Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Animas del purgatorio     
 
 ABC.    02/11/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ERNES, 2 DE NOVIEMBRE DE 1979. PAG. 3.

ESCENAS POLÍTICAS

Animas del purgatorio

SEGURAMENTE hay que nacer al borde del volante mediterráneo para ^ que a uno se le ocurra esa

diablura de poner a los políticos a representar el Tenorio. Eso tenía que ser cosa de murcianos y demás

gentes de buen reír. Mi querido Alfonso Sánchez, ese sordo que oye crecer la hierba, me ha traspasado la

tentación de imaginar alguna eutrapelia sobre esa travesura de mis paisanos. ¡Pero, hombre, Alfonso, pues

si que se presenta el mesecito para gastar donaires y cuchufletas con los muertos que se levantan y que se

ponen a hablar desde sus propias estatuas! Y, encima, empiezas a preguntarle a todo bicho viviente que

quién es ese personaje que dice lo de que «los muertos que vos matáis gozan de buena salud», que digo

yo que será cosa en colaboración del capitán Centellas, don Blas Pinar y don Fernando Vizcaíno Casas.

Don Ciríaco de Vicente, socialista que tiene rojo hasta el pelo de la barba, o sea, que tiene la barba de

color bigote de panocha, ha hecho de don Juan, y una conoejala de UCD, llamada Carmen Moreno —no

confundir con la Carmela García Moreno que Suárez se ha llevado a la Moncloa— ha hecho de doña Inés

del alma mía, Virgen Santa qué principio. Este Tenorio político podría haber sido un ensayo provinciano

del gran Tenorio político nacional. En los «cuarenta años» se in ventaron el Tenorio de Dalí, y ahora nos

podíamos haber inventado, para animar un poco el desmayo teatral de la democracia, un Tenorio político

con un reparto de estrellas de primera magnitud. No me explico cómo no se le ha ocurrido una cosa asi a

don Fernando Arias-Salgado para tener a treinta millones de españoles ante el televisor. Bueno, claro, es

que no es de Murcia.

En ese reparto, el papel de Don Juan habría que dárselo inevitablemente a don Adolfo Suárez, que

pondría muy bien la voz, el gesto y la apostura y hasta seria capaz de dejar muy mal a don Gregorio

Marañón. El papel de don Luis Mejias le corresponde a don Felipe González, porque don Luis lleva

muriendo a manos de Don Juan casi los mismos que va a estar en el Poder la UCD; don Diego Tenorio le

viene pintiparado a don Torcuato Fernandez-Miranda, porque le ha salido el hijo disipado, calavera y

arrollador; el Comendador no podría ser otro que don José María de Areilza, convidado de piedra, a quien

le robaron una niña virgen llamada Democracia del convento donde la tenia guardada; y el Escultor, que

esculpe mármoles funerarios que se ponen a echar versos es cosa de don Blas Pinar. A doña Inés y a doña

Ana hay que buscarlas en. tre la derecha, porque la izquierda no da el tipo; además, hay que tener en

cuenta que, al fin y al cabo, es la derecha, o sea, doña Inés la que tiende la mano a Don Juan para meterlo

en el paraíso. Luisa Maria Payan, o así. La Brígida se la podíamos ofrecer a doña Lola Gaos, al frente de

un coro de abortistas, que seria la novedad del año. Y el Ciutti, claro, a don Femando Abril.

Dice Alfonso Sánchez que resulta extraña la ausencia de don Ricardo de la Cierva y de don Joaquín

Garrigues, que son dos diputados por Murcia, de ese Tenorio político murciano. Está claro que el papel

que hay que darle a don Ricardo es el de hostelero, para justificar ese conocimiento que tiene de todo lo

que se dice en los comedores políticos reservados. En cuanto a un político se le va la lengua en una

hostería, se entera don Ricardo de la Cierva. Eso es que está allí, disfrazado de hostelero, y después lo

cuenta en los fascículos. Más difícil es darle un papel a don Joaquín Garrigues. Pero ¿qué haría un

ministro como Garrigues en una obra como el Tenorio, si en ella no salen pelícanos? Mejor será dejarlo

en la primera fila de butacas, para que se divierta y haga la crítica.

No son éstas del Don Juan las únicas ánimas que circulan por ahí en estos comienzos de noviembre. Los

gallegos ya están viendo meigas sobrevolar sobre su Estatuto. A la progresía se le viene encima los

espíritus del Santo Oficio, como si los estuvieran despabilando el Papa Wojtyla y el cardenal Marcelo. El

honorable José Tarradellas está a punto de convertirse en una sombra. Y, además, la muerte sucesiva de

Mamie Eisenhower y de Rachele Mussolini nos ha traído el recuerdo de aquel célebre abrazo de los

cuarenta años entre generales y la estampa del Duce fascista colgado por los pies y con la cabeza

romañola gravitando hacia la tierra.

O sea, que estamos rodeados de ánimas, y en el purgatorio. La lista de muertas sigue, por la cruz de San

Andrés, en el País Vasco. Ahora resulta que hay unos comandos autónomos que lo mismo matan al

socialista Germán González que al guardia civil Manuel Fuentes. Algo hemos logrado ya con el Estatuto.

Que la izquierda convoque una huelga general para protestar por la muerte de una victima de la ETA. Que

algunos digan que «desaprueban» un asesinato de los terroristas. Que otros lo califiquen de «error». Y el

habernos enterado de que circulan por Vasconia unos comandos autónomos, o sea, autónomos de otros

autónomos que no se conforman con el Estatuto de los autónomos. La sublimación superferolítica en

cuestión de autonomia.

Y más ánimas. Hay estadísticas que dan la cifra de trescientos mil niños abortados cada año. Y, además,

ahora, hay otros tantos que sí han nacido, pero que no tienen todavía vida legal, porque los funcionarios

de Justicia no quieren inscribirlos. Vagan por el limbo de los registros como ánimas en pena. A unos

niños los apuntamos, antes que tengan nombre, en el libro de los muertos. Y a otros no les damos nombre

para que puedan ser escritos en el libro de los vivos.

En las noches de ánimas pasan cosas maravillosas. Don Adolfo Suárez ha empezado a decir «no», que

hasta ahora sólo le gustaba decir que «depende», y ha dicho que no a la involución, a la crisis de

Gobierno, a los acuerdos parlamentarios con el PSOE y a la amnistía. «Acostúmbrate a decir no», se lee

en un versículo de «Camino», y a lo mejor, por el camino del «no» —excluido, desde luego, el trance del

referéndum—, encontramos la puerta del paraíso democrático. Los políticos representan el Tenorio.

Buscamos museo para el Guernica sin tener el cuadro, y buscamos otros quinientos cuadros que teníamos

en el Prado y que ya no los tenemos. Y, además, una señorita, doña Juana María Garcia Pozo, se ha

puesto a jugar al fútbol en un equipo de hombres. Y en este punto es donde tiene que decir doña Inés,

digo doña Luisa María Payan, eso de «¡Animas del Purgatorio!»—Jaime CAMPMANY.

 

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