iglesia

comienza a plantear en el tema del divorcio. En diciembre, el Estado compra por 1.600 millones un

edificio de un amigo de Suárez sobre el que pesa una sentencia de demolición del Tribunal Supremo. En

otras circunstancias seria un escándalo y el ala critica lo hubiera utilizado para echarle. No quieren

echarle todavía. Es demasiado pronto. Y además esos escándalos no convienen. Hay expedientes, vuelan

informes por las mesas oficiales, con la vida y milagros de tanta gente... En este país se ha investigado a

jueces, parlamentarios, periodistas, militares... Todo el mundo ha investigado a lodo el mundo. Cuando el

día 26 de enero se pidió a la jerarquía eclesiástica que desmintiera que han recibido unos informes

anónimos sobre algunas personas del ala critica de UCD, la jerarquía no lo desmiente. Pero esto de los

informes ya se sabia.

La decisión

Adolfo Suárez, el domingo 25 de enero, sabe muy bien lo que tiene que hacer. No es capaz, de enfrentarse

a la Iglesia en el tema de la ley del Divorcio, pero no quiere sacar una ley que le inhabilite para esa

imagen reformadora y progresista que tanto le gusta. Además, para qué, ¿para que le hagan lo que a

Carlos Arias´´ Cuatro días antes había decidido dar la batalla a los crítico* en el Congreso mediante el

invento de las listas abiertas. Ahora sigue decidido a ello, pero necesita reorganizar sus bases de poder. El

martes 27 le dirá al Rey que dimite, y lo dejará todo atado y bien atado: Leopoldo Calvo Sotelo será el

nuevo jefe de Gobierno. Tranquilizará al mundo de las finanzas, sacará el divorcio que la Iglesia quiere,

ofrecerá un par de carteras a los críticos y procurará mantener a Fernández Ordóñez en el Ejecutivo, pero

no en Justicia, claro. Y con Fraga las cosas irán mucho mejor. Para el partido habrá que poner un

presidente y un secretario general suficientemente fieles. Nadie muy nombrado, gente de segunda fila y

que Rodolfo y Pío queden en el Gabinete. Todo el mundo quedará atónito, ¡Suárez se va! Hasta hace dos

semanas se había hartado de repetir en público y en privado: no dimitiré nunca. Todas las estrategias

previstas para el Congreso de UCD se desmoronarán el día de su inauguración con este solo anuncio. Y

no le harán lo que a Carlos Arias. UCD podrá girar a la derecha, como quieren los verdaderos padrinos de

UCD. Pero no Suárez. Suárez será la reserva de futuro, para cuando no esté Reagan al Oeste y Wojtyla al

Este, o para cuando haya que sacar un candidato como es debido frente a Felipe González, Nada menos

que un candidato que supo renunciara! poder con todas sus pompas.

El día 27, martes, por la mañana, el Rey le pide a Suárez que recapacite sobre su dimisión. Probablemente

no lo hace con mucha insistencia, porque cualquiera se le ocurre que en este momento una cosa así no le

viene bien a nadie. A nadie, salvo a Suárez. Mientras el presidente despacha con el Rey, la huelga de

controladores paraliza los aeropuertos españoles. El ya le ha dicho al Monarca, a tres o cuatro ministros, a

su mujer, a su cuñado, a algunos fontaneros de la Moncloa, que va a dimitir irrevocablemente. Ha pactado

el nombre de Leopoldo como sucesor, ha convenido todo o casi todo. Es difícil echarse para atrás. Puede

hacer probablemente que se monte un dispositivo especial para llevar a los compromisarios a Palma, pero

¿cómo montar semejante asunto para luego dimitir en la primera sesión del Congreso? ¿Y cómo esperar a

que éste se celebre Dios sabe cuándo, si su dimisión ya está presentada? La noticia antes o después

transcendería. Habrá entonces que comunicar el tema al país y por televisión, y garantizar que todo

sucede muy rápidamente. El Rey no debe aplazar el viaje al País Vasco. En definitiva: si él es el

presidente de UCD y preside la ejecutiva, lo de sacar a Leopoldo como candidato está hecho. El mismo

llevará las consultas con e! Jefe del Estado cara a la formación de nuevo Gobierno. El factor sorpresa será

definitivo para los críticos.

Sólo le preocupan dos cosas: que Leopoldo sea aceptado y que no se origine tal zapatiesta que acaben

convocando elecciones generales. Por cierto que hasta esto de las elecciones generales —que era su gran

arma frente al descontento de! partido le habría fallado. El, precisamente él, no podría hacer una cosa así

contra la voluntad del Rey. Y la voluntad del Rey no ampara la de Adolfo Suárez salvo en lo

estrictamente constitucional «Pero a mi no me hacen lo que a Carlos Anas».

A las cinco de la tarde el jueves dimite ante el Consejo de Ministros. Ha habido una filtración, y la

agencia Europa Press--, que es el portavoz oficioso de sus enemigos en el partido, ha dado la noticia antes

que el propio presidente se lo dijera a sus colaboradores. A las cinco y media reúne a tres diputados

centristas de! sector critico. Les dice que es preciso distinguir entre el cargo de presidente del partido y de

presidente del Gobierno —él, que tanto los había querido unificar cara al congreso- , y les pide el voto en

la ejecutiva para Calvo Sotelo. Sólo obtiene una solicitud de tiempo para reflexionar.

Poco antes ha estado grabando su discurso en Televisión. Ha habido que repetirlo un par de veces. No

dará las gracias al Rey en él. Una mano anónima pone un retrato de don Juan Carlos detrás de su mesa

para que salga en la pantalla. El no ¡o ha puesto. Se va, se va. No puede decir por qué. No puede decir:

«Me voy porque estoy solo. Toda la derecha institucional del país me combate y he perdido la confianza

del Soberano, Me voy porque no tengo el poder». Eso no lo puede decir. Tampoco puede decir que no

está tan solo, que el aparato del partido sigue en su mano, que ha pactado su sucesión y que Leopoldo —

el mismo Leopoldo que un día le hiciera las primeras listas para presentarse a unas elecciones generales—

dará el golpe de timón a la derecha que esto necesita. Porque, en realidad, él conoce bien el tema, y esto

necesita un golpe de timón a la derecha. Pero no lo va a dar para abrasarse definitivamente, para dejar a

UCD sin respuesta en las próximas elecciones generales. El es un profesional de !a política.

 

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