Autor: Dávila, Carlos. 
 Su decisión, al parecer, es definitiva. 
 Adolfo Suárez abandona UCD     
 
 ABC.    18/11/1981.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

MIÉRCOLES 18-11-81

NACIONAL

Su decisión, al parecer, es definitiva

Adolfo Suárez abandona UCD

MADRID (Carlos Dávila).

Adolfo Suárez, ex presidente del Gobierno y actual presidente honorario del partido, abandona UCD. Su

determinación personal está tomada, sólo falta, quizá, que se cumpla el trámite, más protocolario que

político, del nombramiento de Calvo-Sotelo en el Consejo Político del sábado para que el hombre que

fundó el partido, que ha ganado las elecciones y ha sido pieza clave en la transición, devuelva el carne de

militante centrista. Suárez ha considerado pros y contras y, solo se ha decidido.

La situación política y personal del ex jefe del Ejecutivo no es envidiable. La larga crisis de UCD, que él

ha definido en alguna ocasión como la «irreversible agonía», le ha inducido ahora a dejar un proyecto

político que, definitivamente, no comparte. Los pasados días fían sido para él decisorios. Sus relaciones

personales con los demás líderes de UCD son, en este momento, pésimas. Durante muchas fechas ha

pretendido mantenerse al margen del centro critico del conflicto, pero ha participado —o le han hecho

participar— en casi todas las discusiones importantes que han terminado con el mandato de Rodríguez

Sahagún, un hombre que él propulsó como el más adecuado para no interferir demasiado desde el partido

en la gobernación del país.

Se han empezado a conocer ya algunos detalles importantes de la negociación amplísima que culminó

minutos antes del Comité Ejecutivo de UCD, cuando Calvo-Sotelo y Sahagún ligaban a un acuerdo para

presentar un documento conjunto, ambiguo y nada comprometido, que era, sin embargo, el único

entendimiento al que habían llegado las partes en confrontación después de muchas horas de debate. Se

sabe, por ejemplo, que existió un punto de conformidad en los primeros días de la crisis, cuando el propio

Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo-Sotelo y Landelino Lavilla, en una cena que se celebró en el domicilio

particular del presidente del Congreso, llegaron a un consenso prendido en alfileres para resolver el

conflicto.

En síntesis, Suárez se brindó para convencer a Rodríguez Sahagún que aquél ya no era su momento», al

tiempo que aceptaba, como contrapartida, la designación de un Secretariado de integración, en el que

debían estar todos los «notables» de UCD, un Secretariado de prestigio, según palabras de Calvo-Sotelo,

que brindara una nueva imagen al partido y que intentara solventar los numerosos problemas globales y

puntuales que tiene planteados UCD. La única condición que puso el ex presidente Suárez es que él no

estuviera en este Secretariado y que se incluyeran otros nombres, como el del actual ministro de

Administración Territorial, Rodolfo Martín Villa, y un representante del sector liberal de UCD,

concretamente, Ignacio Camuñas.

SUÁREZ PROPONE UN CONGRESO

¿Por qué fracasó este compromiso? Existen diversas versiones, pero la más segura parece culpar al

portavoz de Presidencia del Gobierno, que aquella misma noche anunció el propósito de Calvo-Sotelo de

asumir la presidencia de UCD, de que aquella operación, cuidadosa, montada y avalada por los

principales líderes de UCD, quedara en simple agua de borrajas. Rodríguez Sahagún, que había conocido

estas declaraciones por una emisora de radio, llamó inmediatamente a Suárez y le aseguró que en aquellas

«condiciones de indignidad él no estaba dispuesto a cesar en un puesto para el que había sido elegido

democráticamente en el Congreso de Palma.

El fracaso de esta última posibilidad de acuerdo fue con toda seguridad el detonarte de la decisión

personal que ahora ha torrado Suárez. Alguna de las preguntas que ha planteado a los muchísimos

visitantes que se acercan estos días a! despacho profesional de Antonio Maura son, en este sentido,

significativas. Por ejemplo: ¿Para qué se monta aquél «paripé» en una cena si la destitución de Sahagún

ya estaba pensada desde fuera? Y, ¿por qué se ha elegido un procedimiento «antiestatutario» y

«antidemocrático» para cortar la cabeza a un presidente amparado en la legalidad? De este cariz son

todas. La opinión de Adolfo Suárez es que no existían las condiciones precisas y «elegantes» —el término

parece ser muy querido por el ex presidente del Gobierno— para destruir a un Rodríguez Sahagún. Suárez

patrocinó hasta el último momento la idea de un Congreso extraordinario y sugirió que él persuadiría a

Sahagún de que ni siquiera se presentara a la reelección. A un político de UCD, cercano a Martín Villa,

que estuvo en su despacho la semana pasada, le dijo: «Y, desde luego, yo tampoco me presentaría».

Es curioso sin embargo recordar que el grupo suarista rechazó de plano el planteamiento de un Congreso

extraordinario cuando Osear Alzaga habló por primera vez de esta posibilidad en unas declaraciones que

fueron enviadas al Comité de Disciplina de UCD. Suárez suele asegurar que él nunca estuvo disconforme

con tal planteamiento, aunque sí en su forma de presentación. El hubiera apoyado un Congreso

extraordinario realizado muy rápidamente en el que, en un simple fin de semana, se hubiera culminado la

«operación recambio».

No obstante, este programa —esbozado por Suárez en múltiples reuniones— contradice abiertamente los

proyectos que algunos de sus más cercanos colaboradores apoyaron en las negociaciones mantenidas

hasta última hora, fundamentalmente, con cuatro ministros actuales: José Pedro Pérez-Llorca, Pío

Cabanillas, Rodolfo Martín Villa y Juan José Rosón, cuatro miembros del «sanedrín» leopoldista, tres de

los cuales se acercaron en dos ocasiones hasta el despacho profesional de Suárez para conseguir su

mediación en el cese de Sahagún.

POLITICAMENTE, FUERA DE UCD

Lo cierto es que las diferencias de Suárez y de políticos tan próximos a él como Fernando Abril y Rafael

Arias han aumentado sensiblemente en los últimos días. Dos han sido las causas de este distanciamiento:

por una parte, la disputa, cordial y política, pero disputa al fin, que Suárez y su ex vicepresidente para

Asuntos Económicos, tuvieron, a raíz del Comité Ejecutivo de UCD en que se planteó la autorización de

los canales privados de televisión. Suárez opinó entonces que el proyecto presentado por el recién

nombrado ministro dé lá Presidencia, Rodríguez Iniciarte, era más que,, impresentable, vergonzoso y

defendió la vía del proyecto de ley ; .parlamentaria para autorizar el funcionamiento de las cadenas.

Fernando Abril se opuso frontalmente y Adolfo Suárez se quedó prácticamente sólo al lado de los

«emigrantes» socialdemócratas, que ya para entonces —diga lo que diga Fernández Ordóñez— habían

decidido su salida de UCD. Al margen de este incidente y de las pretensiones de Rafael Arias Salgado de

volver al Gobierno (Leopoldo Calvo-Sotelo le ofreció formalmente en septiembre la cartera de Trabajo,

 

< Volver