Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Sesión de cine     
 
 ABC.    22/11/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

TETES. 22 DG NOVIEMBRE DE 1979. FAG. S.

ESCENAS PARLAMENTARIAS

Sesión de cine

ME he venido al Congreso a oír hablar de otras cosas. Me figuraba yo que, w • ahora, cuando todo

el mundo habla de la plaza de Oriente, del secuestro de Javier Rupérez y del silencio del Gobierno, sus

señorías habrían encontrado alguna manera curiosa de cambiar de conversación. Entro y están sonando,

insistentes abejorros metálicos, los timbres que llaman a sesión. Hay correndillas de los señores diputados

por los pasillos. «Hay votación nominal», me informa un presuroso mientras se zambulle en el hemiciclo.

Vaya por Dios, aquí ocurre algo, me digo. Pero lo que ocurre es que los señores diputados tienen que

votar para sustituir a dps secretarios de la Mesa que han presentado la dimisión. Y además ya se sabe

quiénes van a ser elegidos. Desde hace tiempo, en estas Cortes, todo está pactado y bien pactado. Alfred

Hitchcock, aquí, tiene poco que hacer. Hasta los acomodadores te cuentan el final de la película antes de

que empiece. De modo que me voy al bar.

En el bar se habla de lo que´quema. Juan María B and res está sentado al fondo y va recibiendo periodistas

como en un confesonario. Cuando alguien quiere saber algo de Javier Rupérez, se lo pregunta a Band res,

Luis Apostua y Pepe Oneto hablan, en el mostrador, del drama de la plaza de Oriente. Pió Cabañillaa va y

viene como una ardilla lista, a vueltas con el Estatuto gallego. «¿Qué tal va, don Pío?» «Nada, hijo, que

estoy en el obradoiro.» Se habla del frenazo a las autonomías. «Pero, ¿se frena o no se frena?» Unos dicen

que claro que sí, y otros que claro que no. Don Pío Cabanillas lo explica muy bien. Lo que sucede es que

para entenderlo hay que haber nacido por lo menos en Orense. A mí, con don Pío, me pasa algo

maravilloso. Le oigo hablar y me parec« todo lo que dice tan claro, tan claro, que luego, cuando termina,

prefiero ponerme a leer a Heráclito o a Kirkegaard. Pero además, sin traducir,

Subo de nuevo a la tribuna de Prensa. Están llamando a votar a don Javier Rupérez. ¡Atiza, pues que no se

han enterado! Si, sí se han enterado. Son formalidades del Reglamento. Son sarcasmos de la liturgia. Los

señores diputados han elegido a los secretarios que iban a elegir. Algunos bromistas han votado a don

Fernando Abril, o a Carmela García Moreno, tan guapa, tan lista, tan adorable, tan responsable y tan

apostólica, o a don Alfonso Guerra, o al señor Sagaseta. «¿Y quién habrá votado al señor Sagaseta?»

«Pues está claro: et señor Sagaseta.»

Pilar Narvión se enseña un recorte de no sé qué periódico gallego. Allí se explica la rabieta de una zona

de La Coruña llamada Cariño, porque han dado marcha atrás en la concesión de la autonomía. Lo

explicaré mejor. No de la autonomía de Galicia, sino de la autonomía de Cariño. El concejal de la rabieta

expone que, en realidad, ellos no pidieron nada. Fue el alcalde —el alcalde se llama Franco, qué cosas—

quien les prometió la autonomía y «otras cosas por el estilo». Y ahora da marcha atrás. Pues tiene razón el

hombre. Dan ganas de ponerse a pedir la autonomía para Cariño. Hay que pintar una pancarta. «Cariño

autónomo». Voy a regalar una chapita con esa leyenda a las señoras diputadas, a ver si logro que se la

prendan en el traje. Una chapita color naranja, para el traje gris que trae Carmela García Moreno. Otra

amarilla, para el traje azul que trae Soledad Becerril.

Los focos de la televisión iluminan un palco. Es que hay gentes de! cine. José Luis Dibildos, Fernando

Rey, Forqué, esmaltados por guapas del celuloide. Los señores diputados ya han encontrado la manera de

cambiar de conversación. Hoy van a hablar de! cine. Ya sé que lo del cine español es un drama. Es un

drama más. Ojalá los otros dramas nos dejaran hablar con reposo del cine español, de tantas cosas de

España como hay que arreglar. Me contaron que en este asunto del cine español cada partido iba por su

lado. Que a UCD la habían dejado sola, porque el criterio de Fraga coincidía con el criterio de los

socialistas. Por la noche, horas antes del debate, se arregló todo. Hubo pacto, consenso, acuerdo y final

feliz. Los números del tablero electrónico muestran casi la unanimidad. Coalición Democrática vota a

favor de una enmienda socialista. El PSOE vota a favor de una enmienda de Coalición. Don Manuel

Clavero ha explicado la ley. El cine, antes que una Industria, es un hecho cultural. Sí, señor ministro. Por

eso, el cine español merece protección, y no se puede mirar con escrúpulos de liberalización económica.

SÍ, señor ministro. «No hemos caído en la tentación de intentar hacer una ley perfecta.» Ahí si que no,

señor ministro. No hay que exagerar la vocación del Gobierno hada las leyes imperfectas. No se

preocupe, señor ministro. Caiga, de vez en cuando, en esa tentación. Al final, todo sale bien. Don Manuel

Clavero ha hablado poco, cosa que siempre se agradece. Tampoco había nadie a quien tuviera que

convencer. Los demás, en cambio, han hablado bastante. Todos han querido explicar su voto. El socialista

Pedro Bofill ha traído números elocuentes y referencias Ilustradoras de la legislación extranjera en ese

asunto de la protección al cine de cada país. A Pilar Brabo le interesaba dejar claro que ésta es una

medida de defensa contra el imperialismo cinematográfico americano. Ha estado a punto de contar el

disgusto que se habrá llevado Mr. Todman.

O sea, que el cine español va a ser protegido. Aleluya. Y otra vez al bar. Ricardo de la Cierva recibe

felicitaciones por su articulo en la «tercera» de ABC. Me quedo un rato mirando el desfile. Hay

felicitaciones vistosas, ostensibles. Hay otras casi secretas, casi vergonzantes, casi confidenciales. Hablo

un rato con Gabriel Cisneros, el precursor de Rupérez, que siempre tiene alguna cosa inteligente que

decir. Tomar un caté con Gabriel Cisneros descansa mucho de todo esto. Julita Navarro ha asaltado a don

Santiago Carrillo en el pasillo. Cuando paso, el señor Carrillo pronuncia la palabra «ETA». Estará

explicándole a Julita lo de la CIA. A lo mejor le cuenta que se lo ha soplado Gromyko. Don Iñigo Cavero

me dice que se va a oir a Amintore Fanfani. Sol Becerrll ya no lleva los chalecos del Mississipí. Va con el

escote muy cerrado y con una rebeca, a lo Joan Fontaine. Se lo habrá puesto para hablar de cine. Cruza,

diligente, Rodrigo Royo, que ha traído al Congreso el último bigote decimonónico. Jesús Sancho

cuchichea con Pío Cabanillas: jeroglífico galaico.

Volveré mañana por aquí. Mañana van a hablar de los suplicatorios de Monzón y de Letamendía. Pues

no. Ya no hablan. Eso (o dejan para más tarde. Para cuando escampe. Ya han encontrado, también para

mañana, la manera de cambiar de conversación,—Jaime CAMPMANY.

 

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